La pregunta que divide ahora mismo a Wall Street no es si Nvidia seguirá creciendo, sino qué hacer con el dinero que genera. Jim Cramer, el conocido inversor y presentador estadounidense, ha puesto sobre la mesa una cifra que rara vez se escucha en los mercados: un programa de recompra de acciones por valor de 500.000 millones de dólares. Su razonamiento, expuesto el jueves, parte de una paradoja evidente: el gigante de los semiconductores no logra que su cotización refleje el dinamismo de su negocio. Desde la conferencia GTC de octubre de 2025, el título apenas ha avanzado un 8%, mientras que el S&P 500 se ha anotado un 11% en ese mismo periodo.

La petición llega en un momento en que la compañía ya ha demostrado una generosidad notable con sus accionistas. Durante el ejercicio fiscal 2026, Nvidia destinó 40.400 millones de dólares a recomprar sus propias acciones, y en los dos primeros trimestres del año fiscal 2027 la cifra ya ronda los 40.000 millones adicionales. La directora financiera, Colette Kress, ha precisado que el grupo devuelve el 60% de su flujo de caja libre a los inversores. Cramer, para contextualizar su propuesta, recurre al ejemplo de Apple, que bajo la dirección de Tim Cook ha ejecutado recompras cercanas a los 800.000 millones de dólares.
Una caja capaz de sostener la ambición
La viabilidad teórica de una operación de semejante calibre descansa sobre unos fundamentales que invitan al optimismo. El 26 de agosto, Nvidia presentó resultados correspondientes a su segundo trimestre del ejercicio 2027: ingresos de 96.200 millones de dólares, un 106% más que en el mismo periodo del año anterior. El negocio de centros de datos, el motor principal del grupo, aportó 89.000 millones tras crecer un 117%. La compañía añadió un dato que refuerza la narrativa de demanda sostenida: la cartera de pedidos en la nube de sus clientes supera los dos billones de dólares.
Precisamente ese desajuste entre la fortaleza operativa y la contención bursátil alimenta la tesis de Cramer. Cuando una empresa crece a triple dígito y el mercado apenas premia su acción, el mensaje de que la propia dirección considera infravalorado el título puede actuar como catalizador. Un programa de recompra de la magnitud sugerida enviaría esa señal con claridad meridiana.
La otra cara de la moneda: 12.900 millones para Hugging Face
Mientras se dirime esa discusión sobre la devolución de capital, Nvidia ha decidido simultáneamente inmovilizar una suma considerable en una adquisición estratégica. La compra de Hugging Face, la plataforma de código abierto que aloja una parte sustancial de los modelos de inteligencia artificial más utilizados, se ha cerrado por 12.930,3 millones de dólares. No es la mayor operación corporativa de la historia de la compañía —ese honor sigue correspondiendo a la compra de los activos de Groq en diciembre de 2025—, pero sí resulta reveladora de la dirección que pretende tomar el grupo: alejarse de la mera venta de chips para adentrarse en la capa de software donde realmente se desarrolla la IA.
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Esta doble presión sobre la tesorería —un megaprograma de recompra y una adquisición millonaria— no son incompatibles, aunque sí compiten por la misma bolsa de recursos. La decisión final sobre la asignación de capital se ha convertido en uno de los focos de atención más interesantes de la temporada de resultados.
Unas previsiones que desafían al consenso
La ambición de Nvidia no se limita a sus movimientos corporativos. Kress ha puesto sobre la mesa una proyección de crecimiento de ingresos de aproximadamente el 70% para el ejercicio fiscal 2028, una cifra que supera con holgura el 44% que manejaba el consenso de analistas. Esa diferencia no es baladí: o la compañía está siendo excesivamente optimista, o el mercado sigue sin dimensionar correctamente la demanda. La segunda lectura gana enteros si se atiende a la utilización de la nueva plataforma Vera Rubin en operadores como CoreWeave, Google Cloud, Microsoft Azure, Oracle Cloud Infrastructure y Nebius.
Para el trimestre en curso, la dirección ha orientado a los inversores hacia unos ingresos de 108.000 millones de dólares, con un margen de fluctuación del 2% al alza o a la baja, y un margen bruto del 74%. En el trimestre cerrado a finales de julio, el margen bruto alcanzó el 75%, tanto según los estándares GAAP como en términos ajustados.
La cotización, entre el techo histórico y la prudencia
El mercado, sin embargo, parece haber descontado ya buena parte de estas noticias. La acción cerró en 196,48 euros, apenas un 3% por debajo del máximo de 52 semanas de 202,50 euros alcanzado en mayo. En lo que va de año, la revalorización ronda el 24%, mientras que a doce meses vista se acerca al 33%. El precio se sitúa aproximadamente un 16% por encima de su media móvil de 200 días, un diferencial que sugiere que los inversores han asimilado tanto la sólida guía de resultados como el apetito adquisitivo del grupo.
La pregunta que muchos se formulan es si a estos niveles de valoración queda margen para sorpresas positivas. Citigroup respondió la semana pasada con un claro respaldo: mantuvo su recomendación de compra y elevó el precio objetivo de 300 a 315 dólares. No obstante, conviene recordar que la volatilidad anualizada del título alcanza el 45%, un recordatorio de lo rápido que puede cambiar el sentimiento.
La combinación de un dividendo de 0,25 dólares por acción —pagadero el 1 de octubre a los accionistas registrados el 10 de septiembre—, unas recompras ya en marcha y una agenda de adquisiciones activa dibuja un panorama complejo. Nvidia, con su ecosistema de hardware, infraestructura cloud y ahora comunidad de desarrolladores, parece decidida a asegurarse cada eslabón de la cadena de valor de la inteligencia artificial. La cuestión que queda en el aire es si esa estrategia integral convencerá a un mercado que, por ahora, prefiere esperar a ver los resultados antes de elevar la cotización a nuevas cotas.
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