La maquinaria comercial de BYD no da señales de agotamiento. El Sealion 08, el SUV insignia de la marca, acumuló más de 12.000 pedidos en las primeras 24 horas desde la apertura de su libro de reservas el pasado 2 de septiembre, según cifras de la propia compañía. El dato llega en un momento en que el fabricante chino combina un empuje exportador histórico con una revisión a la baja de algunos planes industriales y un castigo persistente en el parqué.

Indonesia y Filipinas sostienen el relato expansivo
El aterrizaje del nuevo modelo coincide con la puesta en marcha de una planta en Subang, al oeste de Java, valorada en unos 16 billones de rupias. En ese mismo acto, BYD entregó su vehículo número 100.000 a un cliente indonesio, un hito que refuerza la apuesta del grupo por el sudeste asiático como región prioritaria.
La tendencia se replica en el archipiélago filipino. BYD Cars Philippines, filial de ACMobility —perteneciente al grupo Ayala—, despachó 28.399 unidades entre enero y agosto de 2026, lo que supone un salto del 99% frente al mismo tramo del ejercicio anterior. La cifra supera por sí sola todo lo colocado durante 2025.
Detrás de estos números hay una palanca clara: el negocio exterior. En agosto, las ventas foráneas escalaron un 134,5% hasta 189.466 unidades, según los cálculos de Reuters basados en datos corporativos, mientras que el volumen global avanzó un 17,8% hasta 440.293 vehículos. El motor doméstico, en cambio, ya no tira con la misma fuerza, y eso explica por qué cada nuevo mercado y cada socio local adquieren peso estratégico.
Del anuncio a la rectificación: el giro en Malasia
No todo avanza en línea recta. La compañía confirmó que el proyecto de ensamblaje anunciado en agosto de 2025 en Tanjong Malim, Malasia, finalmente no se levantará. La idea original contemplaba arrancar la producción allí ya en 2026.
Jacob Ma, responsable de BYD en el país asiático, señaló que la empresa negocia ahora con un socio CKD local consolidado para el montaje in situ, aunque no desveló identidad, ubicación, gama de modelos ni fecha de inicio. Los rumores apuntan a la factoría de Inokom, propiedad de Sime Motors, en Kulim, si bien ninguna de las partes lo ha ratificado.
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El movimiento encaja con una estrategia industrial flexible, más dispuesta a reconfigurar planes que a aferrarse a una hoja de ruta rígida. En Brasil, por contraste, la planta de Bahía ya da empleo directo a 5.500 personas y persigue un contenido local superior al 50% de cara a 2027.
La batería sólida como apuesta de largo plazo
En paralelo a la expansión geográfica, BYD alimenta su relato tecnológico. Stella Li, directiva del grupo, anunció en una entrevista concedida en Valencia que la firma prevé presentar en 2027 su primer vehículo equipado con una batería de estado sólido de desarrollo propio. FinDreams, la filial responsable, trabaja con un electrolito sólido de sulfuro denominado LPSC; las celdas prototipo, de 20 y 60 amperios-hora, aspiran a alcanzar unos 400 vatios-hora por kilogramo.
Sun Huajun, responsable técnico de FinDreams, cifró en torno a un millar los vehículos de prueba previstos a partir de 2027, con la producción en serie fijada hacia 2030. Los primeros usos recaerían sobre las marcas premium Yangwang y Denza. Lian Yubo, portavoz de BYD, anticipa que la tecnología sólida y las baterías convencionales de litio convivirán entre 15 y 20 años.
La carrera por la próxima generación de acumuladores es global: Toyota e Idemitsu manejan un calendario de 2027/28 y Samsung SDI apunta a 2027. La densidad energética superior promete mejorar a la vez autonomía y seguridad, lo que convierte este frente en uno de los grandes factores de diferenciación del mercado eléctrico. Para el inversor, eso sí, el horizonte importa: hasta la madurez comercial en torno a 2030, el anuncio funciona como señal estratégica, no como catalizador de ingresos a corto plazo.
El frente político añade ruido
A la ecuación se suma la variable geopolítica. Donald Trump, presidente de Estados Unidos, dejó entrever antes de su previsto encuentro con Xi Jinping a finales de septiembre que los fabricantes chinos podrían recibir luz verde para producir en suelo estadounidense, aunque descartó la importación de vehículos terminados. La propuesta choca con el rechazo de los constructores locales y de varios legisladores, y quedan por definir límites de propiedad, aranceles y reglas sobre datos.
Un parqué que no acompaña
La respuesta del mercado dista mucho del entusiasmo comercial. La acción de BYD cotizaba en la sesión previa a 8,90 euros, lo que la sitúa alrededor de un 29% por debajo de su máximo de 52 semanas, los 12,49 euros marcados el 2 de octubre. En lo que va de año acumula un descenso del 17%. El viernes, el título cerró a 8,81 euros tras sumar un 1,2% en la jornada, pero el balance semanal arroja una caída del 6,2% y la pérdida anual roza el 18%. El precio queda claramente por debajo de su media móvil de 50 días, fijada en 9,78 euros, señal de una tendencia corta todavía frágil.
El RSI, en 33,7, dibuja una situación de sobreventa que podría favorecer un rebote técnico. Los interrogantes de fondo —acceso a mercados, reordenación de plantas y competencia global— seguirán marcando la agenda del inversor, que ahora espera ver si el aluvión de pedidos y el tirón exportador terminan trasladándose a las cuentas trimestrales.
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