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Acciones

Rocket Lab cierra la financiación de Iridium con 1.944 millones y se consolida como operador espacial integral

La ampliación de capital de Rocket Lab por 29,3 millones de acciones nuevas ha permitido a la compañía aeroespacial recaudar 1.944 millones de dólares brutos, el último tramo necesario para costear la adquisición de Iridium Communications. Con estos fondos en caja, la empresa ha cancelado el préstamo puente de 3.600 millones de dólares que habían dispuesto Deutsche Bank y Wells Fargo, eliminando de un plumazo el coste financiero asociado a esa línea de crédito temporal. La operación, valorada en unos 8.000 millones de dólares y anunciada el pasado mes de junio, se liquidará mediante una combinación de efectivo y títulos.

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En paralelo, Iridium renegoció el martes su contrato de crédito vigente para adaptar los préstamos a plazo —por un importe de 1.775 millones de dólares— al cambio de control que se avecina. La transacción aún requiere el visto bueno de los accionistas de Iridium, que votarán el próximo 24 de septiembre, así como la autorización de la FCC. Las autoridades estadounidenses de competencia ya dieron luz verde y los plazos de espera han expirado. El cierre está previsto para mediados de 2027.

Adam Spice, director financiero de Rocket Lab, describió la compra de Iridium como la pieza que faltaba para culminar una estrategia de operador espacial integrado, capaz de reunir bajo un mismo techo lanzadores y infraestructura satelital. Los números que aporta la compañía adquirida respaldan esa visión: en 2025 Iridium registró unos ingresos de 871,7 millones de dólares y un EBITDA operativo de 495 millones.

Índice de Contenidos
  1. Una estructura de capital definida antes del cierre
  2. Tecnología propia y cadencia de lanzamientos
  3. El sector defensa abre un nuevo frente
  4. El respaldo de los analistas

Una estructura de capital definida antes del cierre

El hecho de haber completado la financiación sin recurrir a deuda puente reduce de forma notable la incertidumbre para el inversor. La compañía resultante de la fusión contará con una estructura de capital ya perfilada antes incluso de que se materialice la operación, lo que aleja el fantasma de una refinanciación apresurada en condiciones desfavorables.

Esa claridad financiera llega en un momento en que la cotización no termina de despegar. Los títulos se sitúan en 55,20 euros, aproximadamente un 9% por debajo de la media móvil de 50 sesiones, fijada en 60,91 euros. La acción acumula un descenso del 22% en los últimos 30 días y cotiza muy lejos de su máximo de 52 semanas. El mercado, en definitiva, parece haber digerido ya el efecto dilutivo de la ampliación y no muestra signos de euforia ante la noticia.

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Tecnología propia y cadencia de lanzamientos

Mientras la atención se centra en la operación corporativa, Rocket Lab no ha dejado de avanzar en otras áreas. A comienzos de septiembre presentó IMM Apex, una nueva generación de células solares espaciales sin germanio, con una eficiencia de conversión del 31,5% al inicio de su vida útil y un peso un 40% inferior al de las células multiunión convencionales, según datos de la propia empresa. El desarrollo no es menor: operar flotas satelitales numerosas exige componentes menos dependientes de minerales críticos y escasos.

La actividad de lanzamientos sigue su ritmo. El 11 de septiembre despegó la decimosexta misión Electron del año, bautizada "Happily Ever Faster", desde el Launch Complex 1 en Nueva Zelanda. A bordo viajaba un satélite de observación terrestre para un cliente no identificado, que fue colocado en una órbita circular a 500 kilómetros de altura. Fue el vuelo número 95 del cohete Electron. Poco antes, a comienzos de mes, otro lanzamiento había puesto en órbita un satélite de observación para Synspective Inc., el número 94.

El sector defensa abre un nuevo frente

El martes, la Fuerza Espacial estadounidense confirmó por primera vez el uso operativo de sistemas de armas en órbita. El secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink, mencionó "medios cinéticos y no cinéticos" sin ofrecer más detalles. En el marco del programa Golden Dome para la defensa antimisiles basada en el espacio, ya se adjudicaron en abril 20 acuerdos por un valor de hasta 3.200 millones de dólares a doce empresas, con un objetivo de demostración fijado para 2028.

Según el analista Rob Stallard, de Vertical Research Partners, Rocket Lab figura entre los posibles beneficiarios de esta tendencia, junto a compañías como HawkEye 360, Planet Labs y Firefly Aerospace. La firma ya tiene en cartera un contrato de defensa antimisiles por 266 millones de dólares para doce lanzamientos, además de un acuerdo menor de 12 millones para una red de datos espaciales.

El respaldo de los analistas

En el frente bursátil, Brian Gesuale, de Raymond James, inició la cobertura de Rocket Lab con un precio objetivo de 80 dólares y una recomendación de "Outperform". La casa de análisis apuesta así por una revalorización muy superior al nivel actual, un voto de confianza para una empresa inmersa en una adquisición multimillonaria cuyos frutos tardarán en llegar.

La pregunta que sobrevuela para el inversor es si compra una compañía de cohetes que diversifica hacia las comunicaciones satelitales o una incipiente empresa de infraestructura que, de paso, sigue fabricando lanzadores. Probablemente ambas cosas a la vez, lo que complica la valoración. Con la financiación de Iridium ya cerrada, la incógnita se resolverá cuando las dos empresas sean una sola, tanto en lo operativo como en lo cultural y lo financiero.

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Miguel Ángel Torres Díaz

Sobre el autor

Miguel Ángel Torres Díaz

Periodista de tecnología especializado en videojuegos, realidad virtual y tendencias de consumo digital. Más de 10 años cubriendo la industria tecnológica española.

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