La atención sobre Nvidia rara vez se concentra en un solo frente. Esta semana, la compañía ha quedado retratada en dos planos simultáneos: los movimientos rutinarios de sus directivos ante la SEC y el eco de las declaraciones de Jensen Huang sobre el futuro de la producción de chips. Ninguno de los dos episodios, por separado, explica la cotización. Juntos, sí dibujan el terreno en el que se mueve el valor.

La letra pequeña de las ventas internas
Los formularios obligatorios remitidos a la SEC muestran que varios altos cargos de Nvidia han movido títulos esta semana, aunque la naturaleza de las operaciones dista mucho de una señal de desconfianza. La directora financiera, Colette Kress, se desprendió el jueves de 34.918 acciones por un importe cercano a 7,65 millones de dólares, una transacción ejecutada bajo un plan automático de negociación —la regla 10b5-1— que la propia directiva había activado el pasado 16 de junio.
A esa operación se sumaron el miércoles 40.747 títulos retenidos para cubrir obligaciones fiscales derivadas de programas de acciones. Tras completar ambos movimientos, Kress mantiene directamente 765.103 acciones de la compañía.
El fundador y consejero delegado, Jensen Huang, también compareció ante el regulador. El jueves transfirió 438.000 títulos en concepto de donación con fines benéficos: 292.000 a la Huang Foundation y 146.000 a un fondo con destinación específica. Un día antes, el miércoles, se le habían retenido 45.728 acciones a un precio de 212,17 dólares para atender obligaciones tributarias. En su caso, no hubo venta activa por decisión personal.
Retenciones similares por el vencimiento de acciones restringidas de empleados afectaron a otros miembros del consejo, entre ellos Debora Shoquist, del área operativa. El balance de conjunto es claro: lo ocurrido responde en su mayoría a liquidaciones fiscales de trámite y a ventas programadas de antemano.
El escenario que Huang puso sobre la mesa
Estos ajustes internos coinciden con un momento de discusión intensa sobre el crecimiento. Tres semanas atrás, la empresa presentó resultados trimestrales y perspectivas, y la acción respondió con un avance del 7,2%. El viernes, el título cerró en el mercado europeo a 193,10 euros, a un 4,6% de su máximo de 52 semanas.
El detonante más reciente llegó desde Escocia. En la cumbre sobre inteligencia artificial celebrada allí, Huang afirmó que Nvidia espera duplicar en 2027 el número de chips vendidos respecto a 2026. Wall Street reaccionó con un salto de aproximadamente el 2,5%, hasta 219,34 dólares. En el mercado alemán, el valor se movía en torno a 191,52 euros, apenas un 2,9% por encima de su media de 50 sesiones, situada en 186,05 euros. La subida es perceptible, pero no constituye una ruptura técnica. Del máximo de 52 semanas, los 202,50 euros alcanzados en mayo, aún le separan un 5,4%.
El contexto amplifica cualquier declaración. El S&P 500 había subido más de un punto porcentual la jornada previa, la volatilidad en Wall Street tocaba mínimos semanales y en Asia Samsung Electronics y SK Hynix repuntaban un 3,4% y un 6,4% respectivamente tras el anuncio. Nvidia no solo mueve su propia cotización: arrastra a todo un sector.
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La brecha entre la retórica y la capacidad real
La cifra que verdaderamente decide la historia no es la duplicación en sí, sino la distancia entre lo que se demanda y lo que se puede entregar. Nvidia situó su previsión de ingresos para el ejercicio que cierra en enero de 2028 en torno a un crecimiento del 70%, un dato que superaba en 26 puntos porcentuales el consenso de los analistas previo a la guía, aunque desde entonces esa estimación se ha ajustado hasta aproximadamente el 63%.
La explicación de esa diferencia entre "doble número de unidades" y "solo" un 70% de crecimiento en facturación está en los cuellos de botella. La demanda no atendida se calcula en unos 100.000 millones de dólares, mientras que los costes de memoria presionan el margen bruto del cuarto trimestre hasta el 71-72%, frente al 75% registrado en el segundo. La pregunta de fondo es si Nvidia resolverá esas limitaciones de suministro más rápido de lo que el mercado de memoria las agrava.
El viento de cola de los grandes inversores
El argumento de los optimistas se apoya en la magnitud de las inversiones en infraestructura. El propio Huang proyecta entre 3 y 4 billones de dólares en inversión global en infraestructura de IA hasta 2030, mientras que el capex de los hyperscalers para 2026 se estima ya en unos 725.000 millones de dólares, un 77% más que en 2025. A ello se suma la nueva AI Energy Management Alliance, integrada por Google, Emerald AI y socios como Anthropic y Analog Devices, cuyo objetivo es liberar hasta 100 gigavatios de capacidad de red en Estados Unidos mediante un consumo eléctrico de los centros de datos que se adapte de forma flexible a las restricciones de la red. Se ataca así uno de los obstáculos estructurales más serios para seguir creciendo: el acceso a la energía.
La plataforma Vera Rubin, que según la compañía ofrecerá hasta 3,7 veces más rendimiento que la generación anterior, aporta además un argumento de producto capaz de sostener la demanda más allá de 2027.
Los riesgos que no desaparecen
El otro lado de la apuesta es igual de tangible. Los precios de la memoria HBM suben, según las observaciones de mercado, entre un 30% y un 50% por generación, lo que encarece la base de costes de los propios clientes de Nvidia y comprime su margen. A esto se añade la cuestión china: el propio Huang reconoció que China podría alcanzar un hito en litografía avanzada antes de 2030, lo que a largo plazo debilitaría la dependencia de la tecnología de Nvidia en Asia. Más cerca en el tiempo, los controles a la exportación del chip H20 ya provocaron en el primer trimestre una pérdida de ingresos de 2.500 millones de dólares.
S&P Global Ratings advierte, por su parte, que los fabricantes de memoria y los ensambladores de servidores asiáticos son mucho más vulnerables a un frenazo en la inversión en IA que las fundiciones como TSMC, una señal de que la cadena de suministro es más frágil de lo que sugieren las cotizaciones de Samsung y SK Hynix.
El termómetro de las próximas semanas
Mientras los hyperscalers no recorten sus planes de inversión y Nvidia vaya despejando los cuellos de botella, el consenso de los analistas —un precio objetivo medio de unos 328 dólares, con un rango de 180 a 515 dólares entre 61 casas consultadas— seguirá siendo el escenario dominante. En el lado opuesto, si la espiral de precios de la memoria erosiona los márgenes más de lo previsto o gigantes como Amazon o Microsoft frenan el gasto, el relato de la duplicación quedaría reducido a pura retórica de unidades sin respaldo en resultados.
La próxima prueba concreta será la perspectiva para el tercer trimestre, para el que Nvidia ya ha señalado unos ingresos de aproximadamente 108.000 millones de dólares, sin incluir los ingresos de centros de datos procedentes de China. Si esa cifra se mantiene dentro de lo esperado, el mercado seguirá concediendo crédito a la promesa de Huang.
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