Meta navega en aguas turbulentas. Mientras un fallo en su sistema de soporte con inteligencia artificial permitió a ciberdelincuentes secuestrar decenas de miles de cuentas de Instagram, un tribunal de California acaba de abrir la puerta a una demanda por el diseño adictivo de sus plataformas. Ambos frentes erosionan la confianza de los inversores y mantienen al título cerca de mínimos anuales.

La brecha en el soporte automático
El incidente de seguridad, confirmado por una notificación oficial en el estado de Maine, afectó a 20.225 personas. Documentos internos, según medios especializados, elevan la cifra a unos 34.000 perfiles atacados. El punto débil residía en la herramienta «High Touch Support», un sistema automatizado diseñado para ayudar a los usuarios a recuperar cuentas bloqueadas. El problema: no verificaba si la dirección de correo electrónico introducida coincidía con la de la cuenta de Instagram. Los atacantes aprovecharon esa laguna para restablecer contraseñas ajenas.
Entre las víctimas figuran una cuenta inactiva de la Casa Blanca, la de un oficial de la Space Force y la de la firma de seguridad SimpliSafe. Meta reaccionó con rapidez: desactivó la herramienta defectuosa, invalidó los enlaces generados y restableció las contraseñas de los afectados. Aún se desconoce si los hackers lograron leer mensajes directos u otros datos personales.
La sombra de la automatización
El fallo llega en un momento delicado para la estrategia de inteligencia artificial de Meta. En marzo, la compañía lanzó su asistente basado en IA para Facebook e Instagram, con el objetivo de resolver problemas de cuentas las 24 horas. La brecha demuestra que la automatización, aunque reduce costes de atención al cliente, exige sistemas de verificación infalibles. TechCrunch ya había informado a principios de junio de que algunos hackers se jactaban de haber engañado al chatbot.
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Varapalo judicial en California
Paralelamente, un tribunal californiano desestimó el miércoles las peticiones de Meta y Alphabet para detener o renegociar una demanda colectiva que les acusa de diseñar sus plataformas para generar adicción entre los jóvenes. El valor inmediato del pleito en esta fase es de unos seis millones de dólares, pero el verdadero riesgo es el precedente que sienta. El fallo allana el camino para futuras reclamaciones basadas en daños psicológicos a largo plazo derivados del uso de las redes sociales.
El cerco regulatorio se amplía
Los problemas legales no se limitan a EE.UU. En Nigeria, la autoridad de protección de datos inició el lunes un programa de dos años para promover la privacidad, en el marco de un acuerdo judicial sellado tras una multa de 220 millones de dólares impuesta en 2024. En Europa, la Comisión ordenó a Meta que en cinco días restablezca el acceso de terceros a sus servicios de inteligencia artificial en aplicaciones de mensajería; la compañía se opone. A esto se añade el mastodóntico plan de inversión en infraestructura de IA, que para 2026 oscilará entre los 125.000 y los 145.000 millones de dólares, un lastre adicional para el ánimo del mercado.
La acción, bajo presión técnica
En bolsa, el título cerró a 495,30 euros, un 27% por debajo del máximo de 52 semanas de 677,80 euros alcanzado en julio de 2025. La caída acumulada en el año ronda el 11%, y en la última semana el retroceso supera el 8%. El aspecto técnico es preocupante: el RSI se sitúa en 37,1, acercándose a la zona de sobreventa, y el precio cotiza muy por debajo de la media de 50 sesiones (532,64 euros) y de la de 200 sesiones (562,49 euros). Los analistas vigilan el nivel de los 500 euros; si se pierde con firmeza, el siguiente soporte está en el mínimo anual de 452,10 euros.
¿Oportunidad o trampa de valor?
Con un PER futuro de en torno a 18 veces, la valoración comienza a tentar a algunos inversores value. Sin embargo, la conjunción del ciberataque, el litigio por adicción juvenil, la presión regulatoria global y el enorme desembolso en IA pesa más que el precio atractivo. Hasta que el frente judicial se despeje y la seguridad de los sistemas automatizados quede demostrada, la acción seguirá siendo un péndulo entre el riesgo y la oportunidad.
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