La carrera por la inteligencia artificial ya no se dirime únicamente en el terreno de los chips o de los grandes modelos de lenguaje. El verdadero examen se libra ahora en polígonos industriales polvorientos y ante las autoridades reguladoras de cada región. Y pocos casos retratan ese choque entre la ambición digital y la realidad física con tanta crudeza como el que protagoniza Oracle.

El jueves trascendió que el gigante del software remitió una cláusula de fuerza mayor a STACK Infrastructure, la unidad perteneciente a Blue Owl Capital encargada de desarrollar su macroproyecto de centro de datos en Nuevo México, conocido como Project Jupiter. El objetivo de esa comunicación no es otro que el de aplazar compromisos de pago en caso de que la apertura del campus —prevista para 2028— no llegue a tiempo.
El motivo alegado pesa: el riesgo de cuellos de botella en el suministro eléctrico. Y hay un detalle que añade morbo al asunto, según recoge Reuters: la obligación contractual de garantizar la energía recae precisamente sobre Oracle.
El calendario, en entredicho
La compañía insiste en que los plazos se mantienen intactos. Michael Egbert, portavoz del grupo, subrayó que el proyecto sigue dentro de la hoja de ruta prevista y que el compromiso con Nuevo México es total. Desde Blue Owl Capital, por su parte, restaron importancia al movimiento y aseguraron que la misiva no altera los acuerdos financieros ya existentes.
Pese a los mensajes tranquilizadores, la noticia afloró una grieta evidente. Bloomberg apuntó que la firma busca blindarse ante eventuales desviaciones en la ejecución, y los mercados no tardaron en reaccionar con recelo. El viernes, las acciones cerraron a 120,26 euros, con un descenso del 1,9%. En lo que va de año, el título acumula una caída del 28%.
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Un sector que corre más que la red eléctrica
Lo de Nuevo México no es una anomalía aislada, sino la manifestación de una industria que pretende crecer a un ritmo que ni las infraestructuras energéticas ni las comunidades locales están dispuestas a tolerar. A mediados de mes, el Tribunal Supremo del estado desestimó dos demandas presentadas por grupos ecologistas y desbloqueó formalmente el proceso de autorización. Sin embargo, los obstáculos persisten: queda pendiente una nueva audiencia para el permiso de calidad del aire.
A ese frente se suma la presión política. La congresista Teresa Leger Fernández reclamó el jueves una moratoria para los nuevos centros de datos en el estado y exigió estándares más severos para las futuras licencias. Antes, la comisión de ética estatal había documentado que Oracle destinó más de 3,4 millones de dólares a campañas publicitarias para influir en el proceso de aprobación. ¿Cuán sólida puede ser una promesa de infraestructura cuando cada conexión de un megavatio se convierte en un pulso jurídico?
La huida hacia delante en el software
Mientras el ladrillo se atasca, Oracle despliega una actividad frenética en la capa aplicacional. Solo el miércoles, la cúpula presentó toda una batería de novedades: amplió su plataforma Digital Assets Data Nexus para la banca con controles de wallets y contratos inteligentes, además de una conexión con el ledger de Swift. La división sanitaria, por su parte, lanzó nuevas funciones de inteligencia artificial para la gestión de facturación, anunció un sistema oncológico especializado y presumió de una base de más de 122 millones de registros anonimizados de pacientes en su plataforma de ciencias de la vida. El jueves llegó, además, una alianza con Wild Bioscience para la investigación agraria asistida por IA a través de su nube.
El viernes, la compañía sumó otro anuncio: la disponibilidad regional ampliada de sus servicios de base de datos con IA sobre las plataformas de Amazon Web Services, Microsoft Azure y Google Cloud. Toda esta ofensiva de producto apunta a una dirección clara: adentrarse en nichos sectoriales altamente especializados. Pero hasta el software más sofisticado necesita centros de datos operativos, flujos ingentes de información y sistemas de refrigeración fiables. Cuando hay que echar mano de cláusulas de fuerza mayor, queda patente lo estrecho que se ha vuelto el margen de maniobra sobre el terreno.
Para el inversor, el foco se desplaza. Durante meses bastó la promesa de inversiones astronómicas en granjas de servidores para alimentar la fantasía. Ahora arranca la fase en la que esos planes chocan con el embudo real de la infraestructura energética. En Nuevo México se decidirá si Oracle es capaz de sacar adelante sus ambiciosos objetivos de expansión frente a la resistencia local y las limitaciones de la red. Hasta entonces, Project Jupiter queda como recordatorio para todo el sector.
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