La acción de Nvidia ha caído casi un 12% desde su máximo de mediados de mayo, a pesar de presentar unas cifras trimestrales sin precedentes y un pedido acumulado que ya roza los 120.000 millones de dólares. La paradoja refleja el dilema central que define el momento: una demanda que sobrepasa la capacidad de producción mundial, pero también un riesgo creciente de que sus mayores clientes empiecen a diseñar sus propios semiconductores.

Ingresos récord y un colchón de pedidos histórico
En el primer trimestre de su año fiscal 2027 —cerrado a finales de abril—, Nvidia ingresó 81.600 millones de dólares, un 85% más que en el mismo periodo del año anterior. El segmento de centros de datos aportó 75.200 millones, un 92% de incremento interanual. Son las cifras más altas jamás registradas por la compañía. Pero el dato que más ha llamado la atención entre los analistas es el volumen de compromisos en la cadena de suministro: 119.000 millones de dólares, según estimaciones del mercado. No es una señal de debilidad, sino de una demanda que, en palabras del consejero delegado Jensen Huang, seguirá superando a la oferta «durante varios años».
Esa escasez no se limita a los chips. Huang, que esta semana ha viajado a Seúl para reunirse con SK Group, busca asegurar el suministro de HBM4, la memoria de alto ancho de banda necesaria para su nueva plataforma «Vera Rubin» y su procesador «Vera». Las conversaciones con Samsung abren la puerta a una segunda fuente que reduzca la dependencia de un solo proveedor. Nvidia está dejando de ser un mero diseñador de GPUs para convertirse en un integrador completo de infraestructura de inteligencia artificial, incluyendo sus propios procesadores ARM que compiten directamente con Intel y AMD en el mercado de CPUs.
El riesgo de los hyperscalers: ¿clientes o rivales?
A pesar de la fortaleza de la demanda, una parte relevante de los ingresos del segmento de centros de datos —aproximadamente la mitad— proviene de los grandes hyperscalers: Google, Amazon, Microsoft y Meta. Estas mismas compañías están invirtiendo de forma masiva en sus propios chips de IA: los TPU Ironwood de Google, la serie Trainium de Amazon, el Maia 200 de Microsoft y los aceleradores MTIA de Meta. El objetivo es reducir la dependencia del hardware de Nvidia.
Jay Goldberg, analista de semiconductores de Seaport Research, advierte que «esto tiene el potencial de desestabilizar completamente a Nvidia». Las cifras le dan la razón: TrendForce estima que en 2026 los chips ASIC (circuitos integrados de aplicación específica) crecerán un 44,6%, frente al 16,1% de las GPUs estándar. Por primera vez, los chips personalizados para IA avanzan más rápido que el producto estrella de Nvidia.
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La contrapartida: una demanda que todo lo absorbe
El propio Huang minimiza ese riesgo. En la conferencia con analistas describió una demanda «parabólica» alimentada no solo por los gigantes tecnológicos, sino también por startups, empresas de otros sectores y gobiernos que no tienen capacidad —ni intención— de fabricar sus propios chips. Stacy Rasgon, analista de Bernstein, respalda esta visión: «Ahora mismo no me interesa saber quién gana o pierde. Esa es la pregunta equivocada». Su argumento es que los agentes de IA están disparando la necesidad de cómputo hasta el punto de que el cuello de botella no es la demanda, sino la capacidad de producción. Quien pueda entregar, venderá.
Para el segundo trimestre del año fiscal 2027, Nvidia proyecta unos ingresos de aproximadamente 91.000 millones de dólares. Esa previsión no incluye las ventas en China del segmento de centros de datos, lo que deja cierto margen al alza.
Señales de confianza desde el consejo y el mercado
El consejo de administración refrendó las cuentas con un nuevo programa de recompra de acciones de 80.000 millones de dólares, sin límite de vencimiento, y un aumento del dividendo trimestral de 0,01 a 0,25 dólares por título, pagadero el 26 de junio a los accionistas registrados al 4 de junio. Ya en el primer trimestre, Nvidia había devuelto unos 20.000 millones de dólares a sus accionistas. El estratega de UBS Maxwell Grinacoff interpretó la subida del dividendo como un posible precedente para otras grandes compañías del S&P 500 con sólida generación de flujo de caja libre.
En el plano técnico, la acción cotiza a 178,08 euros, un 5,42% por debajo del viernes anterior. El RSI se sitúa en 45,3 —zona neutral—, y la corrección desde el máximo de 52 semanas (202,50 euros) es del 12%. La media de 50 días, en 174,40 euros, actúa como soporte inmediato; si se pierde, el siguiente suelo está en la media de 200 días, en 161,46 euros. El consenso de los analistas, sin embargo, fija un precio objetivo de 258,67 euros, lo que implica un potencial alcista del 45% desde el cierre del viernes.
La semana que viene traerá dos citas clave: el lunes, los detalles de la alianza con SK Group y Samsung en Seúl; el martes, los datos de inflación al consumidor en Estados Unidos. La dirección que tome la acción dependerá de si los inversores premian la estrategia de asegurar el suministro o si el miedo a la competencia de los hyperscalers pesa más. Huang lo tiene claro: el mundo está ocupado construyendo inteligencia artificial, y Nvidia es quien tiene las herramientas para hacerlo realidad.
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