La paciencia de los accionistas de BYD se pone a prueba esta semana. El 11 de junio la acción cotizará sin derecho al dividendo, una cita que en circunstancias normales pasaría casi desapercibida pero que este año adquiere un tono agridulce. Horas antes del vencimiento, el título cerró en 9,84 euros, apenas un 3,5% por encima de su mínimo de 52 semanas (9,51 euros). En doce meses, el desplome acumulado alcanza el 78%.

La sombra que proyecta ese derrumbe bursátil tiene un origen claro: el primer trimestre de 2026 arrojó el peor resultado trimestral del grupo en años. El beneficio neto se desplomó un 55%, hasta los 597 millones de dólares. El margen de ganancia se redujo al 3,5%, frente al nivel del año anterior. La causa inmediata está en Pekín: el Gobierno recortó a la mitad los incentivos fiscales para vehículos eléctricos, lo que provocó un adelanto masivo de pedidos al cierre de 2025. A eso se suma una guerra de precios sin tregua con rivales como Xiaomi y la marca Aito de Huawei.
Sin embargo, la fotografía operativa del grupo no es tan sombría como la financiera. En mayo, BYD entregó más de 383.000 vehículos, una cifra que rompe la racha de ocho meses de estancamiento. Lo más llamativo es el salto exportador: 160.000 unidades salieron al exterior, un récord histórico. El peso de los mercados internacionales ya supera el 40% de las ventas mensuales. La dirección ha elevado el objetivo de exportación para 2026 a 1,5 millones de vehículos.
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Esa apuesta exterior es el principal argumento de los analistas para mantener la confianza. El consenso de mercado situó recientemente el precio objetivo en 177 dólares de Hong Kong. CITIC Securities reiteró su recomendación de compra con un objetivo de 130 dólares de Hong Kong, al considerar que el ajuste en los volúmenes mayoristas globales está tocando fondo. Sin embargo, las cuentas anuales añaden más presión: el beneficio neto de 2025 cayó un 20%, hasta 32.600 millones de renminbi, lastrado por un cuarto trimestre que registró un descenso del 38%.
La competencia tecnológica se perfila como la tabla de salvación a medio plazo. BYD planea iniciar la producción en pequeña serie de baterías de estado sólido en 2027 y alcanzar la fabricación en masa en 2030. Las nuevas celdas prometen autonomías superiores a los 1.000 kilómetros y una recarga del 80% en apenas diez minutos. El jefe científico, Lian Yubo, reconoce que el desarrollo está en una fase crítica. Primero se instalarán en la gama premium Yangwang, y desde 2030 se extenderán a unos 40.000 vehículos de las series más asequibles. SAIC Motor y Changan también han fijado 2027 como año de lanzamiento, por lo que la carrera es contrarreloj.
El corto plazo, no obstante, depende de un factor más mundano: la capacidad de BYD para recuperar margen en China mientras el negocio exterior gana tracción. El grupo invierte con fuerza en nuevos modelos y en la expansión internacional, lo que comprime la rentabilidad. Hasta que los costes de esa ofensiva se diluyan, la acción seguirá bailando al son de las cifras de exportación y de la evolución del precio del yuan. El dividendo del 11 de junio será apenas un respiro en medio de la tormenta.
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