El gigante chino del vehículo eléctrico ha convertido la internacionalización en su principal tabla de salvación. Con el mercado doméstico encogiendo a marchas forzadas, BYD ha elevado sus ambiciones fuera de China hasta niveles que hace apenas unos meses parecían inalcanzables: para 2026 prevé entregar entre 1,9 y 2 millones de vehículos en el extranjero, frente a los 1,5 millones estimados anteriormente, y para 2027 el objetivo ya supera los 2,5 millones de unidades.

Las cifras de agosto dan consistencia a semejante optimismo. La compañía entregó 440.293 vehículos en todo el mundo, un 17,8% más que en el mismo mes del año anterior, pero lo realmente llamativo es el comportamiento del negocio exterior: las exportaciones se dispararon un 134,5% hasta las 189.466 unidades, encadenando cuatro meses consecutivos de crecimiento acelerado. Ese dinamismo compensa con creces la debilidad que se respira en el mercado chino, donde el conjunto de turismos se desplomó un 23,6% en agosto hasta 1,541 millones de unidades, con los eléctricos puros resistiendo apenas con un avance del 0,8%.
La rentabilidad doméstica, bajo mínimos
El deterioro del mercado nacional no es un fenómeno coyuntural. Entre enero y julio, la rentabilidad media del sector automovilístico chino se hundió hasta el 3,6%, muy por debajo del promedio histórico del 6,5%. En ese escenario de guerra de precios y márgenes comprimidos, BYD mantiene el trono de los vehículos de nueva energía con 233.943 unidades vendidas en agosto, superando con claridad a Geely (110.560) y dejando a Tesla en sexta posición con apenas unos 50.000 vehículos.
La respuesta de la compañía presidida por Wang Chuanfu pasa por replicar fuera de China el modelo que le ha funcionado en casa. La producción local se ha convertido en el escudo perfecto contra las barreras arancelarias: la planta de Indonesia, inaugurada este mes en Subang (Java Occidental), cuenta con capacidad para 150.000 vehículos anuales y emplea ya a 5.000 trabajadores, cifra que podría cuadruplicarse cuando opere a pleno rendimiento. Allí se ensamblan los modelos Atto 1, M6, M6 DM y Denza D9, y la compañía acaba de celebrar la entrega de su vehículo número 100.000 en el país.
En Brasil, la capacidad podría escalar hasta las 300.000 unidades anuales, mientras que la factoría húngara tiene previsto iniciar el ensamblaje en noviembre o diciembre. La lógica económica detrás de esta estrategia es aplastante: producir dentro de la Unión Europea evita aranceles del 27%, y hacerlo en Brasil esquiva el 34%, lo que se traduce en un ahorro cercano a los 6.000 dólares por vehículo, según cálculos de la propia empresa.
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La apuesta por la infraestructura de carga
Paralelamente, BYD ha desvelado un ambicioso plan para construir 90.000 estaciones de carga ultrarrápida hasta 2028, de las cuales 6.000 se ubicarán fuera de China. El despliegue sigue un calendario preciso: 20.000 estaciones deberían estar operativas a finales de este año, 30.000 adicionales en 2025 y las 40.000 restantes en 2028.
Los resultados de esta ofensiva comercial ya se dejan notar en mercados concretos. En Australia, los vehículos eléctricos de batería superaron por primera vez a los de combustión en agosto, con BYD ocupando el segundo puesto entre los fabricantes por detrás de Tesla. En el Reino Unido, la compañía ha lanzado lo que describe como la mayor campaña promocional de su historia, con descuentos de hasta 2.500 libras en híbridos enchufables y eléctricos seleccionados hasta el 21 de septiembre.
La Bolsa, ajena al dinamismo operativo
Sin embargo, todo este despliegue no termina de convencer a los inversores. La acción cerró en 9,20 euros tras ceder un 2,1% en la sesión, y en el último mes acumula una caída del 9,7%. Desde enero, el retroceso alcanza el 14%, y frente al máximo de 52 semanas de 12,49 euros —tocado a principios de octubre del año pasado— el título se sitúa un 26% por debajo. En términos interanuales, el descenso se amplía hasta el 21%.
Los indicadores técnicos dibujan un panorama complicado: el RSI se encuentra en 34,9, en zona de sobreventa, y el precio se mantiene claramente por debajo de la media móvil de 200 sesiones, situada en 10,39 euros. El mercado parece estar penalizando más la erosión de márgenes en China y la contracción del mercado doméstico que celebrando la expansión internacional.
A los riesgos regulatorios se suma ahora un nuevo frente: las autoridades chinas han endurecido las directrices para la expansión exterior de los fabricantes nacionales, en un movimiento que algunos analistas interpretan como una respuesta directa a la velocidad de crucero que ha alcanzado BYD. Y en el plano geopolítico, Washington ha arremetido contra los lazos comerciales entre los fabricantes occidentales y las empresas chinas, presionando a través del G7 para articular una respuesta coordinada al superávit comercial del gigante asiático.
En el frente tecnológico, la filial BYD Semiconductor ha iniciado la producción en serie de un nuevo chip de radar de ondas milimétricas 4D para funciones de conducción parcialmente autónoma, mientras que en China ya se comercializa el renovado Sealion 08. La gran incógnita sigue siendo si el mercado terminará reconociendo el valor de la expansión exterior o si, por el contrario, el lastre del mercado doméstico y las incertidumbres regulatorias seguirán pesando más en la cotización. La respuesta llegará cuando las plantas de Hungría y Brasil empiecen a aportar volumen real de producción.
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