La debilidad de los últimos indicadores económicos de Estados Unidos ha devuelto cierto alivio al mercado del oro. El metal precioso cerró la jornada del martes en 4.174,08 dólares por onza troy, lo que supone un avance del 1,3% y pone fin a una racha de pérdidas que había dejado al activo refugio buscando suelo en la zona de los 4.142,74 dólares durante el arranque de la semana.

El detonante de este respiro fue la batería de datos publicados al otro lado del Atlántico. Las ofertas de empleo en Estados Unidos cayeron en agosto hasta los 7,079 millones, frente a los 7,335 millones del mes precedente, mientras que la confianza del consumidor estadounidense retrocedió en septiembre hasta los 81,9 puntos. Un cóctel que enfrió de golpe las expectativas de tipos y devolvió algo de aire a un metal que no genera rendimientos.
El mercado descuenta menos presión monetaria
La reacción en los mercados de tipos fue inmediata. El presidente de la Reserva Federal de Nueva York, John Williams, subrayó que no hay prisa por adoptar nuevos pasos tras la subida de septiembre, unas declaraciones que rebajaron la probabilidad implícita de una nueva subida en octubre desde el entorno del 70% hasta cerca del 50%.
Ese repliegue en las apuestas de endurecimiento monetario fue el principal catalizador del rebote. No obstante, el contexto para el oro sigue siendo incómodo: los rendimientos de los bonos del Tesoro a largo plazo continúan anclados cerca de sus máximos de varios años, un muro que limita cualquier intento de recuperación sostenida.
Peter Grant, analista de Zaner Metals, calificó el repunte de simple rebote técnico en declaraciones recogidas por Reuters, y recordó que los vientos de cara persisten. Apenas una semana antes, los mensajes restrictivos de la Fed habían golpeado con fuerza al metal y desatado una ola de ventas. Desde el máximo de 52 semanas en 5.598,58 dólares, el oro cotiza todavía muy lejos de recuperar ese terreno.
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La banca central, un contrapeso de peso
Frente a la presión de los tipos, la demanda física institucional actúa como red de seguridad. Según el World Gold Council, los bancos centrales de todo el mundo adquirieron 288,9 toneladas de oro en el segundo trimestre de 2026, un 62% más que en el mismo periodo del año anterior. Detrás de estas compras late la intención de muchos responsables monetarios de diversificar sus reservas y protegerse frente a riesgos geopolíticos.
China y Polonia figuran entre los compradores más activos del año, ampliando sus posiciones mes a mes. Este flujo constante de compras oficiales amortigua el desgaste que llega desde los mercados internacionales de deuda.
Objetivos revisados a la baja
El nuevo escenario de tipos ha llevado a varias entidades a moderar sus previsiones durante septiembre. Los analistas justifican este ajuste, sobre todo, por la convicción de que la Reserva Federal no recortará los tipos este año. Aun así, insisten en que la tendencia alcista de fondo se mantiene intacta gracias al sólido respaldo de la demanda oficial. En la actualidad, el oro se sitúa un 26% por debajo de su máximo de 52 semanas de 5.598,58 dólares.
Cita con el PCE y el informe de empleo
El rumbo de las próximas sesiones dependerá en gran medida de las referencias macroeconómicas que están por llegar. Los operadores aguardan con especial atención el índice de precios PCE de Estados Unidos, la medida de inflación preferida por la Reserva Federal, que se publica este miércoles. El viernes será el turno del informe oficial de empleo del Gobierno estadounidense.
A ello se suma la inquietud por los precios de la energía, después de que las cotizaciones del crudo hayan repuntado a causa de las tensiones geopolíticas en Oriente Próximo. Estas cifras determinarán si el banco central mantiene su sesgo restrictivo. Si la presión sobre los precios se modera, el oro podría encontrar más margen de maniobra; si los datos de empleo e inflación sorprenden al alza, las expectativas de nuevos ajustes volverán a tomar fuerza con rapidez.
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