Oracle atraviesa uno de esos momentos en los que el mercado mira la misma acción desde dos prismas opuestos. Mientras la Comisión Europea recaba información de terceros sobre sus prácticas de licenciamiento de software —sin que hasta la fecha se haya abierto una investigación formal—, los inversores aguardan con expectación la publicación de las cuentas trimestrales, prevista para después del cierre de la sesión estadounidense. Reuters califica ese informe como un posible termómetro para todo el comercio ligado a la inteligencia artificial de los grandes proveedores de nube.

La noticia comunitaria no es nueva: el medio británico ya la adelantó el 1 de septiembre y volvió a repetirla el martes siguiente. Sobre el papel, parece un trámite administrativo más. Sin embargo, adquiere otro relieve cuando se recuerda que los modelos de licencia han sido el corazón del negocio de Oracle durante décadas y que este asunto ha generado más de un dolor de cabeza en Europa. Es el contraste entre dos relatos que conviven bajo el mismo ticker: el de la compañía que apuesta miles de millones por la infraestructura de nube e IA, y el del fabricante de software tradicional con un historial incómodo en materia de licencias.
Un desplome que no se explica solo por los números
En el mercado alemán, el valor cedió un 5,3% el jueves hasta cerrar en 131,64 euros. Con ese nivel, el precio queda un 8,8% por debajo de su media móvil de 200 sesiones, situada en 144,40 euros, señal de que la tendencia de medio plazo sigue resentida pese a los avances operativos. En lo que va de año, la caída alcanza el 21%. La referencia al máximo de 52 semanas, los 294,85 euros tocados el pasado septiembre, deja una distancia del 55%.
Esa brecha no responde a un simple ajuste técnico. Responde a las dudas sobre cómo financiará la compañía el despliegue de sus centros de datos, una preocupación que viene marcando el ánimo desde principios de septiembre. La volatilidad del título, del 53% en el último año, refleja hasta qué punto el mercado discrepa sobre la intensidad de capital que exige el negocio de la IA.
Cifras récord con una factura igual de abultada
Los resultados del primer trimestre del ejercicio fiscal 2027, cerrado a finales de agosto, superaron prácticamente todas las previsiones. Los ingresos crecieron un 30% hasta 19.300 millones de dólares, y el beneficio ajustado por acción se situó en 1,92 dólares, por encima del consenso de analistas, que apuntaba a 1,74 dólares. El segmento de infraestructura de nube (IaaS) se disparó un 121% hasta 7.400 millones, mientras la cartera de pedidos pendientes (RPO) se infló hasta 664.000 millones de dólares, 209.000 millones más que un año antes. Solo en el trimestre se sumaron nuevos contratos de nube para IA por más de 30.000 millones.
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El reverso de esa expansión es una necesidad de capital igualmente descomunal. Las inversiones pasaron de 8.500 millones en el mismo periodo del año anterior a 28.500 millones. El flujo de caja libre cayó así a menos 5.400 millones de dólares, frente a los menos 362 millones de doce meses antes. La deuda acumulada ronda ya los 125.000 millones, y para sostener el ritmo la empresa colocó acciones por 20.000 millones a través de un programa ATM.
Al mismo tiempo, el flujo de caja operativo creció un 184% hasta 23.000 millones, indicio de que el negocio recurrente gana sustancia pese al esfuerzo inversor. En el trimestre se añadieron 850 megavatios de nueva capacidad de centros de datos y se entregaron más de 300.000 procesadores gráficos, con una tasa de utilización de la flota de GPU cercana al 98%, según la propia compañía.
El pulso de los analistas
La comunidad financiera mantiene una posición ambivalente. El 2 de septiembre, Brent Thill, de Jefferies, recortó su precio objetivo de 320 a 290 dólares, aunque conservó la recomendación de compra. Ese mismo día, Bernstein SocGen reafirmó su calificación de outperform con un objetivo de 325 dólares. Un día antes, TD Cowen había ajustado el suyo con más contundencia, de 300 a 240 dólares, manteniendo igualmente la recomendación positiva. Tres casas, tres grados distintos de nerviosismo, pero ninguna renuncia a su apuesta alcista: el debate no está en el potencial del negocio, sino en su coste.
Perspectivas y el doble frente que se avecina
Oracle elevó ligeramente sus previsiones para el conjunto del ejercicio: un beneficio ajustado por acción de 8,10 dólares y unos ingresos de al menos 90.000 millones. Para el segundo trimestre anticipa un crecimiento de la facturación de entre el 30% y el 34%, con un resultado ajustado por título de entre 1,85 y 1,93 dólares.
Antes de la publicación de las cuentas, el consenso esperaba 1,74 dólares de beneficio por acción y 19.130 millones de dólares de facturación. Ese es el verdadero examen, no solo para Oracle, sino como muestra representativa de si las milmillonarias apuestas por la IA de todo el sector se traducen en crecimiento real o solo engordan los balances. La consulta de Bruselas no decidirá ese pulso, pero sirve de recordatorio: Oracle no es únicamente un competidor en la carrera de la IA, también es un fabricante de software con una larga trayectoria en el negocio de licencias. Ambos capítulos seguirán escribiéndose en paralelo, uno en un expediente comunitario y otro, mucho más ruidoso, en una conferencia telefónica prevista para las 23:00 hora alemana.
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