La calma ha regresado al parqué de SpaceX con una contundencia que pocos esperaban. Tras el desplome que llevó al título a mínimos anuales el pasado lunes, el mercado ha dado un giro de 180 grados: la acción cotiza este viernes en el entorno de los 113,52 euros en el mercado alemán, con una revalorización intradía superior al 14%, y acumula una recuperación semanal cercana al 21%. Lo más llamativo, sin embargo, no es el rebote en sí, sino lo que está ocurriendo en el mercado de opciones, donde los grandes jugadores institucionales han comenzado a posicionarse con una convicción inusitada.

El termómetro del mercado de derivados
Los movimientos en el segmento de opciones sobre SpaceX (SPCX) dibujan un escenario que los operadores veteranos interpretan como una clara señal de que lo peor ha quedado atrás. En las últimas sesiones han cambiado de manos opciones por un valor aproximado de 600 millones de dólares, de los cuales 316 millones correspondieron a puts. El detalle que más ha llamado la atención de los especialistas es que 166 millones de dólares de esa cifra procedían de ventas de puts, una operativa que sugiere que los inversores están dispuestos a comprar acciones si el precio cae, más que a protegerse ante nuevas caídas.
Dos transacciones destacan por su tamaño. En la primera, un operador vendió puts con precio de ejercicio de 90 dólares por 12 millones de dólares y, simultáneamente, adquirió calls a 220 dólares por 4,3 millones, con vencimiento en junio de 2027. La segunda combinación implicó la venta de puts a 75 dólares por 3,5 millones y la compra de calls a 185 dólares por 5 millones, con vencimiento en enero de 2028. Estas estructuras, conocidas como risk reversals, representan la apuesta clásica de quien espera que el precio encuentre un suelo sólido a medio plazo. A ello se suma que la volatilidad implícita ha caído a su nivel más bajo desde finales de junio, otro indicador de que el pánico vendedor se ha disipado.
El doble catalizador de la semana
La base de este optimismo hay que buscarla en dos acontecimientos que han marcado la semana. El martes, SpaceX presentó sus primeros resultados trimestrales como compañía cotizada, y desde entonces el título acumula una subida del 4,3%. Pero el verdadero punto de inflexión llegó ayer, cuando expiró el periodo de bloqueo (lockup) que impedía a los insiders vender sus acciones. En teoría, la liberación de aproximadamente 911,5 millones de títulos valorados en unos 100.000 millones de dólares podría haber desatado una avalancha vendedora. Sucedió todo lo contrario: en lugar de presión bajista, se desató una ola compradora que ha elevado el precio un 14% desde entonces.
Las cifras del segundo trimestre explican en buena medida esta reacción. Los ingresos alcanzaron los 7.800 millones de dólares, un 92% más que en el mismo periodo del año anterior y por encima de los 6.900 millones que esperaba el consenso de Wall Street. La base de abonados de Starlink se duplicó hasta los 12 millones. La pérdida neta se redujo a 541 millones de dólares, o 9 centavos por acción, frente a los 1.000 millones del año anterior, y se situó muy por debajo del rango que manejaban los analistas, que iba de una pérdida de 1,26 dólares por título a un beneficio de 33 centavos. El EBITDA ajustado casi se triplicó hasta los 3.500 millones de dólares. El director financiero, Bret Johnsen, aseguró que la compañía va camino de alcanzar una tasa de ingresos recurrentes anualizados de 100.000 millones de dólares a finales de año.
La apuesta por la inteligencia artificial
Detrás de estas cifras se esconde una estrategia agresiva en el negocio de la inteligencia artificial que ha despertado tanto entusiasmo como escepticismo. SpaceX ha anunciado contratos de IA por valor de 14.100 millones de dólares. Con Nvidia desarrollará, bajo el nombre de Starmind AI1, una carga útil de computación satelital equipada con GPUs Rubin y CPUs Vera para ejecutar modelos de IA directamente en órbita. Con Google ha sellado un acuerdo de suministro de capacidad de IA que debería generar unos 920 millones de dólares mensuales. Anthropic se ha asegurado toda la capacidad de cómputo del centro de datos Colossus-1 en Memphis, mientras que la firma Reflection AI pagará 150 millones de dólares al mes por acceder a los chips más avanzados de Nvidia.
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Los críticos, no obstante, señalan que estas inversiones tienen un coste elevado: los 18.370 millones de dólares destinados a infraestructura de IA han llevado a la compañía a registrar un flujo de caja libre negativo. Los ingresos del segmento de IA, eso sí, crecieron un 247% interanual y han aportado por primera vez un EBITDA ajustado positivo, después de que el año pasado esta división arrojara pérdidas.
La agenda operativa no se detiene
Mientras los inversores digieren los números, la maquinaria operativa de SpaceX sigue a pleno rendimiento. El miércoles, una Falcon 9 despegó desde Cabo Cañaveral con tres satélites Direct-to-Cell de AST SpaceMobile, y su primera etapa aterrizó por trigésima vez en el dronepuerto "A Shortfall of Gravitas". Fue el vuelo número 90 de la Falcon 9 en lo que va de año. Esa misma jornada, una segunda etapa de la Falcon 9 impactó contra la Luna a unos 5.400 millas por hora, un fenómeno que los astrónomos siguieron con atención.
La próxima gran cita es Starship. Elon Musk anunció el martes que el vuelo 14 llevará por primera vez cargas útiles operativas a órbita, tentativamente a finales de agosto y sujeto a la aprobación regulatoria. En el vuelo posterior, la compañía intentará capturar el Ship con la torre de lanzamiento. Musk se mostró ambicioso respecto a la cadencia futura: en aproximadamente un año espera al menos un lanzamiento diario, quizás más.
El debate sobre el precio justo
Los analistas se han apresurado a actualizar sus valoraciones. Argus Research elevó este viernes su recomendación desde Hold hasta Buy, con un precio objetivo de 160 dólares, argumentando que las inversiones millonarias en IA deberían dar frutos a largo plazo y que no conviene apostar contra Elon Musk. En Morgan Stanley, Adam Jonas ve en el fin del lockup una oportunidad de entrada y califica a SpaceX como un potencial "compounder generacional", con un objetivo de 300 dólares. Bernstein sitúa su meta en 248 dólares y Citi en 200. El consenso de los analistas ronda los 232 dólares, claramente por encima de las cotizaciones actuales en el Nasdaq.
Conviene recordar, no obstante, que el título sigue un 42,61% por debajo de su máximo de 52 semanas, los 194,46 dólares alcanzados en junio, y que la volatilidad a 30 días se mantiene elevada, en el 84,59%.
Más desbloqueos en el horizonte
La expiración del primer lockup no es, ni mucho menos, el final del camino. El 20 de agosto se liberarán otros 319 millones de acciones; el 9 de septiembre, otros 319 millones; el 10 de septiembre, 59 millones; y el 24 de septiembre, 328 millones adicionales. Para el 8 de diciembre, se espera que más de 4.600 millones de acciones estén en circulación libre. Las participaciones de Elon Musk permanecerán bloqueadas hasta junio de 2027.
Los inversores institucionales, lejos de amedrentarse, parecen ver oportunidades. El fondo soberano Temasek, por ejemplo, posee 9,8 millones de acciones de SpaceX valoradas en unos 1.260 millones de dólares. Las próximas fechas de liberación de títulos se convertirán así en la prueba definitiva para confirmar si la tesis de que el suelo ya está formado, que los operadores de opciones parecen dar por descontada, se sostiene ante la nueva oferta de papel que se avecina.
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