Meta: el Mundial como revulsivo publicitario choca con los problemas internos de sus chips
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Meta: el Mundial como revulsivo publicitario choca con los problemas internos de sus chips

La Copa del Mundo de 2026, con sus 104 partidos, se ha convertido en el laboratorio de Meta. La compañía ha desplegado una batería de novedades en todas sus plataformas: Threads estrena comunidades futbolísticas y marcadores en directo; Instagram incorpora efectos de celebración con inteligencia artificial; Facebook permite probarse camisetas virtuales; WhatsApp y Messenger envían actualizaciones al instante a los grupos. La estrategia es clara: convertir el torneo en un motor de interacción.

Imagen tecnológica

La jugada responde a una necesidad urgente. En el primer trimestre de 2026, Meta registró 3.560 millones de usuarios activos diarios y unos ingresos publicitarios de 55.000 millones de dólares. Las impresiones de anuncios subieron un 19% interanual y el precio medio por publicidad se incrementó un 12%. El verano debe servir para consolidar esa inercia.

Sin embargo, no todo son buenas noticias en la sede de Menlo Park. La adquisición del fabricante de chips Rivos, cerrada el año pasado por unos 2.000 millones de dólares, atraviesa serias dificultades. La integración de los equipos ha fracasado: más de una cuarta parte de los 450 empleados de Rivos han sido despedidos. Además, la dirección ha paralizado el desarrollo de un chip específico que debía entrenar los modelos de inteligencia artificial más grandes de Meta.

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El contratiempo retrasa los planes de independencia tecnológica del grupo. Rivos trabaja con la arquitectura abierta RISC-V, la misma que utilizan los chips MTIA propios de Meta. La compra pretendía acelerar el programa interno de semiconductores, pero el choque cultural entre los nuevos fichajes y los equipos establecidos ha descarrilado el proyecto. La apuesta por construir sus propios procesadores sigue siendo estratégica, pero el cronograma se ha resentido.

Mientras el frente publicitario avanza y el de hardware retrocede, la cotización refleja la incertidumbre. La acción cerró el viernes a 490,60 euros, con una caída semanal cercana al 5%. En lo que va de ejercicio, el descenso supera el 11%, rozando el 12% según otras referencias. El valor se sitúa muy por debajo de su media de 200 días y también ha perforado la media de 50 sesiones, situada en 533 euros.

Los indicadores técnicos muestran signos de agotamiento vendedor. El índice de fuerza relativa (RSI) ronda los 35,7 puntos, próximo al umbral de sobreventa. El máximo anual de 678 euros queda a casi un 28% de distancia, mientras el mínimo de las últimas 52 semanas, en 452,10 euros, amenaza como posible soporte si la tendencia no se revierte.

La ofensiva mundialista servirá como prueba de fuego. Si las nuevas funcionalidades no logran un aumento medible de la actividad de los usuarios y, por tanto, de los ingresos publicitarios, el riesgo de testear ese suelo se intensifica. Al mismo tiempo, los problemas en la división de chips ralentizan la hoja de ruta en inteligencia artificial, un área que Meta considera prioritaria y en la que sigue invirtiendo miles de millones en centros de datos. La doble presión —comercial y tecnológica— define un verano decisivo para el gigante de las redes sociales.

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Javier Martínez González

Sobre el autor

Javier Martínez González

Ingeniero de software convertido en escritor tecnológico. Analiza las últimas tendencias en hardware, software empresarial y computación en la nube.

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