La cotización de SpaceX ha recuperado esta semana un hito simbólico que había perdido a principios de julio: una capitalización bursátil de dos billones de dólares. El jueves, las acciones del gigante aeroespacial se revalorizaron un 6,4% hasta los 149,74 dólares, un movimiento que contrasta con la aparente indiferencia del mercado ante la postergación de la misión tripulada Crew-13.

Y es que el anuncio de la NASA y SpaceX sobre el aplazamiento del lanzamiento —provocado por una fuga en el sistema de oxidante del propulsor de la cápsula Dragon, detectada durante los preparativos— no ha alterado el ánimo inversor. El viernes, en el parqué alemán, el título cotizaba a 129,84 euros, un 0,8% por encima del cierre previo de 128,80 euros. En el acumulado semanal, la subida alcanza el 6,3%, mientras que en los últimos treinta días la revalorización ronda el 39%.
La apuesta de Oppenheimer reaviva el debate sobre la transformación hacia la IA
El detonante del último envión alcista hay que buscarlo en la firma Oppenheimer. Su analista Timothy Horan ha elevado el precio objetivo de 250 a 280 dólares por acción, lo que implica un potencial de revalorización cercano al 85% desde los niveles actuales. Horan sitúa explícitamente a SpaceX como uno de los grandes beneficiarios de la escasez mundial de capacidad de cómputo, una narrativa que gana enteros a medida que la compañía acelera su metamorfosis de constructor de cohetes a proveedor de infraestructura para inteligencia artificial.
El consenso del mercado, no obstante, se sitúa muy por debajo de esa cifra, en torno a los 225 dólares, mientras que JPMorgan considera que el valor razonable ronda los 240 dólares. La horquilla entre las distintas casas de análisis no puede ser más elocuente sobre el grado de incertidumbre que rodea al valor: Raymond James maneja un objetivo de 800 dólares, mientras que Morningstar lo fija en unos modestos 63 dólares.
Horan ha revisado al alza en aproximadamente un 10% sus previsiones de ingresos a largo plazo para el negocio de inteligencia artificial, y califica de "transformadora" la adquisición de la firma de software Cursor. Según los documentos del S-1, este giro estratégico hacia la IA representaría ya cerca del 93% del mercado total direccionable, estimado en 28,5 billones de dólares.
El apetito surcoreano y la factura de la transformación
Mientras Wall Street digiere estas cifras, hay un dato que llama poderosamente la atención: el comportamiento de los inversores minoristas surcoreanos. Entre principios de agosto y principios de septiembre, destinaron un flujo neto de 333,64 millones de dólares a la acción, más que a cualquier otro valor extranjero. Desde SK Securities justifican este interés con unas proyecciones que invitan al optimismo: esperan que SpaceX genere unos ingresos de 43.600 millones de dólares en 2026, lo que supondría un avance del 133,5%, con el segmento de IA creciendo a un ritmo del 564,6% hasta alcanzar los 21.300 millones.
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La otra cara de la moneda la pintan los críticos, que ponen el foco en el colosal desembolso que exige esta transformación. Solo en el segundo trimestre, la compañía destinó 15.830 millones de dólares a inversiones relacionadas con inteligencia artificial, frente a los 749 millones del mismo periodo del año anterior, todo ello con unas pérdidas operativas de 1.260 millones de dólares. Desde los máximos históricos, SpaceX ha llegado a perder más de 1,2 billones de dólares de capitalización, por lo que la actual recuperación no deja de ser un paso parcial.
El calendario operativo no se detiene
Mientras la Crew-13 espera un nuevo hueco en la agenda, el negocio de lanzamientos comerciales sigue su ritmo imparable. El martes, una Falcon 9 despegó desde la base de Vandenberg con 27 satélites Starlink V2-Mini a bordo, en lo que supuso la misión Starlink número 79 y el 104º lanzamiento orbital de la compañía en lo que va de año. Está previsto que el 6 de septiembre se produzcan dos nuevos lanzamientos desde esa misma instalación, después de que el pasado 1 de septiembre otra misión concluyera con éxito.
La actividad regulatoria también refleja la ambición de los próximos programas. El miércoles, SpaceX presentó ante la FCC una solicitud de autorización especial de 60 días para operar la próxima generación de Starlink, vinculada a un vuelo previsto para el 15 de septiembre. Un día antes, había pedido una licencia de radio de reserva para comunicaciones marítimas asociadas al vuelo 14 del Starship, con una ventana operativa que se extendería desde el 15 de septiembre de 2026 hasta el 15 de marzo de 2027.
En el capítulo de éxitos recientes, cabe recordar el lanzamiento a finales de agosto del telescopio espacial Nancy Grace Roman mediante una Falcon Heavy, cuyos dos propulsores laterales aterrizaron sin contratiempos.
La prueba de fuego del Starship
El verdadero test para la confianza inversora llegará a mediados de septiembre, cuando está programado el decimocuarto vuelo de prueba del Starship. Será la primera vez que se intente una inserción orbital completa, y SpaceX ha solicitado además permiso a la FCC para operar terminales Starlink durante el trayecto. Tras trece ensayos sin lograr alcanzar la órbita, las expectativas acumuladas son considerables: un éxito podría liberar un potencial alcista de doble dígito, mientras que un fracaso pondría en entredicho la frágil recuperación bursátil.
A ello se suma la sombra del desbloqueo accionarial: el próximo 9 de septiembre saldrán de su periodo de restricción 319 millones de acciones, un evento que podría generar presión vendedora adicional. Los operadores de opciones ya se posicionan con cautela, registrándose más contratos de venta que de compra, aunque las grandes operaciones individuales muestran un sesgo neutral o ligeramente alcista.
Por el momento, la postergación de la Crew-13 parece un contratiempo aislado en el segmento tripulado, sin capacidad de contagio al resto del programa de lanzamientos. La rapidez con la que SpaceX resuelva la fuga y anuncie una nueva fecha determinará si este episodio pasa a la historia como una simple anécdota o se convierte en el primer arañazo serio a una reputación construida sobre la fiabilidad en vuelos con seres humanos a bordo.
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