La acción de Nvidia sufrió el jueves un episodio de presión vendedora junto al resto de los valores vinculados a la inteligencia artificial. El detonante no fue un deterioro de la demanda, sino la creciente inquietud de los inversores ante el coste del despliegue de infraestructura para IA y su financiación mediante deuda. A ese telón de fondo se sumó el encarecimiento del petróleo, que amplificó las ventas en el sector tecnológico.

Conviene separar ambos planos. El retroceso no constituyó una señal inequívoca de debilidad en la demanda de productos Nvidia: las dudas apuntaban también a cómo se costea la infraestructura sobre la que la compañía coloca su tecnología. Es decir, pedidos elevados y escepticismo sobre el gasto pueden coexistir sin contradicción.
Un respaldo con matices
Frente a ese clima, N. Quinn Bolton, analista de Needham, reafirmó el jueves su recomendación de compra y su precio objetivo de 300 $. No se trató de una mejora de calificación, sino de la ratificación de una tesis previa.
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En paralelo, la firma de seguridad israelí Lava informó el jueves de indicios de chips Nvidia en una red vinculada a China Telecom. Según los medios, Lava identificó 32 unidades Blackwell Ultra B300 a través de sistemas de vigilancia conectados a esa infraestructura. La propia compañía acotó el alcance de su hallazgo: detectar un chip en una red no equivale a fijar su ubicación física ni permite reconstruir la ruta por la que llegó allí. El dato acredita que el hardware es rastreable, no que exista una entrega concreta a China ni un canal de distribución determinado. Cualquier conclusión más ambiciosa excede lo que Lava constató.
Tres millones de tarjetas y una promesa que Nvidia no firma
El 20 de octubre, Reuters informó de pedidos de ByteDance, Alibaba y Tencent por más de 3 millones de tarjetas gráficas RTX PRO 5500. El valor conjunto a precio de lista superaría los 35.000 millones de dólares. Se trata de un producto distinto del chip B300 mencionado por Lava, por lo que ambas noticias no deben fundirse en una única historia de suministro.
Nvidia habría advertido a esos clientes de que no puede garantizar la entrega: la demanda supera la producción prevista. De ahí que la cifra no equivalga a ingresos declarados ni a caja futura asegurada. Es un pedido reportado y un valor de catálogo, no un anuncio oficial de la compañía. Lo determinante será cuántas unidades se envíen realmente.
Dos riesgos que no se cancelan entre sí
El inversor tiene, por tanto, dos frentes diferenciados. Uno es la desconfianza hacia la financiación del despliegue de IA; el otro, el volumen de demanda que Nvidia es capaz de atender. Los grandes pedidos conocidos descartan una debilidad generalizada de la demanda, pero no disipan las reservas sobre el endeudamiento del sector ni sustituyen a las próximas cuentas trimestrales, que serán el verdadero banco de pruebas para distinguir entre intención de compra, capacidad de entrega y negocio efectivamente contabilizado.
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