La acción de Rocket Lab cerró el viernes en 54,50 euros tras anotarse un avance intradía del 2,1%. El dato, leído en aislamiento, invita al optimismo. Contrastado con la evolución mensual, obliga a rebajar el entusiasmo: el valor acumula una caída del 23% en el último mes y cotiza muy por debajo de su media móvil de 50 días, situada en 62,17 euros. La brecha respecto al máximo de 52 semanas —133,80 euros, alcanzado a finales de mayo— ronda el 59%-60%, y un RSI de 37,8 confirma que la presión vendedora ha dominado las últimas semanas.

Sin embargo, bajo esa superficie fría se mueven piezas que dibujan un escenario bastante más matizado. Los resultados del segundo trimestre arrojaron una facturación de 234,1 millones de dólares, un 62% más que en el mismo periodo del año anterior, y la cartera de pedidos escaló hasta un récord de 2.360 millones. Para el tercer trimestre, la compañía proyecta ingresos de entre 250 y 265 millones, con un margen bruto GAAP del 29% al 31% y un EBITDA ajustado negativo de entre 17 y 23 millones. No hay beneficio contable, pero sí una trayectoria de crecimiento que sostiene las valoraciones ambiciosas.
El respaldo institucional llega en plena corrección
Cathie Wood y su equipo en ARK Investment Management han movido ficha justo cuando el mercado castigaba el valor. A comienzos de septiembre, la gestora incrementó su participación a través de tres ETFs con la compra de aproximadamente 681.000 acciones en dos jornadas, un desembolso superior a 44 millones de dólares. Se trata de la mayor acumulación declarada del fondo en ese intervalo. La lectura que hacen desde ARK es clara: la tesis de largo plazo permanece intacta y la debilidad actual representa una ventana de entrada, no una señal de alarma.
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La otra cara de la moneda la protagonizan los directivos. El director financiero, Adam C. Spice, vendió a principios de septiembre 140.157 títulos a un precio medio ponderado de 62,63 dólares, lo que equivale a unos 8,8 millones. El director de operaciones, Frank Klein, y el consejero general, Arjun Kampani, también se desprendieron de posiciones a finales de agosto, en volúmenes de cinco cifras medias. Todos los movimientos se ejecutaron bajo planes Rule 10b5-1 previamente establecidos —el de Spice se remonta a junio—, por lo que responden a una gestión programada de cartera y no a una reacción improvisada ante el deterioro del negocio.
La comunidad analista apunta muy por encima del precio actual
Raymond James inauguró cobertura el viernes con una recomendación de "Outperform" y un objetivo de 80 dólares. El analista Brian Gesuale identifica en el cohete Neutron y en la expansión prevista hacia Iridium y Mynaric los principales motores de crecimiento, aunque no oculta los riesgos asociados a la ejecución, la integración de activos y la evolución de los márgenes. Días antes, Berenberg había arrancado con un "Buy" y un precio objetivo de 83 dólares, subrayando la reducción de los costes de lanzamiento, un mercado espacial que superará el billón de dólares en 2030 y una integración vertical difícil de replicar. Bank of America, por su parte, recortó su objetivo de 115 a 110 dólares, pero mantuvo la recomendación de compra. Los tres niveles se sitúan muy por encima de la cotización actual, lo que ahonda en la distancia entre la valoración de los expertos y el castigo bursátil.
Iridium, el nudo que atenaza al valor
El verdadero lastre para el título no parece residir en la operativa, sino en la operación pendiente de adquisición de Iridium, valorada en 8.000 millones de dólares. El próximo 24 de septiembre está convocada una votación de los accionistas de Iridium sobre la transacción. A la incertidumbre propia de cualquier aprobación se sumó a finales de agosto una ofensiva de SpaceX, que instó a la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) a examinar con lupa la conducta de Iridium durante el proceso de revisión. La compañía de Elon Musk aludió a una "historia bien documentada de ataques anticompetitivos" por parte de Iridium, un argumento que podría retrasar la luz verde sin que ello implique necesariamente el fracaso del acuerdo.
Con ese telón de fondo, el mercado parece haber optado por la prudencia. La combinación de compras institucionales, informes favorables con amplio recorrido al alza y un plan operativo sólido choca con la incertidumbre regulatoria y con el goteo de desinversiones directivas, aunque estas últimas sean puramente rutinarias. Hasta que se despeje la votación de finales de septiembre, es probable que el precio siga atrapado en esa tensión, con el avance de Neutron como principal referencia para medir si la fortaleza del negocio termina por trasladarse al parqué.
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