La acción de Rocket Lab sufrió el jueves su peor jornada en meses al dejarse un 11,4% y cerrar en 59,10 euros, un nivel que no se veía desde marzo. El correctivo deja al título un 55,8% por debajo del récord de 133,80 euros alcanzado el 27 de mayo y lo sitúa en terreno técnicamente sobrevendido: el RSI de 14 sesiones se hundió hasta 29,6, mientras que la cotización se separa un 37,5% de su media móvil de 50 días. La capitalización bursátil se contrajo hasta los 44.360 millones de euros, muy lejos de los máximos de la primavera.

El detonante inmediato fue la cobertura iniciada por Piper Sandler, que asignó a Rocket Lab una calificación de neutral y un precio objetivo de 83 dólares, siendo la primera vez que una de las 16 firmas que siguen el valor se aleja del consenso comprador. El analista Alexander Potter justificó su cautela argumentando que la compañía espacial cotiza con una prima excesiva frente a SpaceX y que AST SpaceMobile, a la que otorga un objetivo de 100 dólares con recomendación de sobreponderar, ofrece un camino más claro hacia el EBITDA positivo. No obstante, el castigo no fue exclusivo de Rocket Lab: la emisión de un bono convertible por 1.000 millones de dólares por parte de AST SpaceMobile desató un efecto dominó en el sector, con caídas medias del 10,3% en títulos como Redwire e Intuitive Machines.
En el plano operativo, los avances son innegables. Rocket Lab registró unos ingresos de 200,35 millones de dólares en el primer trimestre, un 63,4% más que un año antes, y su cartera de pedidos se situó en 2.200 millones de dólares. La compañía completó con éxito el test a plena potencia del motor Archimedes para la segunda etapa del cohete Neutron en las instalaciones de la NASA Stennis, y ejecutó la misión VICTUS-HAZE para la Fuerza Espacial de EE.UU., asumiendo por primera vez el rol de contratista principal único. El primer vuelo de Neutron está previsto para finales de 2026, un hito que le permitiría optar a contratos del programa NSSL Phase 3 Lane 1, valorado en hasta 5.600 millones de dólares.
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Sin embargo, el mercado ha centrado su atención en los frentes que ensombrecen la hoja de ruta. La adquisición de Iridium Communications por 8.000 millones de dólares, financiada en parte con un puente de 3.600 millones, ha despertado temores de dilución entre los accionistas. A ello se suman las ventas de los directivos: el consejero delegado, Peter Beck, se desprendió de títulos por valor de 110 millones de dólares mediante un plan 10b5-1, y en los últimos tres meses el conjunto de altos cargos e insiders ha vendido acciones por 362,8 millones de dólares, sin que se haya registrado ninguna compra en el mercado abierto durante medio año. La compañía sigue siendo deficitaria y depende de financiación externa, un punto que Piper Sandler incorporó en su evaluación.
La divergencia entre analistas no podría ser más acusada. Mientras Piper Sandler apuesta por la neutralidad, Morgan Stanley mantiene un precio objetivo de 105 dólares con recomendación de sobreponderar e incluso elevó su escenario alcista a 293 dólares tras el anuncio del acuerdo con Iridium. Citi, Bank of America y Roth fijan objetivos de 100, 110 y 130 dólares respectivamente, y el consenso recogido por TipRanks sitúa la media en 111,40 dólares con una calificación de compra fuerte. En el frente técnico, los chartistas señalan una zona de soporte entre 63,70 y 66,73 dólares que será clave para determinar si la presión vendedora se agota o si el movimiento correctivo se profundiza.
La próxima cita con los inversores será el 6 de agosto, cuando Rocket Lab presente los resultados del segundo trimestre. El mercado espera unos ingresos de 231,79 millones de dólares y una pérdida por acción de 0,07 dólares. En ese escenario, la atención se centrará en si los progresos operativos —el avance de Neutron, la diversificación de clientes institucionales y el crecimiento de la cartera— logran contrarrestar el escepticismo que generan la digestión financiera de Iridium y las constantes salidas de los insiders. La elevada volatilidad del valor convierte cualquier pronóstico a corto en un ejercicio de alto riesgo.
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