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Nvidia desafía el freno regulatorio mientras teje alianzas que superan los 500.000 millones

Jensen Huang no está dispuesto a que la cautela marque el ritmo de la inteligencia artificial. En la conferencia Dreamforce de Salesforce, celebrada en San Francisco, el consejero delegado de Nvidia rechazó de plano las peticiones de una moratoria en el desarrollo de la IA y de nuevos controles legales. Para Huang, la seguridad es un asunto exclusivamente técnico, no normativo: el mercado ya ofrece incentivos suficientes para construir sistemas fiables, de modo que las regulaciones resultan innecesarias.

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Esa postura choca frontalmente con la de otros pesos pesados del sector. Dario Amodei, al frente de Anthropic, y Sam Altman, máximo responsable de OpenAI, venían reclamando mayor prudencia y auditorías externas ante la velocidad de los avances. Huang encontró respaldo, en cambio, en Mark Zuckerberg, quien puso el acento en la responsabilidad de quienes operan los modelos y en los mecanismos de mercado como garantía. Mientras se libraba ese pulso dialéctico, el título de Nvidia avanzaba un 0,6% hasta los 184,86 euros, por encima del cierre previo de 183,80 euros.

Índice de Contenidos
  1. Del laboratorio a la fábrica: la plataforma se expande
  2. Un ecosistema que va más allá del chip
  3. El mercado premia la demanda, pero vigila los riesgos

Del laboratorio a la fábrica: la plataforma se expande

Al margen del debate sobre los estándares de seguridad, la compañía sigue ensanchando el terreno comercial de sus plataformas de software. En el mismo escenario, Salesforce presentó "Koa", un modelo de razonamiento diseñado para clientes corporativos. La herramienta se apoya en Nemotron 3 Super, la arquitectura de código abierto de Nvidia, y se entrenó con datos de CRM. Según las empresas implicadas, la tasa de error será notablemente inferior a la de soluciones anteriores, y los primeros pilotos con clientes arrancarán en octubre.

La ofensiva no se detiene ahí. Nvidia selló además un acuerdo con Palantir Technologies para desarrollar un sistema de control asistido por software destinado a cadenas de suministro críticas, que debutará en la propia producción de Nvidia. También en este caso los socios recurren al modelo Nemotron y a la plataforma Foundry de Palantir.

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Un ecosistema que va más allá del chip

La ambición de la empresa trasciende el negocio del hardware. Nvidia está anclando su plataforma directamente en la investigación biofarmacéutica, un terreno donde la capacidad de cómputo resulta imprescindible durante años y, por tanto, genera clientes ligados a largo plazo. A la vez, impulsa su arquitectura de software con CUDA-Q Logical, orientada a crear aplicaciones verificables para ordenadores cuánticos. La lógica es la de manual: quien entrega hoy el entorno de programación a los desarrolladores controla mañana las interfaces del hardware. A ello se suma la actualización de la producción de Vera Rubin, la nueva arquitectura de plataforma enfocada en la IA basada en agentes.

La dimensión financiera de esta expansión no es menor. Nvidia anunció plataformas de financiación junto a gigantes como BlackRock, Blackstone y KKR, con las que pretende movilizar más de 500.000 millones de dólares de capital de terceros para infraestructura de cómputo de IA. Ese apalancamiento reduce el riesgo de que el despliegue tropiece con unos presupuestos corporativos limitados: si el capital institucional financia la infraestructura, Nvidia se beneficia por partida doble como proveedor de equipos.

El mercado premia la demanda, pero vigila los riesgos

La elevada demanda de chips aceleradores se refleja en las previsiones de los analistas. Erste Group Bank elevó su estimación de beneficio por acción para el ejercicio 2028 desde los 12,70 hasta los 15,78 dólares. Simon Leopold, de Raymond James, mantiene su visión de una oportunidad de varios billones de dólares en la infraestructura mundial de IA y fija su precio objetivo en 515 dólares.

El recorrido bursátil acompaña, aunque con moderación. En lo que va de año la acción acumula un alza del 16%, un avance que sabe a poco después de las fuertes rallyes previas: los inversores buscan ahora pruebas de poder de fijación de precios más allá del tirón de las tarjetas gráficas. En el debe, los observadores señalan retos operativos como eventuales retrasos en las cadenas de suministro o un ajuste de los presupuestos de centros de datos por parte de los grandes clientes, factores que podrían provocar vaivenes de corto plazo. A ello se suman las revisiones antimonopolio y la recogida de beneficios, que mantienen la cautela en el parqué. Nvidia, en cualquier caso, apuesta por que el dinamismo operativo del negocio corporativo pese más que las inquietudes regulatorias.

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Carmen Ruiz López

Sobre el autor

Carmen Ruiz López

Periodista especializada en tecnología y transformación digital con más de 8 años de experiencia. Experta en inteligencia artificial, ciberseguridad y startups tecnológicas.

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