SpaceX toca tierra en el Nasdaq este viernes con un precio de salida de 135 dólares por acción y una colocación histórica de 75.000 millones de dólares. La demanda institucional desborda los libros —varias firmas han presentado ofertas de doble dígito en miles de millones—, pero el camino hacia los grandes índices se divide en dos velocidades. Mientras el Nasdaq-100 y el Russell le abren paso en cuestión de días, el S&P 500 le exige esperar al menos un año. Esta brecha define cuándo y cuánto capital pasivo entrará realmente en el valor.

El muro del S&P 500 y la puerta trasera de otros índices
S&P Dow Jones Indices ha sido tajante: no habrá excepción para SpaceX. La compañía deberá cumplir los requisitos estándar, entre ellos un año de cotización continua, rentabilidad positiva y un free float mínimo. Bloomberg Intelligence calcula que una inclusión inmediata en el S&P 500 habría generado unos 14.000 millones de dólares en compras forzadas por parte de fondos pasivos. Ese dinero no llegará hasta, como pronto, mediados de 2027.
En cambio, el Nasdaq-100 estrenó un mecanismo de admisión rápida. Las empresas con capitalización suficientemente alta pueden entrar apenas 15 días hábiles después del debut. FTSE Russell redujo el plazo a solo cinco jornadas bursátiles. MSCI, por su parte, ha activado un procedimiento exprés que incorporará a SpaceX en sus índices globales estándar diez sesiones después del estreno. Los activos bajo gestión que replican esos benchmarks ascienden a unos 5,79 billones de dólares.
Los analistas estiman que la combinación de Nasdaq-100 y Russell podría desencadenar entre 22.000 y 27.000 millones de dólares en adquisiciones automáticas de títulos durante el verano de 2026. Una cifra que contrasta con los 14.000 millones que el S&P 500 habría movido de inmediato, pero que ahora queda pospuesta.
Oferta ajustada, demanda voraz
SpaceX coloca 75.000 millones de dólares en papel a 135 dólares cada uno, pero solo el 7% del capital total estará libremente negociable desde el primer día. Esa escasez de flotante dispara la competencia entre los grandes inversores institucionales. Los bancos colocadores prevén cerrar los libros de órdenes este miércoles, antes de lo habitual, ante el aluvión de peticiones.
Los minoristas no se quedan fuera: hasta un 30% de las acciones ofertadas se reservan para ellos, distribuidas a través de brókeres como Fidelity y Charles Schwab. La fijación definitiva del precio de emisión se producirá el jueves por la noche, y el viernes arranca la negociación ordinaria en el Nasdaq.
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Pérdidas multimillonarias por la integración de xAI
Pese al frenesí comprador, el mercado no adquiere una compañía boyante. En el último ejercicio completo, SpaceX registró una pérdida neta de casi 4.900 millones de dólares sobre unos ingresos de 18.670 millones. En el primer trimestre de 2026, el resultado operativo arrojó un quebranto de 1.900 millones. El principal lastre es xAI, la firma de inteligencia artificial fundada por Elon Musk y fusionada con SpaceX en febrero, que por sí sola aportó 2.500 millones de dólares en pérdidas operativas.
Starlink, el negocio de conectividad satelital, sí genera beneficios: 4.400 millones de dólares de ganancia operativa. Pero el margen no basta para cubrir la ingente inversión en infraestructura de IA que requiere xAI.
Analistas de Morningstar advierten que el valor intrínseco de la acción es menos de la mitad del precio de salida. La desconfianza institucional se materializa en la lista negra del fondo de pensiones danés Akademiker Pension, que ha vetado a SpaceX por valoración excesiva y gobierno corporativo débil. Otros tres grandes fondos de pensiones han criticado la concentración del poder de voto en manos de Musk y los limitados derechos de los accionistas minoritarios.
Veto geopolítico: China y Hong Kong, fuera del juego
La OPV tiene también una dimensión estratégica. Los suscriptores tienen prohibido aceptar órdenes de inversores con sede en China y Hong Kong. La razón son las normas estadounidenses de control de exportaciones —concretamente las International Traffic in Arms Regulations (ITAR)—, que afectan a tecnologías sensibles para la seguridad nacional. SpaceX, con sus satélites de comunicaciones y contratos gubernamentales, está profundamente imbricada en ese perímetro. La compañía ha bloqueado el acceso a sus páginas web desde Hong Kong y Shanghái.
Terafab: el gran proyecto que aterriza en plena salida a bolsa
En paralelo al estreno bursátil, SpaceX y Tesla ultiman junto a Intel un gigantesco proyecto de semiconductores bautizado como Terafab. La planta, situada cerca del Giga Texas en Austin, fabricará chips de clase 2 nanómetros basados en el proceso 14A de Intel. La inversión inicial asciende a 55.000 millones de dólares, con un potencial total de hasta 119.000 millones, según un acta de audiencia del estado de Texas.
Elon Musk presentará Terafab el 11 y 12 de junio en una conferencia interna de ASML —justo los días en que se fija el precio definitivo de la OPV. El proyecto incluye un centro de datos orbital alimentado por energía solar, con una fábrica de paneles solares en Texas para suministrar electricidad a los servidores espaciales de IA que SpaceX planea desplegar.
La cotización arrancará el 12 de junio. Hasta entonces, el mercado digiere un cóctel de euforia, escepticismo y realidades geopolíticas que convierten este estreno en uno de los más complejos de la historia de Wall Street.
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