La cotización de Nvidia camina estos días por una cuerda floja peculiar: mientras los inversores celebran cada nuevo anuncio de alianza estratégica, en Washington una agencia gubernamental examina con lupa si los controles de exportación de semiconductores pueden esquivarse alquilando capacidad de cómputo en terceros países. Son dos relatos paralelos que convergen en una misma pregunta: ¿cuánto vale realmente la infraestructura que está construyendo el gigante de los chips?

Un ecosistema que se expande sin pausa
La semana del 25 de julio marcó un punto de inflexión. SK Group y Nvidia sellaron una alianza valorada en más de 500.000 millones de dólares, con las cartas de intención firmadas el día anterior. El acuerdo contempla que SK Telecom levante una factoría de IA Nvidia Vera Rubin DSX con una capacidad de dos gigavatios, mientras SK hynix aportará la memoria de próxima generación, incluida la HBM4. La primera de estas instalaciones tiene previsto arrancar en 2027.
Apenas 48 horas después, el 27 de julio, el fabricante anunció una inversión de 5.000 millones de dólares en Safe Superintelligence Inc., con acceso preferente a la plataforma Vera Rubin que permitiría a la startup multiplicar por diez su capacidad de cálculo. El ecosistema no se detiene ahí: a principios de agosto llegó Alpamayo 2 Super, un modelo de IA abierto para conducción autónoma y robotaxis, junto con la ampliación del Agent Toolkit con las bibliotecas PhysicsNeMo y CUDA-X.
En este contexto, las palabras de Elon Musk añaden un aval de peso. El consejero delegado de SpaceX calificó la arquitectura Vera Rubin como la mejor plataforma de computación para IA disponible y confirmó que su compañía utiliza exclusivamente tecnología de Nvidia, tanto en órbita como en tierra.
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La otra cara: ventas internas y advertencias
El contrapunto llega desde dentro. En los últimos 90 días, los directivos de Nvidia han ejecutado 13 operaciones con sus acciones, todas ellas ventas, por un total aproximado de 767,2 millones de dólares. Otras fuentes cifran el movimiento en unos 410 millones durante el último trimestre. La disparidad de cifras no cambia el fondo: los gestores están monetizando posiciones con el título cerca de máximos.
No es un comportamiento insólito, pero adquiere otra dimensión cuando se cruza con la advertencia que lanzó hace días el inversor Michael Burry, quien alertó de un posible riesgo de demanda de 250.000 millones de dólares y de una "financiación circular de proporciones bíblicas". El analista de Bernstein Stacy Rasgon admitió el 4 de agosto compartir esa preocupación sobre estructuras de financiación circulares, aunque mantiene su recomendación de compra con un precio objetivo de 315 dólares. Zacks Research elevó el título a Strong Buy el 20 de julio. En total, Nvidia acumula 36 recomendaciones de compra y un precio objetivo medio a doce meses de 304,26 dólares.
La madeja regulatoria china
Mientras tanto, según Bloomberg, una agencia estadounidense investiga cómo las empresas chinas de IA siguen accediendo a los chips de Nvidia pese a las restricciones. El método no requiere contrabando: basta con alquilar capacidad de cómputo en centros de datos ubicados en países sin limitaciones. La propia compañía reconoce en su último informe anual que, con las reglas actuales, no puede desarrollar un producto competitivo para el mercado chino que satisfaga a ambos gobiernos, lo que la ha dejado prácticamente fuera de ese mercado. En juego podrían estar hasta 5.000 millones de dólares de ingresos que una sola decisión política podría borrar.
La cita del 26 de agosto
El mercado, por ahora, prefiere mirar hacia otro lado. El viernes, la acción cerró en 193,68 euros, con una subida del 2,03% en la sesión y un avance del 11,23% en siete días. Queda aproximadamente un 4% para alcanzar el máximo de 52 semanas de 202,50 euros, registrado a mediados de mayo.
La prueba de fuego llegará el 26 de agosto a las 14:00 hora del Pacífico (23:00 hora peninsular española), cuando Nvidia presente los resultados del segundo trimestre de su ejercicio fiscal 2027, cerrado el 26 de julio. La propia compañía proyectó ingresos de unos 91.000 millones de dólares, y los analistas esperan un crecimiento interanual del 96%. La gran incógnita es si las alianzas con SK Group y SSI ya dejan huella en la cartera de pedidos o si, por el contrario, alimentan la tesis de un ciclo inversor que se retroalimenta sin generar valor real. Hasta entonces, el título seguirá siendo el termómetro de una industria que no termina de decidir si está construyendo el futuro o simplemente financiándose a sí misma.
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