SpaceX ha presentado este 15 de julio el nuevo terminal Starlink V5 para el hogar, un kit que reduce a la mitad el peso de su predecesor y recorta drásticamente el consumo energético. Sin embargo, el mercado ha recibido la novedad con absoluta indiferencia: la acción cotiza en mínimos de 52 semanas, ha perforado por primera vez el precio de emisión de los 135 dólares y acumula una caída del 39% desde su récord histórico. La contradicción entre el avance tecnológico y el castigo bursátil no podría ser más evidente.

El V5 mide 384 x 306 x 34 milímetros y pesa solo 1,1 kilogramos, menos de la mitad que el V4. Su consumo se sitúa entre 35 y 50 vatios, lo que lo convierte en una opción mucho más viable para instalaciones aisladas o alimentadas con energía solar. A pesar del tamaño reducido, SpaceX promete velocidades máximas superiores a 375 Mbit/s, acompañadas de un router Wi-Fi 6 en miniatura con cobertura de hasta 2.200 metros cuadrados y capacidad para conectar 235 dispositivos simultáneamente. Un LED integrado facilita la instalación en entornos oscuros.
El lanzamiento del V5 coincide con una fase de expansión acelerada de la constelación Starlink, que ya suma más de 10.400 satélites en órbita desde su inicio en 2019. La red presta servicio a millones de usuarios en aproximadamente 160 países, centrándose en regiones remotas, embarcaciones y zonas con infraestructura deficiente. La portabilidad y la eficiencia del nuevo kit buscan precisamente ensanchar esa base de clientes.
Pero en el parqué el panorama es muy distinto. Según distintas fuentes, el cierre del miércoles se situó en 117,82 euros, mientras que otros datos apuntan a 118,56 euros, un descenso del 0,59% respecto a la jornada anterior. En siete días la acción ha perdido entre un 8,60% y un 11,55%, según la referencia que se tome, y en el último mes la caída oscila entre el 28,60% y el 32,24%. El 52‑semanas alto de 194,46 euros, alcanzado el 16 de junio de 2026, queda ahora un 39,03%‑39,41% por encima. El mínimo de 115,70 euros, marcado el día anterior, está a solo un 1,83%‑2,47% de distancia. El RSI de 14 días se mueve entre 39,2 y 39,6, señal de una zona potencialmente sobrevendida, mientras que la volatilidad anualizada a 30 días ronda el 95,6%, reflejo de la extrema nerviosidad que rodea al título.
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El derrumbe ha cobrado especial relevancia simbólica al traspasar a la baja el precio de salida a bolsa de 135 dólares (unos 118 euros al cambio). La OPV de mediados de junio, la mayor de la historia con unos ingresos de 86.000 millones de dólares, despegó a 150 dólares y llegó a un pico intradía de 225,64 dólares el 16 de junio. Desde entonces, la capitalización bursátil ha pasado de casi tres billones de dólares a aproximadamente 1,8 billones, según cálculos de BigGo Finance, lo que supone una pérdida de valor cercana a 831.000 millones. La inclusión en el Nasdaq‑100 el 7 de julio no logró frenar la tendencia.
El próximo gran escollo será el vencimiento del periodo de lock‑up. Según Benzinga, el 20% de las acciones previas a la OPV quedarán liberadas tras la presentación de resultados del segundo trimestre, prevista para el 6 de agosto. Para principios de septiembre, la cifra podría alcanzar el 44%, lo que multiplicaría por nueve la oferta flotante actual. Una cláusula adicional establece que otro 10% se liberará si la acción cierra por encima de 175,50 dólares durante cinco de diez sesiones consecutivas. Los inversores también siguen de cerca los números de 2025: ingresos de 18.600 millones de dólares y pérdida neta de 4.900 millones. El analista Gary Black, de Future Fund, estima que la rentabilidad no llegará hasta 2027. El título cotiza a 47 veces las ventas esperadas y 110 veces el EBITDA.
Pese al desplome, la mayoría de los analistas de Wall Street mantienen el optimismo. Veintiséis casas recomiendan comprar, con un precio objetivo medio a doce meses de 242,22 dólares. Deutsche Bank reitera su consejo de compra con un objetivo de 255 dólares, atribuyendo la caída a la disipación del hype inicial más que a problemas fundamentales. Evercore ISI arranca cobertura con outperform y 230 dólares, proyectando un crecimiento anual del 106% en ingresos y del 157% en EBITDA hasta 2028. Cantor Fitzgerald sitúa su objetivo en 246 dólares, Goldman Sachs en 205 y UBS en 210. En el lado escéptico, MoffettNathanson es neutral con 131 dólares, y CFRA recomienda vender con un objetivo de 115. Raymond James, en cambio, ve un potencial alcista superior al 470%.
A muy corto plazo, la atención se centra en el decimotercer vuelo de prueba del Starship, programado para el 16 de julio. La FAA cerró la investigación del fallido duodécimo vuelo del 22 de mayo el pasado 13 de julio, atribuyendo el problema a efectos térmicos y alarmas erróneas del motor que impidieron el reencendido de cinco de los 33 motores Raptor. El vuelo 13 aspira a desplegar por primera vez 20 satélites Starlink V3 operativos y probar el reencendido en órbita de un Raptor de vacío, un hito clave para futuras misiones orbitales. El Booster 20 superó una prueba estática el 10 de julio y el Ship 40 lo hizo el 2 de julio. El éxito o fracaso de la misión podría determinar si la confianza de los inversores logra estabilizarse tras la perforación del precio de salida a bolsa.
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