El gigante de los semiconductores afronta una de las semanas más densas de su historia reciente. No solo porque esta misma noche, tras el cierre de Wall Street, presentará los resultados de su segundo trimestre fiscal de 2027, sino porque lo hace en un momento en el que ha comunicado a varios de sus mayores clientes un incremento de más del 15% en el precio de sus sistemas de servidores de inteligencia artificial, según informa Reuters. La subida, motivada por el fuerte encarecimiento de los chips de memoria, afectará a las configuraciones que se entregarán a principios del próximo año, incluidas las equipadas con los procesadores Vera Rubin y Grace Blackwell.

La noticia del ajuste de precios llega en un contexto de expansión sin precedentes de la compañía hacia el negocio de infraestructura. El acuerdo con SB Energy para asegurarse terreno, energía y capacidad de edificación en el campus tecnológico PORTS-Pike de Ohio —con una inversión prevista de 1.500 millones de dólares y líneas de crédito para la primera fase— dibuja a una Nvidia que ya no se limita a vender chips, sino que participa activamente en la construcción del ecosistema que los consume. OpenAI figura como cliente de los 8 gigavatios de capacidad informática previstos, y la alianza con Apollo, BlackRock, Blackstone, Brookfield, Goldman Sachs y KKR para crear plataformas de financiación de centros de datos aspira a movilizar más de 500.000 millones de dólares de capital de terceros.
El mercado, en vilo ante la doble cita
La acción cotizaba el lunes en 178,80 euros, aproximadamente un 1,1% por debajo de su media de 50 sesiones (180,73 euros), y a un 12% de su máximo anual de 202,50 euros. Otras fuentes sitúan el último precio conocido en 181,14 euros, prácticamente en línea con esa misma media móvil, que entonces se calculaba en 180,78 euros. La diferencia es menor, pero el mensaje es idéntico: el mercado ha optado por la prudencia y aguarda acontecimientos sin decantarse ni por el optimismo ni por el pánico.
La compañía ya ha puesto cifras sobre la mesa para el trimestre en curso: ingresos de 91.000 millones de dólares, con un margen de variación del 2%, y un margen bruto no-GAAP del 75%, más o menos 50 puntos básicos. Una proyección que, de forma explícita, deja fuera los ingresos por centros de datos en China. El consenso de los analistas, por su parte, espera unas ventas de aproximadamente 92.070 millones de dólares y un beneficio ajustado por acción de 2,09 dólares, frente a los 1,05 dólares del mismo periodo del año anterior.
La comparación con el trimestre precedente explica la inquietud. Entonces, el segmento de centros de datos creció un 92% hasta los 75.200 millones de dólares, y los ingresos totales avanzaron un 85% hasta los 81.600 millones. La guía actual implica una desaceleración notable del ritmo. La pregunta que sobrevuela el parqué es si esa moderación responde a la maduración natural de un negocio de dimensiones colosales o si esconde un problema estructural que la exclusión de China solo maquilla a medias.
Precios al alza: ¿síntoma de fortaleza o factor de riesgo?
La decisión de encarecer los sistemas de servidores puede leerse en clave de poder de mercado. Nvidia, dueña de los aceleradores más codiciados del planeta, está en condiciones de trasladar a sus clientes —hiperescaladores, proveedores de nube y laboratorios de IA— el incremento del coste de la memoria sin temer por su cuota. Mientras la demanda de Vera Rubin y Grace Blackwell se mantenga intacta, la subida funciona como una demostración de fuerza.
El escenario contrario es igual de plausible. Si los clientes responden recortando presupuestos, retrasando pedidos o renegociando plazos, la misma medida que hoy se presenta como muestra de músculo se convertiría en un lastre para las generaciones de chips más rentables. La inflación de los componentes de memoria no distingue entre eslabones de la cadena: también presiona los márgenes del propio Nvidia si los fabricantes de sistemas no logran repercutirla íntegramente.
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A ello se suma un riesgo de naturaleza distinta, pero igualmente relevante. Las inversiones comprometidas —la participación en SB Energy, las líneas de crédito, el desembolso en Cloverleaf Infrastructure— convierten a Nvidia en financiador de la misma demanda que alimenta sus ventas. Si el ciclo de la IA se enfriase, la compañía quedaría expuesta por partida doble: como vendedora de hardware y como prestamista de la infraestructura que lo aloja.
El respaldo de las cifras y del sector
No todo son nubarrones. El entorno industrial acompaña: las ventas globales de semiconductores alcanzaron en el segundo trimestre de 2026 los 403.300 millones de dólares, un 35,1% más que en el trimestre anterior. Y BMO Capital inició la cobertura de Nvidia el 21 de agosto con una recomendación de "outperform" y un precio objetivo de 340 dólares, argumentando que el stack integrado de IA de la compañía le otorga una ventaja difícil de replicar.
Tampoco conviene olvidar los movimientos en el frente de producto: la producción en serie del acelerador de inferencia Groq 3 LPX, presentado como extensión de la plataforma Vera Rubin, y la alianza con SpaceXAI para el despliegue de las CPU Vera. En el terreno del consumo, la ampliación de GeForce NOW con nuevos títulos y el soporte de Firefox para el juego en la nube apuntan a una diversificación que reduce la dependencia de un único segmento.
La primera fase del proyecto de Ohio contempla 4,25 gigavatios de capacidad de computación para IA, con opción a otros 3,75 gigavatios adicionales. Nvidia calcula que cada fase puede generar entre 150.000 y 200.000 millones de dólares de ingresos. Son cifras que, de cumplirse, justificarían con creces el desembolso inicial.
Lo que decidirá la noche
La cita de esta noche —la conferencia telefónica con analistas está prevista para el 26 de agosto— servirá para despejar varias incógnitas. La primera, si la guía de ingresos y márgenes se mantiene intacta tras el anuncio de la subida de precios. La segunda, cómo está respondiendo la cartera de pedidos a ese incremento. La tercera, hasta qué punto la exclusión de China de las previsiones es una medida prudente o el reflejo de una pérdida de tracción en un mercado que fue motor de crecimiento.
La volatilidad de la acción, que ronda el 35% en términos anualizados, sugiere que el margen para sorpresas es amplio en ambas direcciones. Si Nvidia cumple o supera las expectativas y convence de que las inversiones en Ohio y SB Energy abrirán nuevas fuentes de ingresos a medio plazo, el sesgo alcista recuperará protagonismo. Si, por el contrario, el crecimiento del negocio de centros de datos decepciona o el margen se resiente, la corrección podría profundizar y la media de 50 sesiones se convertiría en el primer soporte a vigilar.
Entre tanto, la subida de precios de los servidores añade un capítulo inédito a la narrativa de Nvidia: la de una compañía que, además de marcar el ritmo tecnológico del sector, empieza a dictar sus condiciones comerciales con una contundencia que no deja indiferente a nadie.
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