La encrucijada de Nvidia: el soporte técnico que define el pulso entre el crecimiento y el riesgo financiero
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La encrucijada de Nvidia: el soporte técnico que define el pulso entre el crecimiento y el riesgo financiero

La cotización de Nvidia se encuentra en un momento de definición. El precio de la acción ha caído hasta los 173,24 euros, rozando prácticamente la media móvil de 100 sesiones, situada en los 173,48 euros. Este nivel técnico se ha convertido en el campo de batalla donde se dirime la confianza del mercado en el gigante de los semiconductores. En los últimos siete días, el valor acumula un descenso cercano al 5%, un movimiento que ha borrado unos 250.000 millones de dólares de capitalización bursátil en la sesión del lunes en el Nasdaq, donde el título llegó a desplomarse un 5% hasta los 196,51 dólares.

Imagen tecnológica

Sin embargo, la debilidad del precio no responde únicamente a una corrección técnica. Detrás de este movimiento se esconde una creciente inquietud por el papel que Nvidia ha asumido como financiador de sus propios clientes. Una serie de acuerdos multimillonarios anunciados en los últimos días ha disparado las primas de los seguros de impago (CDS) del grupo hasta máximos históricos, un indicador que los inversores siguen con lupa y que ha llevado a la firma de análisis Societe Generale a señalar que el foco del mercado ya no está en el beneficio por acción, sino en el riesgo crediticio.

Índice de Contenidos
  1. El entramado de financiación que genera dudas
  2. El contrapunto del crecimiento operativo
  3. El dilema de los márgenes y la competencia
  4. Los próximos catalizadores

El entramado de financiación que genera dudas

La controversia se centra en un posible compromiso de Nvidia de garantizar hasta 250.000 millones de dólares para la construcción de un megacentro de datos de OpenAI en Pike County, Ohio, un proyecto cuyos costes totales podrían superar el medio billón de dólares. A esta cifra se suman otros 350.000 millones que la compañía estaría dispuesta a movilizar para la adquisición de sus propios chips por parte de OpenAI, a la que ya ha inyectado 30.000 millones de dólares con anterioridad.

Pero el alcance no termina ahí. Nvidia ha ampliado su presencia en Asia con una alianza con el grupo surcoreano SK Group valorada en más de 500.000 millones de dólares para centros de datos, y ha desembolsado 1.000 millones para convertirse en el tercer mayor accionista de Naver, con un 4,5% del capital. En esta operación participa también el gestor de activos Brookfield, que aportará hasta 9.000 millones de dólares. A todo ello se suma un contrato de arrendamiento a 15 años por hasta 50.000 millones de dólares con Hut 8 para un centro de datos en Texas.

Este entramado ha despertado las alarmas entre analistas e inversores que ven en él un patrón de financiación circular: Nvidia presta el dinero con el que sus clientes compran sus propios procesadores. Figuras como Michael Burry o Jim Chanos han expresado su preocupación, mientras que Jim Cramer ha comparado el modelo con la financiación a proveedores que precipitó el estallido de la burbuja puntocom. El propio Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, ha calificado estas acusaciones de "absurdas". El Fondo Monetario Internacional y el Banco de Pagos Internacionales ya habían advertido previamente sobre los riesgos sistémicos que entrañan estas cadenas de financiación en el sector tecnológico.

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El contrapunto del crecimiento operativo

Pese al ruido en torno a la estructura financiera, los fundamentales del negocio siguen mostrando una salud envidiable. En el primer trimestre del ejercicio fiscal 2027, Nvidia elevó sus ingresos un 85%, hasta los 81.600 millones de dólares, de los cuales 75.200 millones procedieron del negocio de centros de datos. El beneficio por acción alcanzó los 1,87 dólares, y la compañía acumula compromisos de entrega por valor de 119.000 millones de dólares.

El optimismo de los alcistas se apoya en dos pilares. El primero es la irrupción de la llamada "IA soberana", un segmento que ha triplicado sus ingresos hasta los 30.000 millones de dólares en el ejercicio 2026, con países como Canadá, Francia o Singapur tratando la capacidad de cómputo como un activo estratégico nacional. La alianza con Deutsche Telekom para una nube industrial es un ejemplo de esta tendencia. El segundo es la aceleración de la producción del GB300 Grace Blackwell Ultra en la nueva planta de Texas, inaugurada el 21 de julio junto a Wistron, cuyas entregas podrían crecer un 129% interanual.

El dilema de los márgenes y la competencia

La visión bajista, por su parte, se centra en la erosión del margen de beneficios y en la creciente competencia. La acción cotiza un 3,82% por debajo de su media de 50 sesiones, una señal de debilidad a corto plazo. Además, gigantes como Amazon y Google están desarrollando sus propios chips ASIC, lo que podría presionar los precios de las GPU de Nvidia y poner fin a su cuasi monopolio en el segmento de alto rendimiento.

La transición a la nueva arquitectura "Vera Rubin" añade incertidumbre. Cuanto más compleja es la siguiente generación de chips, mayor es el riesgo de problemas de rendimiento o retrasos en las entregas. El margen bruto, que ronda el 75%, es otro punto de atención: cualquier contracción en los próximos informes trimestrales sería interpretada como el fin de la era de poder de fijación de precios sin restricciones. Si la media de 100 sesiones no sostiene el precio, el siguiente soporte se sitúa en la media de 200 sesiones, en los 166,26 euros.

Los próximos catalizadores

El mercado espera ahora las cuentas de los grandes hiperescaladores —Microsoft, Meta y Amazon—, cuyos resultados están previstos para finales de julio y principios de agosto. Si estos gigantes confirman un ritmo de inversión sostenido en el ciclo Blackwell Ultra, Nvidia podría recuperar el nivel de resistencia de los 180,12 euros. Por el contrario, si muestran cautela respecto a la rentabilidad de la inteligencia artificial, la presión vendedora podría intensificarse.

El próximo hito en el calendario de Nvidia son sus propios resultados trimestrales, fijados para el 26 de agosto. Hasta entonces, la acción se mueve en un territorio neutral, con un RSI de 43,8 puntos y un 14,45% por debajo de su máximo de 52 semanas, situado en los 202,50 euros. La distancia hasta el mínimo anual de 139,78 euros marca el margen de caída si el soporte actual cede. En el acumulado de doce meses, el valor aún mantiene un avance del 14,11%, lo que permite interpretar la corrección actual como una pausa dentro de una tendencia alcista aún intacta.

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Laura Fernández Silva

Sobre el autor

Laura Fernández Silva

Analista tecnológica enfocada en innovación digital, comercio electrónico y aplicaciones móviles. Colaboradora habitual en medios especializados del sector tech.

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