El Reino Unido se ha convertido en el primer país fuera de Estados Unidos que reconoce públicamente su uso de los servicios satelitales de SpaceX con fines militares y de inteligencia. Según Reuters, Londres ha desembolsado cerca de 40 millones de dólares en servicios Starshield, la variante militar de la constelación Starlink. La revelación llegó a través de una solicitud de acceso a la información pública, lo que deja al descubierto el grado de integración de un Estado aliado en la infraestructura de la empresa de Elon Musk.

Para SpaceX, el dato confirma su transformación desde un operador de lanzaderas y satélites hacia un proveedor indispensable en el ámbito de la seguridad nacional. Starshield cubre precisamente el segmento en el que los gobiernos optan cada vez más por contratar a actores comerciales en lugar de desarrollar programas propios. Que sea Londres quien haya confirmado esa dependencia por primera vez alimenta el debate sobre la concentración de infraestructura crítica en manos de una sola compañía privada.
Defensa con sello internacional
La divulgación coincide con una jornada intensa en el negocio militar de SpaceX. Ese mismo día, la compañía lanzó la misión clasificada USSF-153 para la Fuerza Espacial de Estados Unidos desde la Base de la Fuerza Espacial de Vandenberg, en California. La primera etapa del Falcon 9 aterrizó sin contratiempos sobre una plataforma no tripulada en el Pacífico. Misiones de este tipo ya forman parte de la rutina operativa de la empresa, pero el contrato británico de Starshield evidencia que su base de clientes institucionales se está internacionalizando.
A ese negocio castrense se suma la presión geopolítica que condiciona los movimientos de SpaceX. Reuters informó de que la administración Trump presionó a las empresas aeroespaciales estadounidenses para que no asistieran a una cumbre espacial celebrada en París. La compañía de Musk se retiró del evento junto a otras firmas del país. La secuencia ilustra que, pese a su cartera global de clientes, SpaceX sigue atada a la línea diplomática de Washington, una tensión que probablemente se agrave a medida que crece su entramado internacional, como demuestra el caso británico.
Starlink mantiene un ritmo de lanzamientos sin tregua
Al margen de los contratos militares, el programa civil de Starlink avanza a velocidad de crucero. A comienzos de septiembre, SpaceX desplegó 27 satélites Starlink V2 Mini desde Vandenberg, en lo que supuso el lanzamiento orbital número 104 de la compañía en lo que va de año. Pocos días después, con la misión Starlink 15-24, llegó el octogésimo despegue dedicado a Starlink del ejercicio, también con 27 unidades a bordo. Semejante cadencia confirma que la red de conectividad se ha convertido en la columna vertebral operativa del grupo.
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Habrá cambios estructurales en esa dinámica. Kiko Dontchev, vicepresidente de operaciones de lanzamiento de SpaceX, anunció que las misiones de Starlink que parten desde Florida pasarán a volar en Starship en lugar del Falcon 9. La decisión llega después de los ensayos de encendido estático de la nave Ship 41 y el propulsor Booster 21, que allanan el camino para el vuelo 14 del Starship, cuya fecha sigue fijada, como muy pronto, para el 15 de septiembre.
De los cohetes a los centros de datos
En la conferencia Communacopia + Technology de Goldman Sachs, SpaceX esbozó ambiciones que trascienden el negocio tradicional de cohetes y satélites. La empresa mencionó un objetivo de entre 5 y 10 gigavatios de capacidad de cómputo terrestre, así como un calendario para los primeros satélites de computación orbital que debería escalar hasta 2028. Esta diversificación hacia la infraestructura de inteligencia artificial complementa su actividad aeroespacial clásica y apunta a influir en la valoración de la compañía a largo plazo.
La compañía también destacó un reciente acuerdo de alojamiento que, a partir del 1 de diciembre, generará ingresos recurrentes mensuales de aproximadamente 1.110 millones de dólares, lo que equivale a unos 13.000 millones de dólares anuales de facturación adicional. Ese giro hacia la capacidad de centros de datos ayuda a explicar el renovado interés de los analistas.
Pivotal Research inició la cobertura de SpaceX a comienzos de septiembre con una recomendación de compra y un precio objetivo de 220 dólares para finales de 2027, según CNBC. Sus analistas vinculan la valoración de la empresa sobre todo a la reutilización del cohete Starship, un punto que cobra especial relevancia ante los próximos vuelos de prueba. Por su parte, Timothy Horan, analista de Oppenheimer, reiteró el jueves de la semana pasada su consejo de compra y elevó el precio objetivo de 250 a 280 dólares, argumentando que SpaceX se beneficia de la actual escasez de capacidad de cómputo.
El mercado respalda la historia de crecimiento
La acción cerró el viernes en 130,32 euros, con un avance del 2,1% en la jornada. En la semana acumula una subida del 2,3% y en 30 días del 3,0%. El valor cotiza alrededor de un 11% por encima de su media móvil de 50 días, aunque todavía se encuentra un tercio por debajo del máximo de 52 semanas de 194,46 euros alcanzado en junio. Respecto al mínimo anual de 91,04 euros, la brecha se ha ampliado de forma notable.
La confluencia de relevancia geopolítica, expansión del negocio militar y entrada en la infraestructura de IA ofrece a los inversores varios relatos de crecimiento simultáneos, lo que explica el creciente apetito por el valor. El éxito de esas narrativas dependerá, en buena medida, del progreso técnico del Starship.
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