Broadcom ha completado una de las semanas más convulsas de su historia reciente. La compañía presentó unos resultados trimestrales récord, con ingresos de 22.200 millones de dólares en el segundo trimestre fiscal de 2026 —un 48% más que el año anterior—, pero la reacción del mercado fue un desplome de dos dígitos que borró cerca de 280.000 millones de dólares de capitalización en una sola jornada. El detonante no fueron las cifras, sino la clarificación estratégica de su consejero delegado, Hock Tan, sobre el negocio de inteligencia artificial.

Tan fue contundente en la conferencia con analistas: Broadcom será exclusivamente un proveedor de chips personalizados y dejará de ofrecer sistemas integrados completos para centros de datos. "No racks. It is all a chip business only. We only chips. Only chips", llegó a decir, corrigiendo expectativas anteriores que algunos inversores habían dado por descontadas. Esa declaración, unida a la decisión de no elevar el objetivo de ingresos de IA para 2027 —más de 100.000 millones de dólares, sin cambios—, bastó para que el título perdiera un 15% el jueves y otro 6,61% el viernes. El cierre semanal se situó en 336,75 euros, un 21% por debajo del máximo de 52 semanas de 429,60 euros alcanzado el 3 de junio.
El segmento estrella, los semiconductores para IA, generó 10.800 millones de dólares en el trimestre, triplicando la cifra del año anterior. Para el tercer trimestre, la dirección prevé que estos ingresos asciendan a 16.000 millones de dólares, lo que supone más de un 200% de crecimiento interanual. Sin embargo, los analistas habían modelado una cifra superior, en torno a 17.200 millones. Ese desfase de algo más de 1.200 millones de dólares, junto con la contención de las perspectivas a largo plazo, desencadenó las ventas.
El golpe fue especialmente duro porque Broadcom venía de una racha alcista prolongada. Desde enero, el valor acumulaba una revalorización de casi el 14% —aún la mantiene— y el optimismo en torno a la IA había llevado las expectativas a niveles muy altos. Además, el margen bruto del tercer trimestre se situará en el 74%, frente al 77,1% del trimestre anterior, algo que el management atribuye al mayor peso de los chips de IA en el mix de producto.
Macquarie rompe el consenso y pone el foco en Google
La mayoría de las grandes firmas de Wall Street aprovecharon el desplome para actualizar sus valoraciones al alza. Jefferies elevó su precio objetivo a 550 dólares, JPMorgan a 580 (con Broadcom como 'top pick' en semiconductores), Mizuho a 530, Deutsche Bank a 515, Goldman Sachs a 525 y Morgan Stanley a 502. De los 47 analistas recogidos por S&P Global, el rating sigue siendo de 'compra fuerte' con un precio objetivo medio de 511 dólares.
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Sin embargo, Macquarie tomó la dirección opuesta. La firma rebajó la recomendación de 'outperform' a 'neutral' y recortó su precio objetivo un 15%, hasta 437 dólares. Su argumento central es la creciente dependencia de Broadcom de Google —uno de sus seis clientes principales de chips personalizados, junto a Anthropic, Meta y OpenAI— y el riesgo de que el gigante de internet desarrolle sus propias capacidades. Macquarie estima que la cuota de Broadcom en los ingresos relacionados con los TPU de Google pasará del 95% en 2026 al 80% en 2027 y al 65% en 2028, al tiempo que Google colabora con MediaTek. Para ese último ejercicio, la firma recortó sus previsiones de beneficio por acción un 21%.
Pese a la sombra de ese downgrade, el consenso mayoritario sigue viendo el castigo como una corrección pasajera. Los datos históricos respaldan esa tesis: tras caídas diarias superiores al 6%, la rentabilidad mediana de Broadcom fue del 8% al cabo de un mes, del 20% en tres meses y del 35% en seis meses.
Una cartera de pedidos que mira a 2027
Más allá del ruido bursátil, los fundamentales del negocio se mantienen sólidos. La cartera de pedidos de chips de IA triplica los ingresos trimestrales actuales. Los contratos a largo plazo con grandes hiperescaladores como Google, Meta y OpenAI generan visibilidad hasta bien entrada la segunda mitad de la década, con despliegues masivos previstos a partir del ejercicio 2027.
El beneficio neto del segundo trimestre alcanzó los 9.310 millones de dólares, un 88% más interanual, y el EBITDA ajustado se situó en 15.200 millones, también récord. La división de software de infraestructuras, impulsada por VMware, anticipa unos ingresos de 8.900 millones en el tercer trimestre, un 31% más que el año anterior.
Técnicamente, la acción cotiza ahora ligeramente por debajo de su media móvil de 50 días (340,86 euros) y el RSI se encuentra en 41, rozando el territorio de sobreventa. La próxima cita clave será la presentación de resultados del tercer trimestre fiscal, prevista para septiembre de 2026. Allí se verá si la guía de 16.000 millones de dólares en chips de IA se cumple y si el modelo de 'solo chips' es capaz de generar los márgenes que el mercado exige. Por ahora, el debate está abierto: para unos es el precio del siguiente salto de crecimiento; para Macquarie, una advertencia de que la dependencia de un solo gran cliente puede pasar factura.
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