Hay una cifra que resume mejor que cualquier otra la transformación de Nvidia: 31.000 millones de dólares. Esa es la facturación que su división de redes alcanzó en el ejercicio 2026, una cantidad que ya no admite lecturas tímidas. El fabricante de chips se ha convertido, casi sin que el mercado lo haya asimilado del todo, en el gran arquitecto de la infraestructura que sostiene la inteligencia artificial. Y lo ha hecho por partida doble: con tecnología propia que conecta sus procesadores y con un entramado financiero que financia a quienes compran su hardware.

El negocio que crece más rápido que los propios chips
La red no es un complemento. Es el pegamento que une cada GPU en la era de las "fábricas de IA". La plataforma Spectrum-X, buque insignia de esta división, genera ya ingresos anualizados superiores a los 10.000 millones de dólares. El crecimiento habla por sí solo: mientras el negocio principal de chips para centros de datos avanzó un 59% en el último ejercicio, la división de redes lo hizo un 142%. Y en el cuarto trimestre del año fiscal 2026, el impulso se disparó hasta un 263% interanual.
Esa aceleración tiene una lectura estratégica clara. En un centro de datos moderno, la conexión entre procesadores vale casi tanto como los propios procesadores. Tecnologías como NVLink se han vuelto imprescindibles para el cómputo a escala de rack, y quien domina ese entramado controla el sistema completo. Nvidia ya no vende componentes sueltos: vende una plataforma integral que incluye CPUs propias, sistemas de refrigeración líquida y, ahora, la red que lo une todo.
Medio billón con el sello de Wall Street
El lunes, la compañía anunció alianzas estratégicas con seis de los mayores gestores de activos del planeta —Apollo Global Management, Blackstone, BlackRock, Brookfield Asset Management, Goldman Sachs y KKR— para movilizar 500.000 millones de dólares destinados a expandir infraestructura de IA. El propio Jensen Huang reveló a Bloomberg que contactó deliberadamente solo a esas seis firmas y que ninguna rechazó la invitación. Un detalle que dice más que cualquier presentación corporativa.
No faltan las voces críticas. Algunos analistas advierten de un esquema de financiación circular: Nvidia dotaría de capital a sus propios clientes para que estos, a su vez, compren más chips. La objeción tiene fundamento, pero admite matices. Cuando los mayores administradores de patrimonio del mundo comprometen recursos de esa magnitud, lo que están validando es la demanda estructural de IA, al margen de quién firme el cheque final.
En la misma línea se inscribe la inversión de 5.000 millones de dólares anunciada el 27 de julio en Safe Superintelligence Inc., la empresa de Ilya Sutskever. A cambio, el laboratorio tendrá acceso a la futura plataforma Vera Rubin. La operación refuerza una estrategia recurrente: dirigir capital hacia donde pueda germinar nueva demanda de hardware propio.
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Una hoja de ruta de un billón
La demanda de cómputo sigue siendo el cimiento de todo. La arquitectura Blackwell continúa como caballo de batalla, pero la próxima generación, Vera Rubin, ya asoma en el horizonte. En el evento GTC de marzo de 2026, Huang deslizó una cifra que invita a la reflexión: la compañía espera acumular pedidos combinados de al menos un billón de dólares para las plataformas Blackwell y Rubin de aquí a 2027.
El auge de la "IA soberana" —con Estados y bloques regionales construyendo infraestructuras independientes— añade otra capa al relato. Nvidia transita de proveedor de componentes a arrendador de infraestructura completa, un giro que refuerza su posición frente a competidores que intentan arañar cuota en un mercado cada vez más integrado.
El mercado, entre la consolidación y la expectativa
La acción cerró el martes en 188,38 euros en su negociación europea, prácticamente plana frente a la sesión anterior. El título se sitúa alrededor de un 7% por debajo de su máximo de 52 semanas de 202,50 euros, alcanzado en mayo, aunque muy por encima del mínimo de septiembre de 2025. En lo que va de año acumula una revalorización del 17,57%, y del 20,10% en términos interanuales. Los analistas fijan un precio objetivo medio de 262,37 euros, lo que implica un potencial de aproximadamente el 39% desde los niveles actuales.
Esa brecha entre cotización y objetivo plantea un interrogante legítimo: ¿está el mercado valorando ya la división de redes como un motor independiente o sigue contemplando a Nvidia como un mero fabricante de chips? Las tasas de crecimiento del negocio de conectividad sugieren que podría estar emergiendo un segundo vector de valor aún por descontar.
La prueba de fuego llegará el 26 de agosto, cuando la compañía presente los resultados del segundo trimestre de su ejercicio fiscal 2027, periodo que concluyó el 26 de julio. Será entonces cuando se compruebe si las alianzas multimillonarias y las inversiones estratégicas han empezado a traducirse en cifras operativas o si, por ahora, son solo promesas sobre el papel.
Mientras tanto, el consenso mayoritario respira confianza. Un grupo capaz de atraer en pocas semanas a los mayores fondos del mundo y a uno de los investigadores de IA más respetados demuestra un poder de convocatoria que trasciende la mera venta de semiconductores. Los riesgos de la financiación circular existen y merecen vigilancia, pero mientras la demanda de cómputo no flaquee, Nvidia parece destinada a seguir siendo el nodo central de la economía de la inteligencia artificial.
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