La agenda de SpaceX para la segunda mitad de septiembre gira en torno a una fecha que se repite en los documentos regulatorios: el 15. Para ese día apuntan tanto el decimocuarto vuelo de prueba del Starship como el debut de los satélites de nueva generación de Starlink, una coincidencia que convierte la jornada en el gran examen operativo del mes.

Un permiso exprés para la próxima constelación
Para poder lanzar los nuevos satélites, la compañía de Elon Musk presentó a comienzos de septiembre una solicitud ante la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) con el fin de obtener una autorización especial de 60 días. El trámite, que señala directamente al 15 de septiembre como ventana de despegue, resulta imprescindible: sin ese permiso, la constelación de próxima generación no puede salir de la plataforma.
El contexto técnico del Starship también avanza. El Booster 21 completó a finales de agosto una prueba de encendido estático con sus 33 motores, un paso previo obligado antes de cualquier intento de vuelo. A ello se suma que la Administración Federal de Aviación (FAA) cerró a principios de septiembre la evaluación ambiental definitiva, con declaración de no afectación, para las nuevas zonas de amerizaje de emergencia en el Pacífico. La modificación efectiva de la licencia de operaciones, sin embargo, sigue pendiente según los reportes disponibles: el visto bueno medioambiental es una etapa necesaria, pero no equivale a la autorización final. Cualquier demora en ese proceso golpea de lleno la hoja de ruta del programa.
Los indicios sobre la fecha del vuelo 14 proceden de distintas fuentes. Documentos oficiales ya apuntaban al 15 de septiembre sin confirmación pública de la empresa, y Spaceflight Now informó el 5 de septiembre de que, por avisos de peligro, el lanzamiento no podría producirse antes de ese mismo día. Todo apunta, por tanto, a una ventana todavía provisional.
El negocio no tripulado marca el ritmo
Mientras el Starship espera luz verde, el segmento de satélites comerciales funciona como el motor fiable de la compañía. El 5 de septiembre despegó una misión con 27 satélites Starlink, la número 80 del año según Spaceflight Now. Al día siguiente, otro lanzamiento desde la Base de la Fuerza Espacial de Vandenberg, en California, puso en órbita otros 27 aparatos: fue la misión número 103 de Falcon 9 en lo que va de 2026 y el decimonoveno vuelo del booster B1088.
La reutilización de cohetes sigue batiendo marcas. El booster B1063 cumplió a comienzos de septiembre su trigésimo quinto vuelo dentro de una misión Starlink, un hito que destacó la AIAA y que evidencia la madurez de la flota Falcon 9, sostén del flujo de caja procedente de las operaciones de lanzamiento. La compañía, además, anunció que trasladará futuras misiones Starlink desde Florida al Starship.
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En paralelo, SpaceX preparó para el 10 de septiembre el despegue de una carga clasificada del Space Force estadounidense desde Vandenberg a bordo de un Falcon 9, un catalizador de corto plazo que confirma la estrecha cadencia de trabajo con el ejército norteamericano.
El flanco tripulado, aún sin fecha
El contraste llega desde el programa con astronautas. La NASA comunicó a finales de agosto el aplazamiento de la misión Crew-13 tras detectar los ingenieros una fuga en el sistema de oxidante de la cápsula Dragon durante los trabajos preparatorios. La agencia espacial estadounidense no ha fijado todavía una nueva fecha de lanzamiento, lo que subraya la exigencia técnica del ámbito tripulado incluso cuando el negocio no tripulado avanza sin contratiempos.
A la espera de novedades sobre Crew-13, la actualidad deja también un frente abierto en el terreno diplomático. Según Reuters, varias empresas aeroespaciales estadounidenses, entre ellas SpaceX, se retiraron de una cumbre espacial celebrada en París presionadas por la Casa Blanca, y los anuncios previstos en el evento quedaron cancelados. El episodio refleja que la compañía opera cada vez más en la intersección entre la economía y la política.
Queda igualmente por confirmar la información sobre una posible licitación de SpaceX para producir metano líquido in situ en su instalación de Starbase Luisiana. Ni el alcance, ni los plazos, ni un eventual contratista han sido verificados por la empresa, por lo que la noticia debe tomarse con cautela.
Volatilidad elevada a la espera del desenlace
El mercado refleja esa mezcla de expectativas y riesgo. La acción cerró el miércoles en 127,06 euros tras una caída diaria del 3,8 %, y en los últimos siete días acumula un descenso del 1,3 %, aunque en el último mes se anota una mejora del 10 %. La volatilidad anualizada a 30 días, del 86 %, da cuenta de la facilidad con que los titulares —ya sea sobre fechas del Starship o sobre incidentes de lanzamiento— sacuden la cotización.
Con las cifras más recientes sobre la mesa, el título se sitúa en 126,56 euros, ligeramente por debajo del cierre anterior, y mantiene un avance del 9,6 % en el último mes. El máximo de 52 semanas, en 194,46 euros, queda aún un 35 % por encima, señal de que la recuperación no ha recuperado los niveles de valoración previos.
La ecuación para el inversor sigue teniendo dos caras: Starlink entrega progresos operativos constantes gracias a su elevada cadencia de lanzamientos, mientras el vuelo 14 del Starship arrastra el riesgo binario propio de todo prototipo. Hasta que se aclare la ventana en torno al 15 de septiembre, es previsible que la amplitud de los movimientos se mantenga alta.
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