La estrategia de Nvidia ha dejado de ser exclusivamente tecnológica. El fabricante de chips ha transformado su balance en un instrumento de crecimiento: donde antes vendía semiconductores, ahora también invierte, garantiza y financia a sus propios clientes. La participación adquirida en SpaceX a través de una inversión en xAI ilustra perfectamente este giro: los 5.000 millones de dólares desembolsados hace apenas unos meses valían alrededor de 21.000 millones al cierre del segundo trimestre, una cifra que ya roza los aproximadamente 22.000 millones que pesa su posición en Intel.

El patrón se repite. A finales de julio, Nvidia invirtió en Safe Superintelligence en una operación valorada en 5.000 millones de dólares, a cambio de que la compañía multiplique su capacidad de cómputo mediante el acceso a la plataforma Vera Rubin. En el caso de SpaceX, el acuerdo incluye un compromiso: la compañía de Elon Musk ha fijado su arquitectura de centros de datos en Vera Rubin y espera una asignación sustancial de chips el próximo año. No son inversiones financieras al uso; son mecanismos de aseguramiento de ventas. Nvidia compra participación en quienes después deberán comprar sus procesadores a gran escala.
La electricidad, nuevo frente de batalla
La ofensiva de capital se extiende ahora al eslabón más básico de la cadena: el suministro eléctrico. El grupo se ha comprometido a inyectar 2.000 millones de dólares en Lancium, desarrollador de infraestructura energética para centros de datos, con una promesa adicional de otros 1.000 millones si la firma asegura nuevas capacidades de suministro para campus de inteligencia artificial. La operación llega apenas una semana después de la alianza anunciada con Apollo Global Management, BlackRock, Blackstone, Brookfield Asset Management, Goldman Sachs y KKR, que pretende movilizar hasta 500.000 millones de dólares de capital de terceros para construir centros de datos de IA en todo el mundo.
La diferencia es sustancial. En la alianza con las grandes financieras, Nvidia actúa como garante: si las GPUs pierden más valor del calculado, el fabricante cubre hasta el 25% de la diferencia, por ejemplo cuando un operador de centros de datos quiebra o un prestamista tiene que liquidar y los chips valen menos en el mercado de lo que reflejan los libros. Con Lancium, en cambio, el grupo entra directamente como inversor donde la electricidad se convierte en cuello de botella.
Riesgos que se acumulan en el balance
Esta triple condición —proveedor, accionista y avalista de sus propios clientes— concentra riesgos que en tiempos de bonanza pasan desapercibidos pero que podrían golpear de forma conjunta si la ola inversora en IA se desinfla. Las apuestas en SpaceX y SSI han salido bien hasta ahora, pero la pregunta de fondo es si la demanda de capacidad de cómputo es real o si parte de ella es circular: financiada por la propia empresa que vende los chips.
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Mientras tanto, la maquinaria de producción no se detiene. Foxconn ha anunciado que comenzará a enviar la próxima plataforma de IA, Vera Rubin, en el cuarto trimestre de 2026, después de que Nvidia confirmara que el sistema ha alcanzado la producción en serie. Para los inversores, es la señal de que el ciclo de producto tras Blackwell avanza según lo previsto y que los problemas de suministro no dominan la narrativa.
El mercado, a la espera del 26 de agosto
La cotización apenas refleja esta mayor tolerancia al riesgo. El viernes, la acción cerró en 194,74 euros, un 3,8% por debajo del máximo histórico de 202,50 euros alcanzado el 14 de mayo. Desde enero acumula una subida del 22% y en doce meses, del 25%. El título cotiza alrededor de un 16% por encima de su media de 200 días, una imagen de confianza ininterrumpida.
Wells Fargo reiteró el 11 de agosto su recomendación de "sobreponderar" con un precio objetivo de 315 dólares, y espera para el segundo trimestre unos ingresos de aproximadamente 91.000 millones de dólares. Las estimaciones de consenso apuntan a unos 91.900 millones de dólares de facturación y un beneficio por acción de 2,08 dólares. Nvidia presentará sus resultados del segundo trimestre del ejercicio fiscal 2027 —que concluyó el 26 de julio— el próximo 26 de agosto, con una previsión propia de ingresos de 91.000 millones de dólares, más o menos un 2%, lo que supondría un incremento del 95% interanual.
No todo son buenas noticias. El viernes se presentó una demanda de accionistas contra el consejo de administración, que según los demandantes habría permitido a sabiendas que modelos de IA se entrenaran con material protegido por derechos de autor y grabaciones de voz sin consentimiento, una presunta violación de la ley de privacidad de datos biométricos de Illinois. El desenlace es incierto, pero subraya que los riesgos legales y regulatorios sobre los datos de entrenamiento siguen siendo un tema recurrente para la compañía.
La ecuación de Nvidia solo funciona mientras la demanda de potencia de cómputo no dependa exclusivamente de su propio dinero. Hasta entonces, el fabricante ha demostrado que puede comprar crecimiento y multiplicarlo al mismo tiempo. La pregunta es cuánto riesgo adicional cabe en un balance que ya actúa como banquero, socio y proveedor de su propio ecosistema.
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