Nvidia atraviesa una fase en la que cada movimiento corporativo parece diseñado para ocupar un eslabón más de la cadena de valor de la inteligencia artificial. Ya no se trata solo de fabricar los chips que alimentan los grandes modelos, sino de controlar las plataformas donde se construyen, las infraestructuras que los sostienen y, cada vez más, las empresas que los desarrollan. Esa estrategia integral explica por qué el mercado sigue mirando al valor con atención, aunque sin euforia: la acción cerró el viernes en 188,22 euros, prácticamente sin cambios respecto a la jornada anterior.

El primer gran frente abierto es la adquisición de Hugging Face por 12.930 millones de dólares, anunciada a comienzos de septiembre y calificada por Reuters como la mayor operación de la historia de la compañía. Del total, unos 11.900 millones de dólares irán a parar a los inversores, mientras que hasta 1.000 millones adicionales quedan reservados como pago en acciones para retener a los empleados que se incorporen a Nvidia. El cierre no se espera hasta el primer semestre de 2027 y queda condicionado a la autorización de las autoridades de competencia. La operación revela la intención de Nvidia de no limitarse al dominio del hardware, sino de hacerse también con la capa de software y comunidad sobre la que se articula buena parte del desarrollo abierto de la IA.
Un segundo frente: el posible cheque para Anthropic
En paralelo, la compañía negocia según Reuters una participación de hasta 10.000 millones de dólares en el futuro estreno bursátil de Anthropic, el creador del chatbot Claude. Las conversaciones, adelantadas por dos personas familiarizadas con el proceso, apuntan a una salida a bolsa en la que la firma pretende captar hasta 100.000 millones de dólares con una valoración objetivo cercana a los 2 billones de dólares. De concretarse, sería el mayor IPO de la historia, por delante incluso del de SpaceX. No obstante, las discusiones siguen abiertas y podrían cambiar.
La relación entre ambas compañías no es nueva. En noviembre de 2025, Nvidia ya se comprometió a invertir hasta 10.000 millones de dólares en Anthropic, que a su vez encargó capacidad de nube a Microsoft Azure por 30.000 millones. En mayo, la firma de IA había captado 65.000 millones con una valoración post-money de 965.000 millones. El crecimiento de su facturación ayuda a entender las cifras: a finales de julio alcanzaba una tasa anualizada superior a los 65.000 millones de dólares, frente a los aproximadamente 9.000 millones de finales de 2025, y de cara a 2028 maneja previsiones internas de entre 190.000 y 200.000 millones. El estreno podría llegar incluso en octubre, antes de las elecciones intermedias estadounidenses.
Para Nvidia, entrar como inversor ancla no es solo una apuesta financiera. La empresa es proveedor clave de la infraestructura de cómputo de Anthropic, de modo que reforzar esa posición consolida su papel como socio tecnológico preferente dentro de la cadena de valor de la IA. La vinculación del sector con Anthropic ya se refleja en las cuentas de Amazon y Alphabet, que reconocen aportaciones al beneficio procedentes de sus participaciones.
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La lupa regulatoria como telón de fondo
Esa misma dimensión que atrae a los inversores también atrae a los reguladores. El Departamento de Justicia de Estados Unidos ha abierto una investigación, según un informe del New York Times citado por Reuters, para determinar si Nvidia diseñó su acuerdo de licencia con la startup Groq con el fin de eludir una revisión antimonopolio. La operación, anunciada el año pasado, ascendía a 17.000 millones de dólares e incluía una licencia no exclusiva y la incorporación de directivos.
El patrón se repite: cuanto más agresiva es la expansión, más frecuentes son las llamadas de los organismos de competencia. Mientras tanto, la compañía sigue construyendo la base física de sus ambiciones. En la conferencia Communacopia + Technology de Goldman Sachs subrayó que el despliegue de la IA está aún en sus inicios y que la demanda se mantiene firme entre proveedores de nube, clientes corporativos, fabricantes de dispositivos y las llamadas neoclouds. En Australia, junto a socios como Firmus, CDC, NEXTDC y AirTrunk, proyecta hasta dos gigavatios de capacidad de centros de datos para aplicaciones de IA de aquí a 2027.
Del centro de datos al escritorio
La misma tecnología que sostiene esas infraestructuras va filtrándose hacia el uso cotidiano. Lenovo y Acer lanzarán en octubre los primeros PC con Windows equipados con el chip RTX-Spark, llevando la IA del centro de datos al escritorio. En la feria IBC, Nvidia presentó además soluciones de IA en tiempo real para radiodifusión, deporte y streaming, y su alianza con Palantir Technologies apunta a aplicaciones de IA soberana en cadenas de suministro críticas, empezando por los propios procesos de la compañía.
En el plano bursátil, la reacción a todas estas noticias ha sido contenida. El valor acumula un descenso semanal del 5,1% y cotiza alrededor de un 7% por debajo de su máximo de 52 semanas, los 202,50 euros marcados a mediados de mayo, aunque en lo que va de año aún se anota una revalorización del 17%. El índice de fuerza relativa, en torno a 49, no señala ni sobrecompra ni sobreventa, lo que refleja una actitud expectante por parte de los inversores.
A ese clima de cautela se suman las voces críticas surgidas en el propio entorno de Anthropic: un investigador de la firma dimitió en septiembre y su responsable de alineación llegó a cifrar en más de un 10% la probabilidad de que los sistemas de IA acaben con la humanidad en una década. Para Nvidia, sin embargo, la lógica estratégica de la operación no se resiente, ya que como proveedor de los principales laboratorios de IA depende directamente de su crecimiento. La incógnita que planea sobre los próximos meses no es si la compañía seguirá expandiéndose, sino si los organismos de competencia podrán seguir ese ritmo sin frenarlo.
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