La acción de Nvidia cotiza estos días a un paso de su techo anual, y el motor que la empuja ya no es solo la demanda de chips. Lo que verdaderamente mueve la aguja es la disposición de sus grandes clientes a endeudarse para comprarlos. En el mercado alemán, el título se sitúa en 213,50 euros, con un avance intradía del 0,5% que lo deja a apenas un 1,2% de su máximo de 52 semanas. En el premercado, la referencia es de 213,70 euros, a un suspiro de los 216,10 euros que marcan ese récord.

Ese impulso tiene dos patas bien diferenciadas. La primera es corporativa: el consejo de administración autorizó a finales de septiembre una ampliación del programa de recompra de acciones por 150.000 millones de dólares, lo que eleva el volumen disponible hasta 235.000 millones hasta el ejercicio 2028. La segunda es externa y mucho más llamativa: según informaciones recogidas por el Financial Times y difundidas por Reuters, SpaceX negocia una financiación de 40.000 millones de dólares destinada íntegramente a la adquisición de procesadores de Nvidia. La estructura combinaría 10.000 millones en créditos bancarios y 30.000 millones en bonos con grado de inversión, con Apollo Global Management al frente del diseño de la operación.
Que un cliente tenga que acudir a los mercados de deuda con cifras de once dígitos para equipar sus centros de datos dice mucho del lugar que ocupa el fabricante en la cadena de valor. Pero también introduce una variable nueva en la ecuación: la salud de Nvidia queda atada, en parte, a la profundidad y el precio del crédito global.
El megavatio como nuevo cuello de botella
Frente a la narrativa dominante de los últimos trimestres, centrada en el volumen de pedidos, Morgan Stanley introdujo esta semana un matiz relevante. La firma considera que Nvidia está relativamente bien pertrechada frente a las limitaciones de suministro eléctrico que amenazan a los operadores de centros de datos, y descarta que esos cuellos de botella pongan en riesgo sus previsiones para 2027.
No obstante, el análisis desplaza el foco hacia una pregunta incómoda: ¿a qué velocidad pueden los operadores conseguir nuevos puntos de conexión a la red? Sin líneas fiables ni subestaciones, las tarjetas aceleradoras más avanzadas no pueden entrar en servicio. En amplias zonas de Estados Unidos, los plazos de entrega de transformadores especializados se cuentan por años, y la tramitación de permisos para líneas de alta tensión avanza con lentitud. Si esos retrasos se extienden, los clientes podrían posponer entregas y Nvidia registraría ingresos más tarde de lo previsto. La disponibilidad de megavatios se convierte así en el verdadero compás que marcará la materialización de los ingresos futuros.
Cifras que sostienen el relato alcista
Los números que maneja la compañía invitan al optimismo. En el segundo trimestre del ejercicio 2027, Nvidia facturó 96.200 millones de dólares, y la dirección ha anticipado unos ingresos de aproximadamente 108.000 millones para el tercer trimestre de ese mismo ejercicio. Para el conjunto del ejercicio 2028, la previsión pasa por un crecimiento de las ventas cercano al 70%. La demanda de sistemas como los GB200 y GB300 no muestra signos de agotamiento.
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A ese cuadro se suman las valoraciones de las casas de análisis. BNP Paribas elevó recientemente su precio objetivo hasta los 345 dólares, con una estimación de márgenes brutos ajustados por encima del 70% y una cuota de mercado superior al 75% en el segmento del cómputo para inteligencia artificial. Cantor Fitzgerald, por su parte, reafirmó su objetivo de 350 dólares. Morgan Stanley mantiene el valor como su apuesta preferida dentro del sector de semiconductores y subraya que la próxima arquitectura Rubin elevará de forma drástica la eficiencia en el procesamiento de modelos de agentes complejos.
Con las estimaciones de beneficio para el ejercicio 2028 sobre la mesa, el múltiplo al que cotiza la acción ronda quince veces. Si la compañía logra ese salto en las ganancias manteniendo los márgenes, el programa de recompra de 150.000 millones actúa como un potente amplificador del beneficio por acción.
La letra pequeña: plazos de amortización y competencia interna
El escenario optimista convive con riesgos concretos. El primero afecta a la amortización de los centros de datos. Gigantes como Alphabet, Meta y Amazon ya han extendido la vida útil contable de sus servidores hasta los cinco o seis años, mientras algunos observadores del sector advierten de la obsolescencia prematura de las generaciones de procesadores más antiguas. Si las ganancias de productividad asociadas a la inteligencia artificial decepcionan, los proyectos de infraestructura financiados con deuda podrían frenarse en seco.
A ello se suma la presión de las alternativas de hardware. AMD empuja sus propias líneas de producto y los hiperescaladores como Google y Amazon redoblan la apuesta por diseños propios para reducir su dependencia del poder de fijación de precios de Nvidia. Si los precios de venta dejan de imponerse al ritmo actual, los márgenes quedarán expuestos. El encarecimiento de la financiación ajena —con rendimientos de los bonos estadounidenses a diez años por encima del 5%— añade un coste adicional a los grandes proyectos de los clientes.
Hay además una magnitud contable que conviene vigilar: la correlación entre el beneficio neto declarado y la entrada efectiva de caja. El comportamiento de la deuda pendiente de cobro se ha convertido en un termómetro clave para medir la calidad operativa del crecimiento, y el periodo que transcurre hasta el pago real del hardware entregado será determinante para despejar dudas.
Las cuentas de los hiperescaladores, próxima cita ineludible
El devenir del valor depende de un equilibrio frágil. Mientras grandes operaciones como la financiación de 40.000 millones de SpaceX se coloquen sin sobresaltos en el mercado de bonos y el margen operativo de Nvidia se mantenga por encima del 70%, la tendencia alcista tiene recorrido. En ese contexto, las recompras masivas de acciones actúan como red de seguridad y allanan el camino hacia una revalorización.
Si, por el contrario, la disposición de pago de los grandes clientes se resquebraja o los ciclos de amortización de los servidores quedan bajo un escrutinio contable más severo, las primas de valoración podrían corregir con brusquedad. Los próximos resultados trimestrales de Microsoft, Alphabet, Amazon y Meta se erigen como el catalizador decisivo: sus presupuestos reales de inversión para el próximo ejercicio determinarán si la cotización récord de Nvidia encuentra respaldo en flujos de caja tangibles.
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