Broadcom presentó unos resultados trimestrales brillantes, con ingresos récord y un crecimiento explosivo de su negocio de inteligencia artificial. La reacción del mercado, sin embargo, fue todo lo contrario: en una sola sesión del 4 de junio la acción se desplomó más de un 15%, y al cierre del viernes acumulaba una caída semanal del 12,25%, hasta los 336,75 euros. El papel se sitúa un 21,6% por debajo de su máximo de 52 semanas, los 429,60 euros alcanzados el 3 de junio. La paradoja no es casual: los inversores pedían más, y el mensaje de la compañía no colmó sus expectativas.

Los números del segundo trimestre fiscal de 2026 hablan por sí solos. Los ingresos totales alcanzaron los 22.180 millones de dólares, un 48% más que en el mismo periodo del año anterior. El beneficio ajustado por acción se situó en 2,44 dólares, superando las previsiones de los analistas. El motor fue el negocio de chips para IA, que disparó sus ventas un 143% hasta los 10.800 millones de dólares. Para el tercer trimestre, el consejero delegado Hock Tan anticipa un salto aún mayor: los ingresos por chips de IA crecerán más de un 200%, hasta los 16.000 millones de dólares, mientras que el total del grupo rondaría los 29.400 millones, también por encima del consenso.
Sin embargo, la explosión de cifras no fue suficiente. Tan optó por mantener sin cambios los objetivos plurianuales para el negocio de IA: 56.000 millones de dólares para el ejercicio 2026 y más de 100.000 millones para 2027. La ausencia de una revisión al alza decepcionó a muchos inversores, que esperaban una guía más agresiva tras la fuerte revalorización previa de la acción. A ello se sumó un anuncio estratégico: Broadcom suministrará a partir de ahora únicamente chips, y no sistemas completos. El mercado lo interpretó como un techo a corto plazo.
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El segundo factor de presión llegó desde el bando de los clientes. La firma de inversión Macquarie rebajó la calificación de Broadcom de "sobreponderar" a "neutral" y redujo su precio objetivo a 437 dólares. El analista Arthur Lai justificó la decisión por el giro de Alphabet, que ha decidido producir sus propias unidades de procesamiento tensorial (TPU) en colaboración con MediaTek. Según sus cálculos, la participación de Broadcom en los TPU de Google caerá del 95% estimado para 2026 al 65% en 2028. Una pérdida de peso que, pese a ser gradual, inquieta a los inversores.
No obstante, el castigo bursátil no ha sido unánime entre los analistas. Varias grandes firmas aprovecharon el desplome para actualizar al alza sus valoraciones. JPMorgan elevó el precio objetivo de 500 a 580 dólares y mantuvo a Broadcom como "valor favorito". Jefferies lo subió a 550 dólares, Mizuho de 480 a 530, y Deutsche Bank a 515. El argumento del bando alcista es que Broadcom ya atiende a seis grandes clientes de chips personalizados, entre ellos Anthropic, Meta y OpenAI. En el segundo trimestre, la compañía registró pedidos de IA por valor de 30.000 millones de dólares. La corrección, según estos expertos, responde más a un reajuste de expectativas que a un deterioro fundamental.
Desde una perspectiva técnica, la acción cotiza por debajo de su media de 50 sesiones y el RSI se ha enfriado hasta 41, cerca del territorio de sobreventa. El desplome arrastró a todo el sector: el índice PHLX Semiconductor cayó más de un 10%, su mayor descenso diario desde marzo de 2020. Nvidia, Micron y TSMC también sufrieron. En lo que va de año, Broadcom aún sube un 13,5%, y en términos interanuales acumula una ganancia del 48%.
Ahora, la atención se centra en la capacidad de Broadcom para compensar la previsible pérdida de peso de Google con los nuevos contratos de Meta, OpenAI y otros gigantes. El mercado ha hablado, y el veredicto provisional es que, sin una guía más ambiciosa y con un cliente clave reduciendo su dependencia, el brillo de los números no basta. El próximo test, con los resultados del tercer trimestre, será la prueba de fuego para confirmar si la diversificación de cartera es suficiente para sostener la narrativa de crecimiento ilimitado.
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