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Acciones

Rocket Lab: los 83 dólares de Berenberg chocan con la sombra alargada de Neutron

La acción de Rocket Lab cotiza este lunes en 53,10 euros, un 2,6% por debajo del cierre del viernes, y acumula un descenso cercano al 21% en los últimos 30 días. Sin embargo, la empresa con sede en Long Beach no ha dejado de encadenar hitos operativos. Esa brecha entre lo que la compañía ejecuta y lo que el mercado le reconoce se ha convertido en el rasgo definitorio del valor.

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El viernes, la firma llevó a cabo la misión "Happily Ever Faster", con la que puso en órbita su decimosexto lanzamiento de Electron en lo que va de 2026 —el número 95 de su historia— desde el complejo de lanzamiento 1 en Nueva Zelanda. A bordo viajaba un satélite de observación terrestre de un cliente no identificado, situado en una órbita circular a 500 kilómetros de altura. La compañía ya ha anunciado que intentará un nuevo despegue antes de que termine el mes.

Esa cadencia, superior a una misión mensual, se apoya en una secuencia reciente de éxitos. El 2 de septiembre, con "Owl Around the World", completó su misión número 94, colocando en órbita baja un satélite StriX del socio japonés Synspective. Pocos días después, el 8 de septiembre, presentó IMM Apex, una célula solar de alta eficiencia y libre de germanio destinada a aplicaciones satelitales y espaciales, diseñada para reducir la dependencia de minerales críticos. Según los medios, el anuncio impulsó el precio antes de la apertura del mercado, señal de que los inversores siguen de cerca la diversificación de ingresos más allá de los cohetes.

Índice de Contenidos
  1. Cifras del segundo trimestre y un libro de pedidos récord
  2. Neutron, la variable que lo condiciona todo
  3. Berenberg y ARK reman en dirección contraria
  4. El gráfico refleja la impaciencia del mercado

Cifras del segundo trimestre y un libro de pedidos récord

En la presentación de resultados del segundo trimestre de 2026, el 10 de agosto, Rocket Lab reportó unos ingresos de 234,07 millones de dólares y un beneficio ajustado por acción de menos 0,08 dólares. Para el tercer trimestre, la dirección proyectó una facturación de entre 250 y 265 millones, con un margen bruto GAAP del 29% al 31%. La compañía también destacó un volumen de pedidos sin precedentes, evidencia de que la demanda de lanzadores y componentes de satélite no se agota, incluso cuando algunos trimestres siguen marcados por pérdidas.

Esa es la ambivalencia con la que conviven los inversores en el sector espacial emergente: el crecimiento se financia hoy y la rentabilidad llega después.

Neutron, la variable que lo condiciona todo

El verdadero lastre para la valoración sigue siendo el programa Neutron. Un fallo en la prueba de tanque de la primera etapa ya había retrasado el vuelo inaugural del nuevo cohete al cuarto trimestre de 2026, y la dirección calificó recientemente esa ventana temporal como "cada vez más ajustada". La compañía confirmó que el siguiente hito —la entrega a la rampa de lanzamiento— está previsto para ese mismo trimestre, pero el primer vuelo no tiene fecha fija. Esa espera es la que inquieta a los inversores: Neutron es el cohete llamado a transformar a Rocket Lab de proveedor de satélites pequeños en competidor serio para cargas mayores.

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Berenberg y ARK reman en dirección contraria

Frente a ese panorama, Berenberg adoptó una postura opuesta. El 9 de septiembre inició la cobertura de Rocket Lab con una recomendación de compra y un precio objetivo de 83 dólares, argumentando el potencial del mercado espacial global, que podría superar el billón de dólares en 2030. En paralelo, ARK Investment Management incrementó su posición en unas 681.000 acciones en apenas dos días, lo que sugiere que parte del dinero institucional interpreta la debilidad reciente como una oportunidad de entrada.

No todos los movimientos apuntan en la misma dirección. El director financiero, Adam C. Spice, vendió el 2 de septiembre cerca de 140.157 acciones por un valor de 8,78 millones de dólares, quedándose con aproximadamente 1,41 millones de títulos. Otra fuente sitúa la operación el 4 de septiembre, cuando ejerció opciones sobre 140.157 acciones a 1,09 dólares y las revendió ese mismo día a precios medios ponderados de 62,26 y 62,97 dólares. Este tipo de ejercicios son rutina entre directivos estadounidenses y no admiten una lectura automática en clave de confianza, aunque la magnitud de la transacción coincide con una fase de presión vendedora sobre el valor.

El gráfico refleja la impaciencia del mercado

Desde mediados de junio hasta el 10 de septiembre, el título perdió cerca del 39%, mientras el S&P 500 avanzaba un 2,4% en el mismo periodo. Esa divergencia apunta a factores de carga específicos de la compañía, no a un entorno de mercado adverso. En lo que va de año, el saldo es de un descenso del 11%.

La lectura técnica tampoco invita al optimismo: la acción cotiza un 14% por debajo de su media móvil de 50 días y un 25% por debajo de la de 200 días, situada en 70,34 euros. El índice de fuerza relativa se sitúa en 37,8, terreno de sobreventa. Con todo, el precio aún se mantiene un 63% por encima del mínimo de 52 semanas de 32,60 euros, lo que indica que la recuperación desde el suelo de noviembre no se ha diluido del todo. La distancia hasta el máximo anual de 133,80 euros es del 59%.

El viernes, la acción subió un 2,1% y cerró en 54,50 euros, un respiro dentro de una tendencia que sigue cuesta abajo.

Para el inversor, el cuadro es intrínsecamente contradictorio: un negocio operativo sólido, con lanzamientos regulares y nueva tecnología, se enfrenta a la incertidumbre sobre el calendario de Neutron y a la venta de títulos del CFO. La apuesta de Berenberg y el refuerzo de ARK indican que, al menos para una parte del capital institucional, el castigo bursátil ha ido demasiado lejos.

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Miguel Ángel Torres Díaz

Sobre el autor

Miguel Ángel Torres Díaz

Periodista de tecnología especializado en videojuegos, realidad virtual y tendencias de consumo digital. Más de 10 años cubriendo la industria tecnológica española.

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