Nvidia: el mercado castiga la perfección mientras la compañía redibuja el mapa de la IA
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Nvidia: el mercado castiga la perfección mientras la compañía redibuja el mapa de la IA

Hay una paradoja en la cotización de Nvidia que pocas empresas del S&P 500 pueden permitirse: batir récords de ingresos y, aún así, ver cómo la acción retrocede. El fabricante de chips presentó el 26 de agosto unas cuentas del segundo trimestre fiscal con 96.220 millones de dólares de facturación —un 106% más que el año anterior— y un beneficio por acción de 2,22 dólares, por encima de los 2,09 que esperaba el consenso. La reacción del mercado, sin embargo, fue de decepción: los títulos llegaron a ceder más de un 4,5% tras la publicación.

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La explicación no hay que buscarla en los números, sino en lo que estos representan. El mercado ya no trata a Nvidia como una simple empresa de semiconductores, sino como un termómetro macroeconómico de toda la ola inversora en inteligencia artificial. Y en ese termómetro, cualquier décima de desviación se convierte en señal de alarma.

Índice de Contenidos
  1. La guía que descolocó a los analistas
  2. El negocio que crece a triple dígito
  3. Una estrategia que desdibuja la frontera del chip
  4. Entre el escepticismo y la confianza

La guía que descolocó a los analistas

Para el tercer trimestre, la compañía dirigida por Jensen Huang proyecta unas ventas de entre 105.840 y 110.160 millones de dólares, lo que supondría un crecimiento de hasta el 93%. La cifra media, en torno a 108.000 millones, supera con claridad los 104.200 millones que manejaba el consenso. Pero fue la orientación a largo plazo la que realmente removió el avispero: la directora financiera, Colette Kress, anticipa para el ejercicio 2028 un avance cercano al 70%, cuando los analistas manejaban horquillas del 44% al 45%.

Esa brecha entre expectativas y realidad explica buena parte de la volatilidad reciente. La acción cotiza en torno a los 189 euros, un 0,8% al alza en la sesión, con una revalorización del 5,9% en la última semana y del 8,6% en el mes. Aun así, se sitúa un 6,5% por debajo del máximo de 52 semanas de 202,50 euros alcanzado a mediados de mayo. Desde el mínimo anual, el rebote acumulado supera el 35%.

El negocio que crece a triple dígito

El segmento de centros de datos, el corazón del negocio, creció un 117% hasta los 89.020 millones de dólares. Dentro de esa cifra, los clientes hiperscaler aportaron 48.710 millones, mientras que el área de nubes de IA, industria y empresa contribuyó con 40.310 millones. Son magnitudes que convierten a cualquier otro fabricante de chips en un actor secundario.

Pero donde crece la facturación, también se estrecha el margen. La brújula de la rentabilidad apunta a un descenso: del 75% actual al 71-72% en el cuarto trimestre. Los cuellos de botella en memoria y el encarecimiento de los componentes ópticos están detrás de esa compresión, un fenómeno que Nvidia intenta contrarrestar inyectando capital directamente en sus proveedores, como Lumentum o Coherent.

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Las obligaciones de suministro, por su parte, han pasado de 119.000 a 279.000 millones de dólares, la mayoría vinculadas a chips de memoria. Esa cifra, junto a la garantía de unos 105.000 millones de dólares para la primera fase del centro de datos de OpenAI en Ohio, dibuja un ecosistema financiero de dimensiones inéditas: 46.000 millones de dólares en capital propio real frente a 879.000 millones en compromisos de compra.

Una estrategia que desdibuja la frontera del chip

Mientras el mercado digiere las cuentas, Nvidia ha movido ficha en el tablero corporativo. La compañía ultima la adquisición de Hugging Face por unos 12.900 millones de dólares, una operación que DA Davidson califica como defensiva. Y ha invertido 3.500 millones de dólares en bonos convertibles de MediaTek, la mayor emisión de este tipo en la historia de Taiwán, en la que también participa Alphabet.

El movimiento con MediaTek tiene una lectura estratégica clara: el fabricante taiwanés utilizará la tecnología NVLink Fusion de Nvidia para desarrollar sus propios chips de IA, lo que aprieta el cerco sobre Broadcom y Marvell. Es una muestra más de cómo Nvidia teje una red de dependencias que atraviesa toda la cadena de valor de la inteligencia artificial.

Esa red, sin embargo, no está exenta de fricciones. Según Bloomberg, Nvidia ha advertido a sus grandes clientes de subidas de precios superiores al 15% en los servidores de chips de IA, justificadas por el exceso de demanda y las restricciones a la exportación hacia China. Una decisión que puede leerse como ejercicio de poder de mercado o como síntoma de un sistema que empieza a girar sobre sí mismo.

Entre el escepticismo y la confianza

Las posiciones encontradas no se hacen esperar. Un analista de TradingShot advierte de una posible caída hasta los 130 dólares antes de que acabe el año, basándose en una divergencia bajista en el RSI mensual desde junio de 2024. El inversor Michael Burry, famoso por su apuesta contra la burbuja inmobiliaria, también abrió posiciones cortas en agosto, aunque con un matiz curioso: compró opciones de compra con strike en 200 dólares y vendió la mitad con beneficios. Hasta los escépticos parecen dudar de su propio escepticismo.

En el lado contrario, Erste Group Bank ha elevado su estimación de beneficio por acción para el ejercicio en curso hasta los 9,00 dólares, y el precio objetivo medio de los analistas se sitúa en 322,61 dólares. La geopolítica tampoco ayuda: las tensiones entre Estados Unidos e Irán elevaron el precio del petróleo y castigaron a las bolsas asiáticas —el Kospi perdió un 3,5% y el Nikkei más de un 2%—, mientras que el tono hawkish del presidente de la Fed, Warsh, en Jackson Hole enfrió las expectativas de recortes de tipos. A eso se suman los informes de WSJ y Reuters sobre una pausa parcial en el programa de financiación de IA de Nvidia, una noticia que añade incertidumbre sobre la sostenibilidad del ciclo inversor.

La lectura más serena apunta a que Nvidia no atraviesa una crisis de crecimiento, sino una fase de consolidación en la que el mercado exige perfección absoluta. Con una cartera de pedidos que alcanza los 279.000 millones de dólares y una estrategia de expansión que combina adquisiciones, participaciones y alianzas tecnológicas, la compañía sigue construyendo la infraestructura de una era. El debate no es si esa infraestructura se levantará, sino quién pagará la factura y a qué precio.

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Laura Fernández Silva

Sobre el autor

Laura Fernández Silva

Analista tecnológica enfocada en innovación digital, comercio electrónico y aplicaciones móviles. Colaboradora habitual en medios especializados del sector tech.

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