La aparente contradicción que atraviesa Rocket Lab estos días no admite atajos: la empresa encadena misiones con una regularidad casi industrial mientras su acción acumula semanas de retroceso. El viernes, la compañía cerró su decimosexta misión Electron del año y colocó en órbita un satélite de observación terrestre para un cliente no identificado, en una trayectoria circular a 500 kilómetros de altura. Se trata ya del nonagésimo quinto lanzamiento Electron en la historia de la firma, una cifra que retrata la madurez operativa del fabricante aeroespacial.

El mercado reaccionó con moderación: el título avanzó un 2,1% hasta los 54,50 euros. Un repunte escaso si se compara con el desplome del 23% registrado en los últimos treinta días, que ha dejado la cotización claramente por debajo de sus medias móviles y con un RSI de 37,8, en zona técnicamente frágil.
Raymond James irrumpe con una apuesta constructiva
Ese mismo viernes, Raymond James inauguró su cobertura sobre Rocket Lab con una recomendación de "Outperform" y un precio objetivo de 80 dólares por acción. El analista Brian Gesuale define a la compañía como una plataforma espacial verticalmente integrada, con capacidades que abarcan desde los vehículos de lanzamiento hasta las naves, los componentes, las cargas útiles y las comunicaciones ópticas. En su tesis, la futura Neutron y los proyectos vinculados a Iridium deberían abrir a la empresa nuevas vías de negocio en el segmento de carga media y en aplicaciones de espectro a partir de 2027.
El experto no oculta los obstáculos. Señala que los márgenes brutos que descuenta el consenso resultan ambiciosos y que la transición de Neutron desde la fase de desarrollo hasta su comercialización exigirá un esfuerzo de ejecución considerable. A ello suma el riesgo de integración derivado de las adquisiciones de Iridium y Mynaric.
El ritmo de lanzamientos como argumento silencioso
Nueve días antes del último despegue, el 2 de septiembre, Rocket Lab había completado su misión número 94 y situado el satélite japonés de observación terrestre StriX, operado por Synspective, en una órbita baja de 575 kilómetros. Con este socio, la empresa ya tiene reservadas dieciséis misiones adicionales hasta 2030. Para quien mira la cadencia operativa, el diagnóstico es el de una compañía en pleno ritmo, no el de una firma en crisis. El siguiente lanzamiento para otro operador de constelaciones comerciales ya está anunciado para antes de que termine el mes.
Neutron, el verdadero nudo de la narrativa
Electron funciona como caballo de batalla fiable, pero el gran relato de crecimiento pende de Neutron, la lanzadera de mayor tamaño llamada a catapultar a Rocket Lab a otra categoría. En la actualización del segundo trimestre, presentada a comienzos de agosto, la dirección indicó que la fabricación del primer segmento del tanque avanzaba según lo previsto y que el objetivo era que Neutron llegara a la rampa de lanzamiento en el cuarto trimestre de 2026. No se concretó ninguna fecha de despegue, y esa indefinición alimenta cualquier oleada de ventas en cuanto surge una mala noticia sectorial que, en realidad, afecta a un competidor.
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Un ejemplo ilustrativo: a comienzos de septiembre, la NASA adjudicó a Blue Origin el contrato para la red de telecomunicaciones de Marte. Según reportes de prensa, la decisión se vinculó con la debilidad del precio de Rocket Lab y con el estado de ánimo en torno al programa Neutron, pese a que no se trataba de un contrato de la compañía. La reacción evidencia la hipersensibilidad del mercado a todo lo que roce a la próxima generación de cohetes.
Energía solar y minerales críticos
En paralelo, Rocket Lab trabaja en la cadena de suministro del futuro. El 8 de septiembre presentó la IMM Apex, una célula solar de alto rendimiento para aplicaciones espaciales que prescinde del germanio y que busca elevar la eficiencia al tiempo que reduce el peso y la dependencia de minerales críticos escasos. No es un titular capaz de mover la cotización en una sola jornada, pero sí una pieza de trabajo estructural orientada a aligerar la estructura de costes en el ámbito de la energía aeroespacial.
Ventas de directivos dentro de planes automatizados
Junto a los anuncios operativos, varias transacciones de directivos han llamado la atención. El director financiero, Adam Spice, se desprendió el 2 de septiembre de unas 140.000 acciones en el marco de un plan de negociación automatizado establecido en junio, vinculado al ejercicio de opciones correspondientes. Ya el 24 de agosto había vendido cerca de 9.700 títulos como parte de una retención fiscal sobre RSU que alcanzaban su periodo de consolidación. Por su parte, el director de operaciones, Frank Klein, se deshizo el 27 de agosto de algo más de 35.500 acciones, también a través de un plan de trading configurado en 2025. Este tipo de operaciones programadas se consideran gestión ordinaria de cartera más que una señal sobre la marcha del negocio, máxime cuando ambos ejecutivos conservan participaciones sustanciales.
Cartera de pedidos como red de seguridad
Dos grandes contratos públicos sostienen la base operativa. A comienzos de agosto, la Fuerza Espacial de Estados Unidos adjudicó a Rocket Lab un pedido de 397 millones de dólares en el marco del programa SB-AMTI, para el que la empresa desarrollará los denominados Flatellites y los lanzará con la futura Neutron. A finales de julio se había sumado un contrato de lanzamientos múltiples por 266 millones de dólares, que contempla hasta dieciocho despegues suborbitales.
Para el tercer trimestre de 2026, la compañía prevé ingresos de entre 250 y 265 millones de dólares, con un resultado operativo negativo en términos de EBITDA de entre 17 y 23 millones. La combinación de una cartera de pedidos en expansión con pérdidas operativas persistentes sigue siendo el principal punto de tensión para el inversor.
En el conjunto del año, el título aún conserva una revalorización del 32%, lo que indica que la tendencia de fondo no se ha quebrado, aunque las últimas semanas han pasado factura. La pregunta que sobrevuela los próximos meses no es si Electron seguirá volando con regularidad —lo hace—, sino si Neutron llegará puntual a la rampa y si el mercado tendrá la paciencia suficiente para distinguir los logros operativos de la nerviosidad que recorre a todo el sector.
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