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Acciones

D-Wave Quantum: la ciencia avanza más rápido que la caja

D-Wave Quantum atraviesa una paradoja que resume bien el momento actual de la computación cuántica: sus laboratorios firman hitos científicos que hace una década parecían ciencia ficción, mientras su cuenta de resultados sigue sin encontrar el camino hacia la rentabilidad. El mercado, lejos de premiar los titulares académicos, ha optado por mirar los números con lupa.

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La acción cotiza estos días en torno a los 14,30 euros, con un retroceso del 2,9% en la última sesión, y acumula una caída del 36% desde que arrancó el año. El papel llegó a cambiarse a 40,41 euros el pasado 15 de octubre, de modo que el desplome desde máximos ronda el 65%. La media móvil de 200 sesiones, situada en 18,62 euros, queda muy por encima del precio actual, señal inequívoca de que la tendencia de fondo sigue siendo bajista.

Índice de Contenidos
  1. Un trimestre de titulares brillantes y facturación opaca
  2. El Estado entra en el capital y diluye al accionista
  3. Cambio en la cúpula financiera
  4. Entre el respaldo institucional y la presión del balance

Un trimestre de titulares brillantes y facturación opaca

Sobre el papel, los últimos anuncios invitan al optimismo. La compañía publicó la semana pasada resultados revisados por pares sobre una puerta de dos qubits rápida y de alta precisión para arquitecturas superconductoras de doble raíl, con un tiempo de operación cercano a los 500 nanosegundos. Las simulaciones apuntan a que las tasas de error lógico podrían reducirse hasta diez veces con cada nivel de corrección. La hoja de ruta fija para 2032 un sistema de 100 qubits lógicos capaz de superar el millón de operaciones.

A ese avance se suman una alianza con Nasdaq Verafin y el respaldo financiero de Washington. Sin embargo, la brecha entre lo que promete el laboratorio y lo que factura la empresa se ensancha. Las reservas del primer semestre de 2026 se dispararon un 1.120%, hasta 35,5 millones de dólares, incluyendo la venta de un sistema por 20 millones. El dato impresiona, aunque conviene contextualizarlo: los 2,9 millones del mismo periodo del año anterior eran una base tan exigua que multiplicarlos resultaba casi inevitable.

La otra cara de la moneda es la cifra de negocio. Los ingresos del primer semestre cayeron un 67%, hasta 5,9 millones de dólares, lastrados por un pedido excepcional que había inflado el ejercicio precedente. El resultado es una compañía cuyo libro de pedidos crece mientras su facturación real se encoge.

El Estado entra en el capital y diluye al accionista

La aportación pública procedente de la CHIPS Act, confirmada esta semana, otorga a D-Wave hasta 100 millones de dólares, con un primer tramo de más de 53 millones disponibles de inmediato. El desembolso, sin embargo, no llega gratis: el Departamento de Comercio se convierte en accionista minoritario, lo que se traduce en la emisión de nuevas acciones. Junto a Rigetti, la compañía ha colocado cerca de 15 millones de títulos para dar entrada a Washington, un movimiento que erosiona el peso relativo de los inversores que ya estaban dentro.

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El esquema se repite en todo el sector. Rigetti Computing y Quantinuum reciben idénticas condiciones —hasta 100 millones cada una, 300 millones en total—, de manera que ninguno de los tres actores obtiene ventaja estructural sobre sus rivales. La mayor parte del dinero está condicionada al cumplimiento de hitos técnicos, por lo que las empresas no cobran de golpe, sino que deben ganarse cada tramo con avances verificables. Quantinuum, por su parte, destinará sus fondos a una línea de fabricación de iones atrapados junto a GlobalFoundries y el proveedor Monarch Quantum, con la meta de elevar la fidelidad de su puerta de dos qubits del 99,92% actual hacia el 99,999%.

No es la primera vez que el Gobierno estadounidense interviene en la estructura de capital de la industria cuántica. En mayo ya se anunciaron cartas de intención por más de 2.000 millones de dólares para nueve compañías del sector, siempre a cambio de participaciones minoritarias. El patrón queda así consolidado: quien quiera fondos públicos debe ceder una porción de su accionariado.

Cambio en la cúpula financiera

A la complejidad de la operación con el Estado se suma una transición interna. John Markovich, hasta ahora director financiero, abandonará el cargo el próximo 2 de septiembre, según el anuncio realizado el 19 de agosto. Greg Golkov, hasta la fecha vicepresidente sénior, asumirá las funciones de forma interina. La empresa insiste en que no existen discrepancias contables detrás de la salida, una afirmación que merece crédito, aunque conviene recordar que los relevos en la cúpula financiera rara vez pasan inadvertidos para el accionista, menos aún cuando coinciden con negociaciones tan delicadas como una estructura de ayudas públicas.

El panorama técnico tampoco ayuda a disipar dudas. Hace tres semanas, Zacks Research rebajó su recomendación de "Strong Buy" a "Hold", un ajuste que encaja con la revalorización a la baja que viene experimentando el valor, si bien es cierto que los veredictos de los screener automatizados tienen una capacidad predictiva limitada.

Entre el respaldo institucional y la presión del balance

El sector, en cualquier caso, sigue contando con el favor de la Administración. El Pentágono y DARPA mantienen programas propios para impulsar computadores cuánticos de uso industrial, con horizonte en 2033. Para D-Wave, esto implica que los contratos y participaciones estatales seguirán siendo un componente estructural de su modelo de negocio, con las oportunidades y los riesgos de dilución que ello conlleva.

La cuestión de fondo para el inversor es si el respaldo público acelera de verdad el camino hacia una computación cuántica comercialmente viable o si, por el contrario, se limita a reordenar la estructura de capital a costa de los accionistas históricos. Con una facturación que se mueve en el entorno de los pocos millones de dólares y una tesorería que supera los cientos de millones, la compañía tiene margen para seguir investigando. Lo que aún no ha demostrado es que ese esfuerzo se traduzca en flujos de caja sostenidos. Mientras esa pregunta siga sin respuesta, es previsible que el valor continúe moviéndose con volatilidad.

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Javier Martínez González

Sobre el autor

Javier Martínez González

Ingeniero de software convertido en escritor tecnológico. Analiza las últimas tendencias en hardware, software empresarial y computación en la nube.

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