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Acciones

Almonty: dos delistings, un trimestre excepcional y la prueba de fuego de la liquidez concentrada

Almonty Industries atraviesa una de esas coyunturas en las que el relato bursátil y el operativo avanzan a velocidades distintas. Mientras la compañía canadiense cerraba su presencia en dos parqués en apenas unas semanas, sus cuentas del segundo trimestre de 2026 arrojaban cifras que pocas veces se ven en el sector de los recursos naturales. La combinación de ambos fenómenos —menos plazas donde cotizar, más sustancia en el negocio— explica por qué el productor de wolframio se ha convertido en un caso de estudio sobre cómo se reordenan los mercados de capitales cuando un activo pasa de nicho a estratégico.

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La retirada de las listas no fue improvisada. La negociación en el TSX concluyó tras el cierre del 31 de julio, y la exclusión formal de la australiana ASX llegó después del cierre del 1 de septiembre. Antes, los CHESS Depositary Interests habían dejado de negociarse al término de la sesión del 28 de agosto, con la eliminación definitiva del listado oficial el 1 de septiembre. El calendario se había comunicado a finales de julio y se cumplió sin sobresaltos. A partir de ahora, la acción se concentra en el Nasdaq y en Fráncfort.

Lejos de interpretarse como un repliegue, la maniobra responde a una lógica de simplificación: el centro operativo de la empresa gravita cada vez más hacia Estados Unidos y su política de materias primas críticas, de modo que mantener presencia en plazas secundarias solo generaba carga administrativa.

Índice de Contenidos
  1. Un trimestre que rompe moldes
  2. El dinero institucional mueve ficha
  3. Montaña rusa en el parqué
  4. La pregunta que sobrevuela el valor
  5. Los próximos catalizadores

Un trimestre que rompe moldes

Los números del periodo abril-junio justifican sobradamente el interés. Según los datos difundidos por InvestorNews, la facturación se disparó un 498 por ciento interanual hasta los 43,0 millones de dólares canadienses. El resultado de explotación minera alcanzó los 26,1 millones, y el EBITDA ajustado se situó en 17,6 millones de dólares canadienses. El beneficio neto llegó a 181,8 millones, si bien 173,1 millones correspondieron a ganancias no realizadas en efectivo, lo que matiza el titular aunque no resta mérito al avance operativo del proyecto Sangdong.

Estas cifras encajan en una narrativa mayor. El wolframio figura entre los minerales que han adquirido relevancia geopolítica en la pugna por construir cadenas de suministro ajenas a China. Quien pueda abastecer de forma creíble fuera de ese circuito se convierte en socio codiciado, tanto por clientes industriales como por el capital institucional.

El dinero institucional mueve ficha

Las posiciones lo confirman. El Public Employees Retirement System of Ohio adquirió en el segundo trimestre de 2026 alrededor de 109.000 acciones por un valor aproximado de 1,81 millones de dólares. Otras firmas como Van Eck Associates, Cooper Creek Partners y Encompass Capital Advisors ampliaron sus participaciones o entraron por primera vez. Es el tipo de inversor que rara vez especula a corto plazo, y su presencia encaja con la transición de Almonty desde un papel secundario hacia una posición estratégicamente relevante.

A ese respaldo se sumó, el 2 de septiembre, la incorporación de Jefferies a la cobertura con una recomendación de compra y un precio objetivo de 26,25 dólares. El mercado lo acogió con claridad: el 8 de septiembre las acciones avanzaron un 10,3 por ciento, impulsadas por el mejor tono en torno a la historia del wolframio, el programa de recompra de acciones anunciado en agosto, los resultados operativos y, precisamente, esa calificación de la firma estadounidense.

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Montaña rusa en el parqué

El comportamiento del título, sin embargo, dista de ser lineal. Tras el máximo de 52 semanas de 20,61 euros alcanzado en abril, la acción cotiza en torno a los 14,42 euros, un 30 por ciento por debajo del récord. En una sola jornada llegó a ceder un 8,6 por ciento, después de marcar 15,77 euros la víspera. La perspectiva anual sigue siendo espectacular: desde el mínimo de 3,68 euros de septiembre del año pasado, el valor casi ha cuadruplicado su precio. Una volatilidad anualizada del 80 por ciento retrata a las claras la nerviosidad con que el mercado trata un título que mejora en lo fundamental pero que también puede sobrecalentarse con rapidez.

A esa montaña rusa se añaden episodios difíciles de explicar. En una sesión el papel retrocedió un 5,2 por ciento; en otra repuntó cerca de un diez por ciento, sin que en ninguno de los dos casos apareciera un catalizador corporativo identificable. En la jornada más reciente, la acción cedió un 9,9 por ciento en Fráncfort y cerró en 14,20 euros.

La pregunta que sobrevuela el valor

Con el foco puesto en el Nasdaq y Fráncfort, los inversores se enfrentan a una disyuntiva concreta: ¿compensa la concentración de la negociación en dos plazas la pérdida de liquidez que aportaba la ASX, o la base accionarial se estrecha? Los delistings de mercados secundarios suelen despacharse como un detalle técnico, pero alteran quién puede mantener el título y con qué facilidad se abren o cierran posiciones.

Si el volumen en los parqués que quedan se mantiene o incluso crece, quedará demostrado que la base inversora se ha reubicado con éxito. Si se hunde, cabe esperar oscilaciones más pronunciadas con órdenes relativamente pequeñas, un patrón que ya asoma en los movimientos diarios de difícil justificación.

Para los partidarios de la tesis alcista, la calificación de Jefferies con objetivo en 26,25 dólares marca el marco de referencia: la entidad ve a Almonty como beneficiario estructural de los esfuerzos occidentales por desligarse de las fuentes chinas de wolframio. Si esa lectura se refuerza con nuevas voces analistas en las próximas semanas, la consolidación del trading en dos plazas principales podría incluso jugar a favor —liquidez concentrada en lugar de fragmentada—, y la volatilidad reciente quedaría como un fenómeno transitorio que se disipará conforme se normalice la negociación.

El reverso de la moneda merece la misma atención. El título lleva semanas inmerso en un vaivén que apenas se ancla a noticias corporativas concretas, señal de advertencia sobre movimientos impulsados por la especulación más que por una reevaluación fundamental. La salida de ASX y, antes, de TSX implica además que parte de la antigua masa accionarial se ve obligada a recolocar o liquidar posiciones. La presión vendedora de ese colectivo podría explicar las sacudidas de los últimos días y prolongarse durante las próximas semanas. Persiste igualmente la duda de si los inversores institucionales que mostraron interés mantienen realmente sus posiciones en la magnitud declarada: no todos los datos están confirmados de forma independiente y no conviene tomarlos sin filtro como prueba de confianza.

Los próximos catalizadores

Mientras el volumen en Nasdaq y Fráncfort se estabilice y la tesis de Jefferies sobre las cadenas de suministro occidentales de wolframio reciba respaldo adicional, el escenario optimista seguirá en pie, aun cuando el reciente tropiezo del precio demuestra que la escalada no avanza en línea recta. Si, por el contrario, la liquidez en las plazas restantes se deteriora o los bandazos diarios continúan sin desencadenante visible, habrá que prepararse para más semanas de volatilidad sin rumbo claro.

La próxima prueba de fuego consistirá en comprobar si otras casas de análisis secundan la valoración de Jefferies y si la actividad de negociación en los mercados que quedan recupera la normalidad. Hasta entonces, Almonty seguirá siendo un valor reservado a perfiles con alta tolerancia al riesgo. Quien quiera entenderlo de verdad tendrá que mirar las dos caras a la vez: la facturación multiplicada y los bandazos del precio, las exclusiones bursátiles y las compras institucionales. La cuestión de fondo no es si la empresa crece, sino si el mercado confía en ese crecimiento con más rapidez de la que tarda en ponerlo en duda.

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Javier Martínez González

Sobre el autor

Javier Martínez González

Ingeniero de software convertido en escritor tecnológico. Analiza las últimas tendencias en hardware, software empresarial y computación en la nube.

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