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Acciones

Nvidia: la factura energética se convierte en el nuevo campo de batalla del crecimiento

Jensen Huang eligió Escocia para lanzar su órdago: Nvidia prevé duplicar en 2027 el número de chips vendidos respecto a 2026. La reacción del mercado fue inmediata, con un alza del 2,5% en Wall Street hasta los 219,34 dólares, mientras que en el parqué alemán el valor se movía en torno a los 191,52 euros, apenas un 2,9% por encima de su media de 50 sesiones (186,05 euros) y todavía un 5,4% por debajo del máximo de 52 semanas de 202,50 euros alcanzado en mayo. El anuncio, sin embargo, esconde una paradoja que empieza a inquietar a los inversores: de poco sirve multiplicar la producción de silicio si no hay enchufe donde conectarlo.

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Índice de Contenidos
  1. La alianza que quiere desatascar la red eléctrica
  2. Cifras que exigen velocidad
  3. La letra pequeña del crecimiento
  4. El viento de cola de los hiperescaladores
  5. Riesgos que no desaparecen
  6. El veredicto del mercado

La alianza que quiere desatascar la red eléctrica

Para atajar ese cuello de botella, Nvidia ha unido fuerzas con Google y la startup Emerald AI en la recién creada AI Energy Management Alliance, a la que también se han sumado gigantes energéticos como Constellation y National Grid, además de Anthropic y Analog Devices. El objetivo es que los centros de datos modulen su consumo eléctrico en función de la carga de la red, desplazando las tareas de cómputo no críticas hacia las horas valle. Varun Sivaram, responsable de Emerald AI, pone cifras a la anomalía: en Estados Unidos los centros de datos llegan a esperar una década completa para obtener conexión, pese a que las redes existentes operan de media a la mitad de su capacidad. La iniciativa calcula que ese consumo flexible liberaría hasta 100 gigavatios de capacidad adicional en el sistema eléctrico estadounidense. A cambio de esos compromisos, la alianza reclama a los reguladores permisos y accesos más ágiles. Para el fabricante de chips no se trata de un gesto de sostenibilidad, sino de pura protección comercial: si las autorizaciones para conexiones convencionales se eternizan, los programas de inversión multimillonarios de los hiperescaladores podrían quedarse encallados.

Cifras que exigen velocidad

El ritmo que imprime la compañía responde a sus propias metas. Para el ejercicio fiscal que cerrará en enero de 2028, Nvidia aspira a facturar unos 673.000 millones de dólares, lo que equivale a un crecimiento cercano al 70%. La duplicación de entregas aludida por Huang se refiere expresamente a unidades y abarca arquitecturas futuras como Vera Rubin y Feynman. En bolsa, esas dimensiones se traducen en una capitalización de 4.460,06 millones de euros, una cifra impensable hace apenas unos años. La jornada bursátil reflejó cautela: el título rondó los 191,34 euros, prácticamente plano, aunque a un 5,5% de su récord histórico.

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La letra pequeña del crecimiento

Detrás del titular de la duplicación acecha una brecha que los analistas vigilan con lupa: la distancia entre demanda y capacidad de entrega. La propia Nvidia cifró en torno al 70% el crecimiento de ingresos hasta enero de 2028, 26 puntos porcentuales por encima del consenso previo a la guía, aunque esa estimación ya se ha ajustado a cerca del 63%. La explicación de que las unidades se dupliquen mientras los ingresos "solo" crezcan un 70% está en los cuellos de botella: la demanda insatisfecha se estima en unos 100.000 millones de dólares, y el encarecimiento de la memoria presiona el margen bruto, que podría caer al 71-72% en el cuarto trimestre desde el 75% del segundo. La incógnita es si Nvidia resolverá esas limitaciones de suministro más rápido de lo que el mercado de memoria las agrava.

El viento de cola de los hiperescaladores

En el lado optimista, la magnitud de las inversiones en infraestructura juega a favor. Huang calcula que hasta 2030 se destinarán entre 3 y 4 billones de dólares a infraestructura de IA en todo el mundo, mientras que el capex de los hiperescaladores para 2026 ya se estima en unos 725.000 millones de dólares, un 77% más que en 2025. La plataforma Vera Rubin, que promete hasta 3,7 veces más rendimiento que la generación anterior, añade un argumento de producto que podría sostener la demanda más allá de 2027.

Riesgos que no desaparecen

La otra cara de la apuesta es tangible. Los precios de la memoria HBM suben entre un 30% y un 50% por generación, lo que encarece la base de costes de los propios clientes de Nvidia y presiona sus márgenes. A ello se suma la incertidumbre china: el propio Huang admitió que el país asiático podría alcanzar un hito en litografía avanzada antes de 2030, lo que a largo plazo debilitaría la dependencia de la tecnología de Nvidia en Asia. Más inmediato resulta el impacto de los controles de exportación sobre el chip H20, que ya provocaron un quebranto de 2.500 millones de dólares en el primer trimestre. S&P Global Ratings advierte además de que los fabricantes de memoria y ensambladores de servidores asiáticos son mucho más vulnerables a un frenazo de la inversión en IA que las fundiciones como TSMC, una señal de que la cadena de suministro es más frágil de lo que sugieren las cotizaciones de Samsung y SK Hynix, que tras el anuncio subieron un 3,4% y un 6,4% respectivamente.

El veredicto del mercado

Mientras los hiperescaladores no recorten sus planes de inversión y Nvidia vaya despejando los cuellos de botella, el consenso de analistas mantiene un precio objetivo medio de unos 328 dólares, con un rango que va de 180 a 515 dólares entre las 61 casas consultadas. Si la espiral de precios de la memoria erosiona los márgenes más de lo previsto o gigantes como Amazon o Microsoft frenan el gasto, la historia de la duplicación quedará en pura retórica de unidades sin respaldo en resultados. La próxima prueba de fuego llega con las perspectivas del tercer trimestre, para el que Nvidia ya ha anticipado unos ingresos de 108.000 millones de dólares sin contar con los centros de datos chinos. Si esa cifra se mantiene, el mercado seguirá concediendo crédito a la promesa de Huang. La incógnita de fondo ya no está en las fábricas de Taiwán, sino en las líneas de alta tensión de Norteamérica y Europa: si la compañía logra tender el puente entre la arquitectura de sus chips y el control de la red, se asegurará la próxima ola expansiva; si fracasa, no serán los pedidos los que marquen el techo, sino las torres de alta tensión que nunca llegaron a construirse.

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Laura Fernández Silva

Sobre el autor

Laura Fernández Silva

Analista tecnológica enfocada en innovación digital, comercio electrónico y aplicaciones móviles. Colaboradora habitual en medios especializados del sector tech.

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