La cita está marcada en rojo en el calendario de los inversores tecnológicos. El consejero delegado de Nvidia, Jensen Huang, sube este jueves al escenario de la Goldman Sachs Communacopia + Technology Conference con la presión de disipar dudas crecientes sobre el modelo de negocio, pero también con un respaldo contable que no admite discusión: los compromisos con proveedores se han disparado hasta los 279.000 millones de dólares, frente a los 119.000 millones anteriores, según detalló la propia compañía al presentar sus resultados trimestrales.

Esa cifra, revelada por la directora financiera Colette Kress, no es un detalle menor. Refleja una apuesta decidida por asegurar capacidad de producción —especialmente en memoria— para los próximos trimestres, en un momento en que la demanda de sus procesadores no da señales de fatiga. El alquiler por hora de los chips H100, la generación anterior, ha subido un 22% hasta los 3,28 dólares, un síntoma de que incluso la tecnología más veterana sigue escaseando. Y por si quedara alguna duda sobre el pulso del mercado, la compañía ya ha anunciado incrementos de precios superiores al 15% para sus chips a partir de principios de 2026.
Una montaña rusa de cifras que no termina de convencer al mercado
Los números del segundo trimestre del ejercicio fiscal 2027 invitan al optimismo: ingresos de 96.000 millones de dólares, un 105% más que el año anterior, y una previsión de crecimiento del 70% para el ejercicio 2028, la primera guía concreta que la empresa se atreve a publicar. La plataforma Rubin, cuya producción ya ha comenzado, debería aportar alrededor de una quinta parte de los ingresos del segmento de centros de datos en el tercer trimestre.
Sin embargo, la reacción bursátil ha sido tibia. Las acciones cerraron el martes con una caída del 2,5%, hasta los 193,90 euros, un movimiento que algunos atribuyen al efecto ex-dividendo que se materializará el 10 de septiembre —la compañía repartirá 0,25 dólares por título el 1 de octubre—, pero que también refleja cierta cautela. El papel cotiza un 4,2% por debajo de su máximo de 52 semanas de 202,50 euros, alcanzado en mayo, y aunque acumula una subida del 21% en lo que va de año y del 33% en doce meses, no termina de despegar hacia nuevos máximos. El soporte del medio plazo, no obstante, se mantiene intacto: el precio sigue claramente por encima de su media móvil de 200 días, situada en 169,79 euros.
La voz de los críticos se hace oír
No todo son parabienes en el universo Nvidia. El inversor Jim Chanos ha puesto el dedo en la llaga al cuestionar si los períodos de amortización de seis años que aplican los operadores de centros de datos a estos equipos son realistas. Su argumento: chips más antiguos como el A100 podrían depreciarse mucho más rápido de lo calculado, lo que dejaría a los clientes con activos sobrevalorados en sus balances. Michael Burry, otro conocido escéptico, va más allá y ve en el programa de crédito que Nvidia ha puesto en marcha junto a Blackstone, BlackRock y Goldman Sachs —para que los compradores puedan financiar sus adquisiciones de chips— la prueba de que las amortizaciones en todo el sector están mal calculadas. Huang, por su parte, defiende que los procesadores son activos que pueden servir como garantía crediticia por sí mismos.
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El movimiento de los insiders añade más leña al debate. Según una comunicación remitida a la SEC, el consejero Mark Stevens vendió el 3 de septiembre algo más de un millón de acciones por un valor aproximado de 235,6 millones de dólares. Tras la operación, conserva unas 28,9 millones de títulos. Mientras tanto, el comportamiento de los grandes inversores institucionales dibuja un panorama contradictorio: CV Advisors incrementó su participación casi un 30% en el segundo trimestre, y tanto State Street como Geode Capital también sumaron posiciones. Entre los gestores de renombre, David Tepper habría comprado, Dan Loeb habría liquidado por completo su participación y George Soros habría tomado posiciones bajistas.
Una compra que redefine el ecosistema
En paralelo a esta danza de cifras y opiniones, Nvidia ha movido ficha en el tablero estratégico con una operación de calado: la adquisición de Hugging Face, la plataforma especializada en modelos de inteligencia artificial, por unos 12.930 millones de dólares. El cierre de la operación, previsto para la primera mitad de 2027, está sujeto a la aprobación regulatoria y reforzaría sustancialmente la posición de la compañía en el ecosistema de software y modelos de IA.
No es la única inversión relevante. A principios de septiembre, Nvidia anunció una inyección de 3.500 millones de dólares en MediaTek, que adoptará la plataforma NVFusion para llevar capacidad de cómputo desde el borde de la red hasta la nube. Y según Reuters, Lenovo y Acer lanzarán en octubre los primeros PC con el chip RTX-Spark, un paso más hacia el procesamiento local de IA en dispositivos finales.
La gran pregunta para la conferencia
Con tres grandes clientes concentrando el 44% de los ingresos, la dependencia sigue siendo una preocupación estructural. Aun así, el consenso de los analistas se mantiene mayoritariamente alcista, con un precio objetivo medio de unos 325 dólares. Cantor Fitzgerald considera que Nvidia es la acción de computación "más barata" del mercado y fija su objetivo en 350 dólares, mientras que Hash Kumar, de BMO, mantiene su recomendación de compra con un precio objetivo de 340 dólares, lo que implica un potencial de revalorización superior al 50%, apoyado en la persistente escasez de memoria y capacidad de fundición.
La intervención de Huang en Goldman Sachs llega, además, en un momento delicado en lo geopolítico: sigue sin estar claro cuándo podrá Nvidia reanudar las exportaciones regulares a China, un asunto que los analistas llevan meses siguiendo con lupa. Entre la promesa de crecimiento, las dudas sobre las amortizaciones y el ruido de las operaciones corporativas, el consejero delegado tiene ante sí la tarea de convencer a un mercado que, por ahora, prefiere esperar a ver cómo se materializa todo este arsenal de compromisos y adquisiciones.
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