El sector de la computación cuántica vive un cisma. Mientras D-Wave Quantum despliega su ambiciosa hoja de ruta hasta 2032, la llegada de un rival de peso al parqué neoyorquino ha desatado una fuga de capitales que castiga sus acciones. En siete días, los títulos de la compañía han cedido casi un 7%, presionados por el apetito inversor hacia Quantinuum, cuyo debut en el Nasdaq ha succionado 1.680 millones de dólares a 60 dólares por acción, valorando la firma en unos 14.000 millones. Honeywell retiene cerca de la mitad de los derechos de voto del nuevo jugador.

El drenaje no oculta, sin embargo, los planes a largo plazo de D-Wave. La empresa ha presentado un calendario que aspira a llevar la tecnología cuántica a la madurez comercial. Este mismo año arrancará con un sistema de 17 qúbits físicos, escalando progresivamente hasta las 181 unidades en 2028. El objetivo final, para 2032, son 100 qúbits lógicos. El núcleo del avance reside en la corrección de errores: las nuevas arquitecturas prometen detectar alrededor del 90% de los fallos en qúbits individuales y alcanzar un 99,9% de precisión en operaciones de dos qúbits.
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La estrategia de D-Wave avanza sobre dos raíles. Los sistemas de annealing, ya operativos para problemas de optimización, conviven con la nueva hoja de ruta de puertas lógicas, que abre la puerta a la química cuántica y la inteligencia artificial. La reciente adquisición de Quantum Circuits Inc. acelera esa incursión en la computación universal. El potencial económico es tangible: una encuesta entre grandes empresas británicas revela que el 41% espera un beneficio superior a 100 millones de libras gracias a la computación cuántica.
Pero los números del presente no acompañan. En el primer trimestre, los ingresos de D-Wave se desplomaron un 81%, hasta los 2,9 millones de dólares. Para la segunda mitad de 2026, sin embargo, existen obligaciones de ejecución fija por valor de 42,4 millones de dólares, una cartera de pedidos que deberá traducirse en facturación real si la compañía quiere plantar cara a la sombra creciente de Quantinuum. El respaldo público también asoma: el Departamento de Comercio de EE. UU. ha firmado una carta de intenciones para adquirir acciones de D-Wave por hasta 100 millones de dólares.
Pese al reciente varapalo bursátil, los analistas mantienen el optimismo. B. Riley y Roth Capital han elevado sus precios objetivo hasta 40 dólares, mientras Rosenblatt sitúa el valor justo en 43 dólares. La acción cerró el jueves a 23,84 euros, aunque el viernes se negociaba en torno a 23,55 euros. En doce meses acumula una ganancia cercana al 66%, pero aún cotiza un 39% por debajo de su máximo anual de 38,48 euros. La volatilidad anualizada supera el 132%, y el soporte técnico de la media de 200 sesiones (20,66 euros) se mantiene como referencia clave. Mientras el mercado digiere la irrupción de Quantinuum, la hoja de ruta de los 181 qúbits y los contratos comprometidos marcan el pulso de una empresa que apuesta todo al futuro cuántico.
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