Hay una paradoja que define el momento actual de Nvidia. Mientras el Departamento de Justicia de Estados Unidos examina con lupa una de sus operaciones más recientes, la compañía sigue firmando acuerdos multimillonarios y presentando resultados que desafían cualquier expectativa razonable. La pregunta ya no es si el fabricante de chips puede crecer más, sino si su tamaño y su estrategia de integración vertical empiezan a generar más preguntas que certezas.

El foco regulatorio apunta ahora a Groq. Según informaciones de Reuters, Bloomberg y The New York Times, el organismo antimonopolio investiga si Nvidia estructuró deliberadamente su acuerdo de licencia con esta startup de chips de IA —valorado en 20.000 millones de dólares y pactado en diciembre de 2025— para esquivar una revisión de competencia. La autoridad envió un requerimiento formal de información a la compañía poco después del anuncio. Aunque una reversión del acuerdo se antoja improbable, las multas económicas no están descartadas.
Del chip al sistema operativo de la inteligencia artificial
La investigación no ha frenado el ritmo expansionista del grupo. A comienzos de septiembre, Nvidia suscribió un acuerdo definitivo para adquirir Hugging Face por 12.930 millones de dólares, de los cuales aproximadamente 11.900 millones se pagarán en efectivo y hasta 1.000 millones en concepto de participaciones para empleados. La operación, pendiente de aprobación regulatoria, debería cerrarse en la primera mitad de 2027. La empresa se comprometió a mantener la plataforma abierta y a seguir dando soporte a otros fabricantes de chips.
Una semana después llegó el siguiente movimiento: una alianza con Palantir Technologies para desarrollar sistemas de IA soberana aplicados a procesos de cadena de suministro. Nvidia será el primer entorno de despliegue de una solución que combina sus modelos abiertos Nemotron con la plataforma Foundry de Palantir. Dos anuncios separados por siete días que responden a una misma lógica: controlar no solo la potencia de cálculo, sino también la capa de software que se apoya en ella.
Quien domina la infraestructura comunitaria de modelos abiertos termina decidiendo qué algoritmos corren sobre qué hardware. No es casualidad, es una estrategia deliberada.
Resultados que convierten lo extraordinario en rutina
La base operativa que sostiene estas compras es sólida. En el segundo trimestre del ejercicio fiscal 2027, cerrado a finales de julio, Nvidia facturó 96.200 millones de dólares, un 106% más que en el mismo periodo del año anterior. El negocio de centros de datos aportó 89.000 millones, la inmensa mayoría del total.
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Las previsiones para el tercer trimestre apuntan a 108.000 millones de dólares, con un margen de variación del 2%. El margen bruto se situaría en torno al 74,0%, y para el conjunto del ejercicio fiscal 2028 la compañía anticipa un crecimiento del 70% interanual. La cartera de pedidos supera los dos billones de dólares. Con estas cifras sobre la mesa, los 12.930 millones pagados por Hugging Face equivalen a un apunte menor en la contabilidad.
En el plano técnico, la plataforma Vera Rubin ya opera a pleno rendimiento con racks desplegados en CoreWeave, Google Cloud, Microsoft Azure, Oracle Cloud Infrastructure y Nebius. Es la vertiente tangible de una estrategia que, en paralelo, teje la red de software y aplicaciones mediante Hugging Face y Palantir.
El mercado mira hacia otro lado
A pesar de todo, la cotización se comporta como si nada de esto fuera nuevo. El viernes, el título cerró en 188,22 euros, prácticamente plano respecto a la jornada anterior. En la semana acumula un descenso del 5,1%, y en el mes, del 3,3%. El máximo de 52 semanas, los 202,50 euros alcanzados en mayo, queda un 7,1% por encima. En la sesión del jueves había cerrado en 188,14 euros, y este viernes cotizaba ligeramente al alza, en 189,18 euros. En los últimos siete días de negociación la caída alcanza el 4,6%, y en el cómputo mensual el retroceso es del 2,8%, con un 6,6% de distancia hasta aquel pico de mediados de mayo.
La aparente contradicción tiene explicación: tras un avance del 25% en doce meses y del 17% en lo que va de año, el mercado ya ha interiorizado expectativas muy elevadas. Cada nueva adquisición o alianza debe medirse contra un listón que ya está muy alto. Piper Sandler inició la cobertura el 10 de septiembre con un precio objetivo de 300 dólares y calificación de sobreponderar, respaldándose en una cuota del 80% en cómputo de IA y en una tasa de crecimiento de ingresos estimada del 47% anual hasta el ejercicio fiscal 2030.
Movimientos internos y un negocio que pierde protagonismo
Al margen de los grandes titulares, el director Mark A. Stevens vendió 1,85 millones de acciones entre finales de agosto y principios de septiembre, obteniendo 410,84 millones de dólares. Tras la operación, según las comunicaciones obligatorias, conserva alrededor de 30 millones de títulos valorados en 6.910 millones, equivalentes al 94,18% de su participación previa. La compañía también decretó un dividendo en efectivo de 0,25 dólares por acción, con fecha ex-dividendo el 10 de septiembre y pago a principios de octubre.
Menos visible, pero relevante para los inversores, es la situación del negocio de tarjetas gráficas para videojuegos. Según diversos medios, Nvidia no ha lanzado ninguna GPU gaming nueva en lo que va de año, algo que no ocurría desde 1999. La serie RTX-50 Super habría quedado paralizada y la generación RTX-60 se habría retrasado de finales de 2027 a 2028. El motivo sería la escasez de chips de memoria, que desvía capacidad de producción hacia los aceleradores de IA, mucho más rentables. Dado el peso del segmento de centros de datos, el impacto financiero resulta secundario, pero evidencia hasta qué punto el grupo ha reorientado su negocio hacia la inteligencia artificial.
La cuestión de fondo ya no pasa por el crecimiento —parece descontado—, sino por si una empresa que fabrica chips, abastece a socios cloud, compra plataformas para desarrolladores y colabora con especialistas en análisis de datos puede seguir sorprendiendo. Operar en tantos frentes a la vez implica que cualquier tropiezo, como un retraso en la integración de Hugging Face, podría sacudir varios vectores de crecimiento simultáneamente.
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