Santander ha presentado unas cuentas trimestrales en las que el motor del negocio y el lastre de las provisiones avanzan a distinta velocidad. Entre julio y septiembre de 2026, el beneficio subyacente del grupo alcanzó los 3.850 millones de euros, un 19% más que un año antes y por encima de los 3.750 millones que esperaba el consenso de analistas recogido por Reuters. El resultado atribuible, sin embargo, se quedó en 3.430 millones, con un retroceso del 2% interanual que, aun así, superó la estimación de 3.230 millones.

La brecha entre ambas cifras tiene nombre propio: 416 millones de euros en cargas extraordinarias, concentradas en la integración de Webster, entidad cuya compra se cerró el pasado 20 de agosto. A ello se suman unas dotaciones netas por riesgo de crédito de 3.490 millones de euros, un 22% más, que rebasaron la previsión de consenso situada en 3.440 millones. Con este cóctel, la acción cedió un 4,4% en la sesión, un castigo que los propios números no explican por sí solos.
Brasil, el punto débil del mapa
El desglose geográfico revela un comportamiento muy desigual. Estados Unidos elevó su beneficio trimestral un 48% y Reino Unido un 40%, impulsados por las adquisiciones recientes. En el extremo opuesto, Brasil registró un descenso del 15% en su resultado, con un incremento del 23% en las provisiones. El coste del riesgo en el país sudamericano se situó en el 4,25%, mientras que el margen de intereses cayó un 5% frente al trimestre anterior.
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La presión sobre las cuentas no procede únicamente de los gastos de integración. El deterioro del crédito en Brasil y el tirón de las dotaciones en Argentina añaden una capa de incertidumbre que afecta a la calidad del crecimiento. Santander compensa esa debilidad con el empuje de otros mercados, pero el avance del beneficio ya no va acompañado de una relajación generalizada del riesgo.
Nueve meses de récord y una base de clientes al alza
En el acumulado hasta septiembre, el beneficio subyacente marcó un máximo histórico de 11.176 millones de euros, un 16% más que en el mismo periodo del ejercicio anterior. La entidad también amplió su base de clientes: sumó 17 millones en un año hasta alcanzar los 189 millones. En la comparativa de los nueve meses, el resultado contable se ve condicionado por partidas de signo contrario, ya que la plusvalía de la venta del negocio en Polonia elevó la cifra mientras los costes de integración la recortaron parcialmente.
Objetivos intactos y capital bajo la lupa
La dirección mantiene sin cambios la hoja de ruta para el conjunto de 2026: crecimiento de los ingresos en el rango medio de un dígito y reducción de costes en euros constantes, con un beneficio que debe superar los 14.100 millones del año pasado. En cuanto a la ratio de capital de máxima calidad, el objetivo sigue fijado entre el 12,8% y el 13% para el cierre del ejercicio. A finales de septiembre, tras la operación de Webster, el CET1 se situaba en el 12,7%.
Con este panorama, los inversores tienen dos frentes que vigilar. El primero es la capacidad de sostener el crecimiento operativo pese al repunte de las provisiones; el segundo, el cumplimiento de las metas de solvencia tras una etapa de compras que ya aporta ingresos pero también genera costes. La sorpresa positiva en el beneficio brinda un balón de oxígeno, aunque no disipa ni las flaquezas regionales ni el desgaste que deja la digestión de las adquisiciones.
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