La planta de procesamiento de Sangdong ya muele mineral. Desde julio, el material almacenado —que llevaba acumulado desde diciembre de 2025— se convierte por fin en concentrado de wolframio vendible, un hito que traslada al proyecto desde la fase de construcción hacia la producción comercial. El mercado, sin embargo, recibe la noticia con mesura: la acción cede en torno a un 1,9% en la última sesión, hasta los 14,96 euros, después de un tramo alcista que en apenas tres semanas ha revalorizado el título más de un 30%.

Ese comportamiento mixto refleja la doble lectura que convive ahora en el valor. Por un lado, la confirmación operativa de que la mina surcoreana abandona la etapa de pruebas para adentrarse en el régimen de funcionamiento continuo. Por otro, la constatación de que la volatilidad sigue siendo la compañera de viaje de un valor que annualiza su oscilación a 30 días en el 86%, una cifra que lo mantiene de lleno en el terreno especulativo.
Dos frentes abiertos: la mina que produce y la acción que se reestructura
El arranque del procesamiento en Sangdong no es un evento aislado. Llega apenas tres semanas después de que la compañía presentara unos resultados del segundo trimestre que ya apuntaban en esa dirección: crecimiento sólido de ingresos y una tesorería notablemente reforzada. La firma de análisis GBC AG ha validado la secuencia completa —de la primera entrega de mineral a la puesta en marcha del circuito de molienda— en un informe propio, subrayando que el proyecto transita ahora hacia una fase donde la incógnita central ya no es si se producirá, sino a qué ritmo se estabilizará el throughput.
Esa pregunta será la que determinen los próximos informes trimestrales, convertidos de facto en el examen que el mercado espera para calibrar si la reciente revalorización —un 16% por encima de la media móvil de 200 días— tiene fundamento o se adelanta a los hechos.
Mientras la mina madura, la estructura bursátil del grupo se ha simplificado de manera decidida. El pasado miércoles se hizo efectiva la exclusión de la Bolsa de Australia (ASX), un movimiento que se venía gestando desde finales de agosto, cuando se suspendió la negociación de los CDIs. La salida responde a un argumento de manual: los volúmenes negociados en Sídney eran reducidos y decrecientes frente a los que mueven la Nasdaq y Toronto.
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Los titulares de CDIs —que al 14 de julio apenas representaban el 0,80% del capital— tienen tres caminos: convertir sus títulos en acciones de la Nasdaq en proporción 1:1, vender antes de la suspensión o acogerse a una facilidad de venta voluntaria que estará operativa del 8 de septiembre al 6 de noviembre. Quienes no actúen en ese plazo serán liquidados mediante un mecanismo obligatorio que se extenderá del 9 de noviembre al 9 de diciembre.
Esta salida no es la primera: a finales de julio la compañía ya había puesto fin a su andadura en la Bolsa de Toronto. Con la consumación del adiós a la ASX, Almonty queda circunscrita a dos plazas: la Nasdaq, donde cotiza bajo el ticker ALM, y Fráncfort, donde lo hace como ALI1. Para el inversor europeo, la referencia alemana se consolida como la puerta de entrada natural al valor.
Un respaldo financiero de calado
El contexto de fondo ayuda a explicar por qué el mercado digiere sin estridencias la retirada de dos parqués. La compañía cuenta con un programa de recompra de acciones aprobado en agosto —hasta 14,4 millones de títulos por un importe máximo de 300 millones de dólares— con una ventana de ejecución de 36 meses que arrancó el 24 de agosto de 2026 y se extiende hasta el 24 de agosto de 2029. El plan puede ejecutarse en la Nasdaq y en otros mercados autorizados, aunque la dirección se reserva la facultad de ajustarlo, suspenderlo o cancelarlo en cualquier momento.
A ese respaldo se suma el contrato de suministro ampliado con Global Tungsten & Powders, renovado en julio. Ambos elementos, no obstante, parecen ya descontados por el mercado tras el fuerte repunte acumulado.
La distancia respecto a los extremos del último año dibuja con nitidez la montaña rusa que ha sido este valor. El 17 de abril alcanzó su máximo de 52 semanas en 20,61 euros, un nivel del que hoy se separa un 25%. Pero si la mirada se vuelve hacia atrás, la perspectiva cambia por completo: el mínimo de 3,50 euros del 8 de septiembre del año pasado queda un 339% por debajo del precio actual. La capitalización bursátil ronda ya los 2.730 millones de euros.
La concentración de la liquidez en dos plazas y la entrada de Sangdong en fase de procesamiento dibujan un escenario donde la acción ya no depende de promesas, sino de la ejecución medida en toneladas de concentrado. La recompra, mientras tanto, actúa como red de seguridad en un valor que sigue moviéndose con brusquedad en ambas direcciones.
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