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Palantir: el pulso por el control de los modelos de IA que define su próxima etapa

La verdadera prueba de fuego para Palantir no está en la próxima cifra trimestral, sino en una negociación que apenas ha trascendido a la opinión pública. Según informó Reuters el domingo, la compañía estudia junto a Nvidia y Booz Allen Hamilton la posibilidad de restringir o incluso cortar por completo el acceso a modelos avanzados de inteligencia artificial si Anthropic y OpenAI no ofrecen garantías contra el uso indebido de propiedad intelectual. El asunto toca el corazón del negocio: Palantir se vende como el puente entre los modelos fundacionales y las aplicaciones críticas de seguridad en defensa, sanidad e infraestructuras esenciales.

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La incógnita que de verdad importa a los inversores no es cuánto facturará la empresa el próximo trimestre, sino quién controla la cadena de suministro de esos modelos. Si Palantir logra imponer sus condiciones a Anthropic y OpenAI, o si es capaz de integrar alternativas, su posición como plataforma neutral orientada al cliente queda intacta. Si la negociación descarrila, los clientes gubernamentales y de defensa podrían empezar a dudar sobre la soberanía de sus datos más sensibles, justo el tipo de confianza sobre la que se sostiene todo el modelo de negocio. La magnitud del envite quedó patente en AIPCon 11, donde se subrayó que la IA corporativa está migrando de los proyectos piloto a la producción real: cuanto más penetran estos modelos en cadenas de suministro, sistemas de seguridad e investigación farmacéutica, mayor peso adquiere la cuestión de la propiedad intelectual.

Índice de Contenidos
  1. La otra cara: cifras que alimentan al optimismo
  2. Karp y la batalla por el relato
  3. Una valoración que ya es cuestión de fe

La otra cara: cifras que alimentan al optimismo

Mientras se dirime ese pulso, los números del segundo trimestre siguen dando munición a los alcistas. Los ingresos crecieron un 93% hasta 1.940 millones de dólares, y el negocio comercial estadounidense se disparó un 149%. El margen operativo GAAP se situó en el 47%, una cifra poco habitual para una firma de software de este tamaño. La compañía elevó su previsión anual hasta un rango de 8.150 a 8.160 millones de dólares, lo que equivaldría a un crecimiento del 82%.

Esa inercia ha provocado al menos tres revisiones al alza de precio objetivo en las últimas semanas. El analista de UBS Karl Keirstead pasó de 200 a 220 y luego a 250 dólares, y Gil Luria, de D.A. Davidson, elevó su meta el 11 de septiembre desde 200 hasta los mismos 250 dólares, confirmando su recomendación de compra. Ambos justifican su optimismo en la demanda de "IA soberana", que se hizo visible tras la conferencia AIPCon 11. Jim Cramer, por su parte, reafirmó públicamente su objetivo de 250 dólares. Dan Ives llegó a hablar de una posible capitalización bursátil de un billón de dólares, más del doble del nivel actual, cifrado en unos 361.000 millones de euros.

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Karp y la batalla por el relato

Hay un hilo que conecta todas estas piezas y que tiene nombre propio: Alex Karp. En una entrevista concedida a CNBC el jueves, el consejero delegado no habló de crecimiento de ingresos, sino de responsabilidad legal. Su tesis central es que el mayor peligro de la inteligencia artificial no es una hecatombe, sino el aumento de la desigualdad, y que las empresas que advierten de escenarios apocalípticos lo hacen en parte para esquivar su responsabilidad civil y penal. Una frase se quedó grabada: si el Estado tomara participaciones en firmas de IA, sus clientes demandarían.

No es un detalle menor. Palantir se posiciona así frente al discurso que alimentan Amodei, Altman y Musk, quienes alertan de una ralentización o incluso de una nacionalización del sector. Karp reclama directrices claras y rendición de cuentas. Para una compañía que obtiene la mitad de su negocio de contratos con agencias estadounidenses —entre ellos unos 287 millones de dólares con ICE y un acuerdo marco con el DHS de hasta 1.000 millones—, la postura no es casual: Palantir se ha erigido en el proveedor que ayuda a los gobiernos a gobernar con IA en lugar de temerla. Es a la vez modelo de negocio y estrategia de comunicación.

Una valoración que ya es cuestión de fe

En este punto, Palantir ha dejado de ser una acción de crecimiento al uso para convertirse en una apuesta sobre quién escribirá las reglas de la era de la IA. Quien invierte aquí no compra sustancia a precio de saldo, sino un relato: que administraciones y corporaciones recurrirán cada vez más a la plataforma Foundry para orquestar sus datos, desde Chipotle, que evalúa riesgos de seguridad alimentaria por establecimiento, hasta Sprintbach Aviation, que gestiona su flota con OperatorOS.

El mercado alemán refleja esa ambivalencia. Con un precio de 153,24 euros, el valor cotiza un 12% por encima de su media de 50 días, pero todavía un 15% por debajo de su máximo de 52 semanas, cerca de 180 euros. La volatilidad anual del 46% delata que el mercado no termina de fiarse de su propio entusiasmo. El riesgo no es una vaga sensación, sino un escenario concreto: si la disputa con los proveedores de modelos degenera en un bloqueo real de acceso, Palantir tendría que recurrir a modelos propios o alternativos, lo que costaría tiempo de desarrollo e inquietaría a clientes que dependen de una integración sin fisuras. Con una capitalización de unos 360.930 millones de euros, la acción reacciona con sensibilidad a las noticias que tocan el modelo de negocio, no así a contratos puntuales como el reciente TITAN, tras el cual cedió un 3,0%.

El desenlace de la negociación con Anthropic y OpenAI es el próximo examen real, y de momento no hay fecha fijada. Hasta entonces, la cotización —con un RSI de 54,2, sin posicionamiento extremo— seguirá actuando como barómetro de cómo pondera el mercado el equilibrio entre la fortaleza del crecimiento y la dependencia estructural de modelos ajenos. Palantir ya eligió su respuesta a la pregunta que planteó el propio Karp: quién responde cuando la revolución se tuerce y quién gana cuando sale bien. El mercado, por ahora, le concede un voto de confianza, no una certeza.

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Miguel Ángel Torres Díaz

Sobre el autor

Miguel Ángel Torres Díaz

Periodista de tecnología especializado en videojuegos, realidad virtual y tendencias de consumo digital. Más de 10 años cubriendo la industria tecnológica española.

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