A pesar de lograr un hito técnico sin precedentes para la Fuerza Espacial de EE.UU., Rocket Lab no logra convencer a los inversores. La cotización sigue hundiéndose mientras el sector espacial en su conjunto atraviesa una tormenta vendedora.

La misión VICTUS HAZE demostró una capacidad de respuesta militar que roza lo asombroso: la Electron despegó apenas 16 horas y 42 minutos después de recibir la orden oficial de la U.S. Space Force. Diez horas más rápido que el anterior récord, la misión Victus Nox. El satélite Pioneer, diseñado y fabricado internamente, alcanzó plena operatividad en 37 horas y 36 minutos, muy por debajo del límite de 72 horas impuesto por el Pentágono. Con esta prueba, Rocket Lab consolida su posición como proveedor clave de lanzamientos tácticos rápidos y como socio estratégico en defensa.
Sin embargo, en el parqué la historia fue muy distinta. El lunes, la acción se desplomó un 6% hasta los 88,20 euros, arrastrada por el pánico que cundió en todo el sector tras un batacazo del 16% en SpaceX. Los rumores sobre una emisión de bonos multimillonaria y la creciente preocupación por las necesidades de capital de la compañía de Elon Musk contagiaron a Firefly Aerospace y Redwire, que cedieron entre un 6% y un 9%. Rocket Lab no fue una excepción. Al cierre del lunes, la caída acumulada en 30 días ya era del 27%. El martes, el drenaje continuó: otro 2,49% a la baja, situando el título en 86,00 euros y elevando la pérdida mensual al 29%.
A la presión del sector se suma un goteo constante de ventas por parte de la alta dirección. En los últimos 90 días, los ejecutivos se han desprendido de acciones por un valor neto de 38,5 millones de dólares. El propio consejero jurídico, Arjun Kampani, transfirió un paquete millonario a un fondo de intercambio a mediados de junio. Estas desinversiones siembran dudas adicionales entre los minoristas, que ven cómo los insiders reducen su exposición justo cuando la compañía alcanza hitos operativos.
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En contraste con el castigo bursátil, los fundamentales de Rocket Lab nunca han sido tan sólidos. En el primer trimestre de 2026, los ingresos alcanzaron un récord de 200,3 millones de dólares, un 63,5% más que el año anterior. El margen bruto también marcó un nuevo máximo. La cartera de pedidos asciende a unos 2.200 millones de dólares, y la dirección prevé para el segundo trimestre una facturación de entre 225 y 240 millones.
La cartera de contratos se ha visto reforzada por acuerdos recientes de gran calado: 30 millones de dólares de Anduril para lanzamientos HASTE y un contrato del Departamento de Defensa por 190 millones de dólares que cubre hasta 20 misiones. Estos compromisos consolidan a Rocket Lab como un brazo armado del complejo militar-industrial estadounidense, más allá de su negocio civil.
Desde el punto de vista técnico, la acción se aproxima a territorio de sobreventa. El RSI semanal se sitúa en 41,9, mientras que el precio se desploma un 35% por debajo del máximo de 52 semanas, los 133,80 euros. Sin embargo, el título aún cotiza por encima de la media móvil de 100 sesiones, que actúa como soporte en los 76,27 euros. Si ese nivel cede, el siguiente suelo no está claro.
De cara al futuro, el desarrollo del cohete Neutron avanza según lo previsto. Las pruebas del motor continúan y el primer vuelo sigue programado para 2026. Pero mientras el sentimiento del mercado no cambie, ni los récords militares ni los ingresos récord parecen suficientes para detener la sangría.
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