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Acciones

D-Wave Quantum: gobernanza reforzada, una investigación legal y la brecha entre el respaldo estatal y el castigo bursátil

La incorporación de Kevan P. Krysler al consejo de administración y al comité de auditoría de D-Wave Quantum, anunciada el 17 de agosto, pasó casi desapercibida en medio del ruido generado por los fondos federales y la salida de un directivo financiero. Sin embargo, ese nombramiento —junto con la investigación que la firma legal Kessler Topaz Meltzer & Check acaba de abrir sobre posibles infracciones de la normativa de valores estadounidense— dibuja el verdadero mapa de riesgos de la compañía.

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Krysler, actual director financiero de Carbon Robotics, acumula una trayectoria extensa en gestión financiera y gobierno corporativo tanto en empresas cotizadas como privadas del sector tecnológico. Su llegada al comité de auditoría coincide en el tiempo con la reordenación de la cúpula financiera: John Markovich anunció su retirada a finales de agosto, efectiva desde el 2 de septiembre, y Greg Golkov —hasta entonces vicepresidente sénior de Finanzas— asumió el cargo de director financiero interino y responsable principal de contabilidad.

Índice de Contenidos
  1. Una investigación que ensombrece el relato oficial
  2. El Estado entra en el capital con 100 millones
  3. NTT DOCOMO y la evidencia operativa
  4. Qué mirar de aquí en adelante

Una investigación que ensombrece el relato oficial

El escrutinio de Kessler Topaz Meltzer & Check se apoya en dos episodios que ya habían inquietado al mercado: las cuentas del segundo trimestre de 2026 y la dimisión de Markovich. La nota de la firma legal no establece una conexión causal explícita entre ambos hechos; se limita a mencionarlos como contexto de su pesquisa sobre presuntas falsedades en la comunicación del devenir del negocio.

Los números de ese trimestre explican por sí solos el desencanto. D-Wave facturó apenas 3,1 millones de dólares, de los cuales los clientes comerciales aportaron el 62,4%. El contrapunto lo ofreció la cartera de pedidos: las órdenes del primer semestre se dispararon un 1.120%, y las obligaciones de ejecución pendientes crecieron un 668% hasta los 40,7 millones de dólares. Esa mezcla de ingresos raquíticos con un volumen de contratación pujante resulta habitual en la fase temprana de comercialización de la computación cuántica, pero también deja margen a lecturas dispares de la situación del negocio, un terreno abonado para los despachos de abogados.

Desde la publicación de esas cifras, el título ha cedido alrededor del 8,1%. El relevo en la dirección financiera, en cambio, apenas tuvo impacto negativo: desde entonces la acción incluso se anotó un 1,8%.

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El Estado entra en el capital con 100 millones

En paralelo, el Departamento de Comercio de Estados Unidos cerró el pasado jueves un acuerdo de financiación de hasta 100 millones de dólares procedentes de la CHIPS and Science Act. A cambio, la Administración estadounidense recibe una participación minoritaria sin derechos de control. D-Wave destinará esos fondos a investigación y comercialización de sus sistemas de annealing y de puertas lógicas, en concreto a un sistema de annealing con 100.000 qubits y a un modelo de puertas con 10.000 qubits, capaz de soportar 100 qubits lógicos y más de un millón de operaciones.

La operación no es exclusiva de D-Wave. Rigetti Computing y Quantinuum suscribieron acuerdos prácticamente idénticos por 100 millones cada uno, lo que eleva a 300 millones el volumen total de subvenciones de I+D del programa CHIPS para las tres compañías, todas con participaciones minoritarias estatales. Ese detalle relativiza la narrativa de un respaldo singular: más que una prueba de confianza en D-Wave, se trata de una decisión de política industrial para apuntalar todo el sector cuántico estadounidense. Quien vea en D-Wave al campeón favorecido por Washington, a mi juicio, sobreinterpreta el alcance de la ayuda.

NTT DOCOMO y la evidencia operativa

Merece la pena retroceder a mediados de agosto, cuando NTT DOCOMO activó en producción una segunda aplicación basada en tecnología de D-Wave. El resultado: una reducción del 65,3% en la carga de señalización en unas 333 estaciones base durante los registros de localización. Fue una demostración tangible de utilidad comercial más allá de los proyectos de investigación.

Ahora bien, unos pocos clientes de referencia no conforman un modelo de negocio sostenible, y la evolución del precio en las últimas semanas demuestra que el mercado ya ha digerido y matizado ese anuncio. La acción cotiza a 14,49 euros, un 64% por debajo del máximo de 52 semanas de 40,41 euros alcanzado en octubre. En el último mes acumula un descenso del 19%, y el rebote del 0,9% del viernes no pasa de ser ruido. El RSI, en 42,3, no señala ni sobreventa ni sobrecompra: un mercado en suspenso mientras digiere señales contradictorias entre gobernanza, fondos públicos y referencias de clientes.

A la debilidad se suma la distancia respecto a su media móvil de 50 días, situada en 16,21 euros, un 11% por encima de la cotización actual. En lo que va de año, el valor pierde un 36%.

Qué mirar de aquí en adelante

El nombramiento de Krysler apunta a que D-Wave se toma en serio sus mecanismos de control interno, un paso necesario pero no suficiente. La financiación sectorial diluye cualquier supuesto estatus privilegiado, y los éxitos operativos llegan demasiado aislados como para compensar el severo castigo bursátil. La investigación de Kessler Topaz Meltzer & Check añade una capa de incertidumbre jurídica que conviene seguir de cerca, igual que las primeras señales que emita Golkov sobre la orientación estratégica de la compañía. Quien apueste por D-Wave hará bien en fijarse menos en los comunicados puntuales y más en si la madurez de su gobernanza y el capital público acaban cristalizando en un negocio resistente.

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Carmen Ruiz López

Sobre el autor

Carmen Ruiz López

Periodista especializada en tecnología y transformación digital con más de 8 años de experiencia. Experta en inteligencia artificial, ciberseguridad y startups tecnológicas.

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