Los números de Nvidia son de vértigo: 81.600 millones de dólares de facturación en el primer trimestre de 2026, un 85% más que el año anterior. Sin embargo, la cotización no logra escapar de la dinámica correctiva. El lunes cerró a 180,92 euros, un 5,52% menos en la semana, y se sitúa un 11% por debajo del máximo de 52 semanas alcanzado en mayo (202,50 euros). El mercado digiere las plusvalías acumuladas y busca señales técnicas fiables antes de retomar la senda alcista.

Por el momento, los soportes aguantan. La media móvil de 50 días, en 174,93 euros, actúa como primera línea de defensa. Por debajo, la media de 200 sesiones, en 161,59 euros, asegura la tendencia de largo plazo. El RSI se encuentra en 48,1, en terreno neutral: ni sobrecompra ni sobreventa. La volatilidad anualizada del 43,15% advierte que los vaivenes bruscos son moneda corriente y que solo los cierres decisivos sobre estas referencias ofrecen señales fiables.
El detonante inmediato de la última presión vendedora fue externo. Broadcom publicó una previsión de ingresos para el tercer trimestre de 16.000 millones de dólares, por debajo de las expectativas no oficiales del mercado, que rondaban los 17.200 millones. El temor a una desaceleración en la demanda de chips de inteligencia artificial arrastró a todo el sector, con Nvidia como uno de los principales damnificados. Pero el gigante de Santa Clara cotiza con un PER estimado que es la mitad del de Broadcom y un tercio del de AMD, una discrepancia que muchos analistas consideran insostenible a largo plazo.
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Mientras el mercado se centra en los vaivenes del día a día, la compañía ha movido ficha en el tablero estratégico. El 8 de junio de 2026 formalizó una alianza tecnológica plurianual con SK Hynix, el fabricante surcoreano de memorias HBM4. Pero el acuerdo va mucho más allá del suministro para sus GPUs. Nvidia está desarrollando Vera, su primer procesador CPU propio para centros de datos, con el que pretende desafiar directamente a Intel Xeon y AMD Epyc. SK Hynix se ha asegurado el 70% de los pedidos de memoria para esta arquitectura. Es una integración vertical que ataca el cuello de botella del ancho de banda de la memoria que el propio Jensen Huang ha calificado como un problema de años.
Esa visión industrial explica por qué Huang declinó la invitación al Comité Bancario del Senado el 11 de junio —gesto que la senadora Elizabeth Warren criticó abiertamente— mientras viajaba a Seúl para cerrar acuerdos con SK Telecom (una nube de inteligencia artificial de un gigavatio a partir de 2027), Naver, Doosan, LG Group (robótica) y Hyundai Motor (conducción autónoma). Nvidia ya no se limita a fabricar chips; construye la infraestructura física de la próxima generación de la inteligencia artificial, desde las fábricas de IA hasta los robots.
A pesar de la corrección, el balance anual sigue siendo positivo: la acción acumula una ganancia del 12,3% en el año y supera el 45% en los últimos doce meses. El precio objetivo de consenso se sitúa en 258,62 euros, un 43% por encima del nivel actual. La volatilidad seguirá siendo alta, pero la combinación del potencial de Vera, las alianzas en Corea y una valoración más atractiva que la de sus pares sugiere que el mercado aún no ha descontado por completo la magnitud de la estrategia que Nvidia está tejiendo.
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