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Acciones

D-Wave Quantum: el 99,9% de fidelidad cuántica frente a un trimestre que aún no despega

Hay una cifra que resume mejor que ningún balance la naturaleza híbrida de D-Wave Quantum: 99,9. Ese es el porcentaje de fidelidad que la compañía demostró a comienzos de agosto en un gate de dos qubits, un resultado que superó la revisión por pares y quedó publicado en la revista Nature. Para el inversor, sin embargo, la pregunta relevante no es física, sino financiera: ¿logrará la empresa convertir ese avance de laboratorio en ingresos recurrentes antes de que se agoten el respaldo público y la paciencia del mercado?

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Índice de Contenidos
  1. Una arquitectura que promete menos hardware y más eficiencia
  2. Del laboratorio a la caja registradora
  3. El Estado entra en el accionariado
  4. La brecha entre el relato y el gráfico

Una arquitectura que promete menos hardware y más eficiencia

El artículo científico, dado a conocer el miércoles, no es un simple golpe publicitario. Describe cómo la arquitectura superconductora de doble raíl (dual-rail) de D-Wave es capaz de ejecutar un gate rápido y de alta precisión —en torno a 500 nanosegundos por operación— conservando las ventajas de corrección de errores propias de ese diseño. Según las simulaciones internas de la compañía, la tasa de error lógico podría reducirse hasta diez veces con cada nivel adicional de corrección. Traducido al lenguaje del inversor: menos qubits físicos por cada qubit lógico, menos lastre de hardware en la carrera hacia un ordenador cuántico que realmente compute en lugar de limitarse a emitir ruido.

Ese avance encaja directamente con la apuesta de futuro de D-Wave, la tecnología de modelo de gate, que convive con su negocio actual de recocido cuántico (annealing), ya generador de ingresos. Y no nace de la nada: la compañía cerró en enero la compra de Quantum Circuits, Inc., de la que posee la totalidad de las acciones emitidas. La integración está plenamente consumada, pero cobra ahora nuevo sentido al comprobarse que el paper de Nature recae precisamente sobre esa división. La operación, por tanto, no fue un mero artificio contable, sino que aporta sustancia operativa.

Del laboratorio a la caja registradora

El problema sigue estando en la distancia entre el laboratorio y la tesorería. En el segundo trimestre de 2026, D-Wave facturó 3,08 millones de dólares, por debajo de los 4,03 millones que esperaba el consenso. La cifra quedó prácticamente plana respecto al año anterior, y aunque el 62,4% procedió de clientes comerciales —casi la mitad de compañías incluidas en la lista Forbes Global 2000—, en términos absolutos sigue siendo un apunte menor frente a una capitalización bursátil de 5.660 millones de euros.

La cara opuesta de la moneda llegó por el lado de los pedidos. Las reservas (bookings) crecieron un 59% en el trimestre, hasta 2,1 millones de dólares, y un 1.120% en el conjunto del primer semestre, hasta 35,5 millones, impulsadas en parte por la venta de un único sistema por valor de 20 millones. La dirección reafirmó su previsión de entregar dos sistemas en 2026 y advirtió que la mayor parte de la facturación anual se concentrará en el cuarto trimestre. Quien mantenga posiciones en el valor está apostando, en cierto modo, a una campaña navideña que todavía no se ha escrito.

A esa cartera de pedidos se han sumado dos clientes de perfiles bien distintos. La Florida Atlantic University se ha comprometido, mediante un desembolso de 20 millones de dólares, a adquirir e instalar un sistema de recocido Advantage2 en Boca Raton, sujeto a los procedimientos habituales de contratación pública del estado. Y NTT DOCOMO, que según D-Wave es el mayor operador móvil de Japón con más de 93 millones de líneas, ha desplegado una segunda aplicación basada en tecnología D-Wave en su red comercial. Dos sectores, dos geografías, dos confirmaciones de que la empresa trasciende el ámbito puramente investigador.

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El Estado entra en el accionariado

Aquí es donde la ciencia se cruza con la política industrial. Hace algo más de una semana se supo que el Departamento de Comercio de Estados Unidos ha concedido de forma definitiva una ayuda de hasta 100 millones de dólares al amparo de la ley CHIPS and Science Act, destinada a la tecnología de procesamiento de semiconductores tanto de los sistemas de recocido como de los de modelo de gate, incluidos parámetros como el número de qubits, las tasas de error y los tiempos de coherencia. Los fondos deben apoyar la ampliación hacia sistemas de 100.000 y 10.000 qubits.

Lo llamativo es la contrapartida: Washington recibirá una participación minoritaria y no controladora en el capital de D-Wave. El Estado deja así de ser simple patrocinador para convertirse en accionista, un modelo que difumina la frontera entre política industrial y capital riesgo. La reacción del mercado fue tibia: la acción cedió un 0,6%, lo que sugiere que la noticia fue digerida con más cautela que entusiasmo.

A ese frente se añade un relevo en la cúpula financiera. El director financiero, John Markovich, se jubila el 2 de septiembre y asumirá el cargo de forma interina el vicepresidente sénior Greg Golkov. La empresa subrayó que la salida no responde a discrepancias comerciales ni a cuestiones contables, y el mercado apenas se inmutó: el título ha avanzado un 0,6% desde entonces. Para algunos observadores, sin embargo, la pérdida de continuidad en la cúpula financiera llega en un momento delicado, con fondos públicos que gestionar, acciones emitidas a favor del Departamento de Comercio e integración operativa en marcha.

La brecha entre el relato y el gráfico

El mercado de capitales traduce este cóctel en cifras sobrias. La acción cotiza en 14,59 euros, alrededor de un 10% por debajo de su media móvil de 50 días, situada en 16,22 euros, señal de que la avalancha de noticias recientes no ha sido interpretada como un punto de inflexión claro. En lo que va de año acumula un descenso del 36% —un 37% según otras referencias— y desde el máximo de 52 semanas del 15 de octubre de 2025 se deja un 65%. La volatilidad anual del 71% recuerda que no se negocia aquí una acción industrial madura, sino una apuesta a un cambio tecnológico de desenlace abierto.

No todos los inversores institucionales leen el gráfico del mismo modo. Legal & General Group adquirió a comienzos de septiembre nuevas acciones de D-Wave por unos 6,73 millones de dólares, una señal de que al menos una parte de la base inversora profesional confía en la historia a largo plazo. La sustancia fundamental y la evolución bursátil caminan, por ahora, por sendas separadas.

La cuestión decisiva ya no es si D-Wave hace buena física: el paper de Nature lo acredita. Es si esa física se traducirá en clientes que paguen en los próximos trimestres, antes de que la financiación pública y la paciencia de los accionistas toquen techo. El próximo dato llegará el 5 de noviembre, con las cuentas del tercer trimestre, cuando la compañía deberá demostrar que ese 1.120% más de pedidos se convierte, de verdad, en facturación.

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Carmen Ruiz López

Sobre el autor

Carmen Ruiz López

Periodista especializada en tecnología y transformación digital con más de 8 años de experiencia. Experta en inteligencia artificial, ciberseguridad y startups tecnológicas.

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