Hay un hilo conductor que une las últimas semanas de Nvidia: la compañía ya no se limita a fabricar los procesadores que alimentan la inteligencia artificial, sino que está decidiendo, proyecto a proyecto, cuánto de su propio balance está dispuesta a comprometer en la infraestructura física que sostiene ese negocio. Y esa decisión, lejos de ser monolítica, está llena de matices.

El último capítulo llegó este fin de semana. Según Reuters, Nvidia ha reducido su respaldo financiero al megaproyecto de centro de datos que OpenAI planea en Ohio: de los 250.000 millones de dólares que se barajaron inicialmente, la compañía garantizará ahora menos de 120.000 millones. El Wall Street Journal añade que ambas empresas están a punto de cerrar un acuerdo por el que Nvidia solo cubriría la primera fase de expansión de las instalaciones.
Un giro que no es retirada, sino dosificación
¿Rückzieher o madurez? La lectura más extendida entre los analistas es que Nvidia está aprendiendo a porcionar sus compromisos. No en vano, hace apenas unos días, el propio Jensen Huang anticipaba que la compañía podría respaldar hasta 125.000 millones de dólares, o una cuarta parte de los posibles acuerdos, dentro de la plataforma de financiación que presentó el pasado viernes junto a Apollo Global Management, BlackRock, Blackstone, Brookfield Asset Management, Goldman Sachs y KKR. Esa alianza pretende movilizar más de 500.000 millones de dólares en capital de terceros para infraestructura de IA.
La reducción de la garantía para OpenAI encaja en ese mismo patrón: Nvidia traslada parte del riesgo a una red de inversores institucionales en lugar de asumirlo en solitario. No es una marcha atrás, sino un ajuste fino de su nueva condición de arquitecto financiero del ecosistema, un rol que conlleva oportunidades pero también riesgos de concentración si un proyecto faraónico se retrasa o descarrila.
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Más piezas en el tablero
Mientras Ohio acapara los titulares, la compañía sigue moviendo otras fichas. El viernes se aseguró terrenos, capacidad eléctrica y edificios en el campus tecnológico PORTS-Pike, en el condado de Pike, mediante un acuerdo con SB Energy, filial de SoftBank Group. Reuters apunta además que Nvidia negocia una inversión de hasta 3.000 millones de dólares en esa empresa, en el marco del mismo proyecto vinculado a OpenAI.
Paralelamente, la compañía ha ampliado su alianza con SK Group para el desarrollo de fábricas de IA y chips de memoria de próxima generación, anunciada el 24 de julio. La Fundación Nacional de Ciencias de EE.UU. la ha incorporado a su programa de hubs regionales de IA, y con Alpamayo 2 Super ha lanzado un modelo abierto para robotaxis y conducción autónoma. Toda esta diversidad de frentes —almacenamiento, ciencia, movilidad— refuerza la idea de que Nvidia no quiere atar su destino a un único proyecto.
El mercado, impasible
La bolsa no muestra signos de inquietud por la recalibración de Ohio. El título cotiza en torno a los 195 euros, con una subida acumulada del 22% desde enero y del 10% en el último mes. Queda apenas un 3,5% para alcanzar su máximo de 52 semanas, los 202,50 euros registrados el 14 de mayo. La distancia es tan corta que difícilmente puede leerse como desconfianza.
A ese clima contribuyen también las señales de los clientes. Elon Musk confirmó a principios de agosto que SpaceX utilizará exclusivamente chips de Nvidia, un espaldarazo que el Wall Street Journal destacó como un momento de validación para la plataforma de IA de la compañía.
La cita que lo dirá todo
El verdadero examen llegará el 26 de agosto, cuando Nvidia presente los resultados de su segundo trimestre fiscal de 2027, que concluyó el 26 de julio. Será entonces cuando se vea cómo conviven en el balance el negocio tradicional de chips, las inversiones energéticas y las garantías multimillonarias. La pregunta que flota en el aire es si esta reducción de la exposición en Ohio es un caso aislado o el preludio de una etapa más cauta en la mayor carrera de infraestructura que ha conocido la industria tecnológica.
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