Amazon apuesta 40.000 millones por la inteligencia artificial mientras el coste de su asistente secreto divide a la cúpula directiva
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Amazon apuesta 40.000 millones por la inteligencia artificial mientras el coste de su asistente secreto divide a la cúpula directiva

Amazon ha movido ficha en los mercados de capitales con una emisión de bonos que, según distintas fuentes, ronda los 40.000 millones de dólares. El objetivo declarado es financiar la expansión de centros de datos e infraestructura para inteligencia artificial, pero internamente el desembolso no está exento de controversia. Documentos internos filtrados revelan que el proyecto «Moonraker», destinado a convertir Alexa en un agente de IA autónomo, ya ha consumido más de 100 millones de dólares solo en chips este año. Varios altos directivos han planteado reducirlo o retrasarlo para proteger los márgenes.

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La cotización cerró el viernes en 214,85 euros, con un descenso del 0,62% frente a la jornada anterior. En el acumulado semanal, el avance es del 1,11%; en el último mes, del 4,19%; y desde enero, la subida alcanza el 11,14%. El título se mueve en una banda de consolidación: un 9,75% por debajo del máximo de 52 semanas (238,05 euros, alcanzado en mayo) y un 29,52% por encima del mínimo de febrero (165,88 euros). La media de 50 sesiones se sitúa en 219,02 euros y la de 200 sesiones en 201,09 euros, mientras que el RSI marca 52,6, en terreno neutral.

El músculo financiero de Amazon descansa en gran medida en Amazon Web Services. En el primer trimestre de 2026, la división cloud ingresó un 28% más que un año antes —el avance más rápido en quince trimestres—, lo que arroja un ritmo anualizado de unos 150.000 millones de dólares. AWS generó un beneficio operativo de 14.200 millones con un margen del 37,7%. A nivel de grupo, los ingresos totales crecieron un 17%, hasta 181.500 millones, y el resultado operativo alcanzó los 23.900 millones, con un margen récord del 13,1%.

Para 2026, los analistas prevén inversiones de capital cercanas a los 200.000 millones de dólares, frente a los 132.000 millones del ejercicio anterior. La agencia Fitch ha asignado una calificación AA- a los nuevos bonos no garantizados de Amazon, con la advertencia de que el agresivo ciclo inversor podría generar un flujo de caja libre negativo a corto plazo. Aun así, estima que el EBITDA se situará en torno a los 160.000 millones este año.

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La confianza de Wall Street se mantiene intacta. Goldman Sachs ha elevado su precio objetivo de 325 a 335 dólares y reitera «comprar». Needham lo fija en 300 dólares y TD Cowen en 340, todos con recomendación positiva. La próxima cita con los resultados será el 30 de julio, tras el cierre de Wall Street. El consenso espera unos ingresos de aproximadamente 196.000 millones de dólares y un beneficio por acción de 1,82 dólares. El Prime Day, que este año se celebró durante el segundo trimestre, habría generado un gasto récord de 26.400 millones, lo que ofrece cierto colchón a las cuentas.

En el frente legal, los consumidores estadounidenses tienen hasta finales de julio para reclamar su parte del acuerdo de 2.500 millones de dólares con la FTC, que puede devolver hasta 51 dólares por persona a quienes denuncien prácticas engañosas en las suscripciones a Prime. En Australia, la autoridad de competencia ACCC ha demandado a Amazon AU por cláusulas contractuales abusivas relacionadas con la publicidad en Prime Video.

El proyecto Moonraker ejemplifica el dilema estratégico de Amazon. Convertir a Alexa en un agente autónomo capaz de ejecutar tareas complejas —como reservar un vehículo y avisar a un contacto al mismo tiempo— requiere una potencia de cálculo ingente. Los más de 100 millones de dólares ya gastados en chips reflejan la magnitud del reto. Algunos ejecutivos temen que, si el desembolso no se traduce pronto en ingresos adicionales, el impacto en los márgenes del grupo pueda ser significativo.

Con todo, la dirección parece decidida a no aflojar el ritmo. La emisión de bonos, sumada a la solidez de AWS y al potencial de los nuevos servicios de IA, dibuja una hoja de ruta en la que el endeudamiento actual se justifica como inversión para una rentabilidad futura. Las cuentas del 30 de julio serán la primera prueba de si esa apuesta comienza a dar frutos o si la presión sobre la caja sigue pesando más que las promesas de crecimiento.

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Javier Martínez González

Sobre el autor

Javier Martínez González

Ingeniero de software convertido en escritor tecnológico. Analiza las últimas tendencias en hardware, software empresarial y computación en la nube.

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