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Nvidia: el brindis en la Casa Blanca que vale 30.000 millones y la reserva que el mercado aún no descuenta

Cuando dos superpotencias se sientan a la mesa, los platos fuertes rara vez son los que sirve el chef. La presencia de Jensen Huang en la cena de Estado que Donald Trump ofrece este jueves a Xi Jinping en Washington trasciende lo protocolario: es la constatación de que el fabricante de chips se ha convertido en un actor de peso en el tablero geopolítico, capaz de negociar de facto las reglas del juego de la próxima década tecnológica.

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Índice de Contenidos
  1. Un pronóstico récord construido sobre un vacío deliberado
  2. El ruido de las ventas internas y las coberturas
  3. Competencia: madurez del mercado, no amenaza existencial
  4. La fuerza de quien no teme las reglas

Un pronóstico récord construido sobre un vacío deliberado

Hay un dato que resume la paradoja actual del grupo. Para el tercer trimestre de su ejercicio fiscal 2027, la compañía proyecta una facturación de 108.000 millones de dólares. La letra pequeña de esa cifra es lo verdaderamente llamativo: el equipo directivo asume cero ingresos procedentes del negocio de centros de datos en China. El gigante de Santa Clara prefiere apartar de sus cuentas al que fuera su segundo mercado mundial antes que asumir riesgos regulatorios.

Esa decisión convierte a China en una opción al alza pura, no en un cimiento imprescindible. El analista de KeyBanc John Vinh calcula que la demanda potencial procedente del país asiático ronda los 1,5 millones de unidades H200 anuales, equivalentes a un mercado de aproximadamente 30.000 millones de dólares. Con Washington y Pekín negociando una prórroga de su tregua comercial hasta el 10 de enero y con permisos ya concedidos para contingentes destinados a firmas como ByteDance o Tencent, la puerta parece entreabrirse de forma gradual.

La magnitud del negocio que sostiene ese pronóstico sin ayuda china resulta difícil de exagerar. En el segundo trimestre, la división de centros de datos creció un 117% hasta los 89.020 millones de dólares. Y la demanda de hiperescaladores y desarrolladores de inteligencia artificial sigue superando con holgura la oferta: según la propia empresa, solo podrá atender alrededor del 70% de los pedidos hasta el ejercicio 2028.

El ruido de las ventas internas y las coberturas

En el parqué, el relato es menos épico. La acción cerró el miércoles en 198,10 euros con un descenso diario del 0,9%, y este jueves cotiza en 195,70 euros, cediendo un 1,2%. El acumulado anual sigue siendo notable, con una revalorización del 24%, y la distancia al máximo de 52 semanas se limita al 3,4%, señal de que la valoración aguanta el tipo pese al colosal recorrido de los últimos años.

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Quienes buscan motivos para recoger beneficios los encuentran en las operaciones de los directivos. La consejera delegada financiera Colette Kress y el director jurídico Timothy Teter vendieron recientemente títulos por un valor de un solo dígito de millones, mientras que el consejero Mark Stevens se desprendió de cerca de 1,366 millones de acciones por unos 300 millones de dólares. Son transacciones canalizadas mediante planes preestablecidos conforme a la regla 10b5-1 y representan fracciones mínimas de sus participaciones totales, por lo que interpretarlas como un síntoma de debilidad operativa resulta, cuanto menos, precipitado.

A ese ruido se suma el repunte de las coberturas sobre la deuda de la compañía en el mercado de seguros de impago. El fenómeno responde más al tamaño descomunal del emisor y a su papel sistémico en el sector tecnológico que a un deterioro de su perfil crediticio: cuando una cartera institucional quiere protegerse del riesgo de concentración de todo un sector, recurre al instrumento más líquido disponible, y ese es Nvidia.

Competencia: madurez del mercado, no amenaza existencial

Tampoco faltan voces que advierten sobre el avance de alternativas. Los informes sobre la capacidad de inferencia del Mac Studio de Apple o los chips TPU de Google, que rivales como Anthropic alquilan, han alimentado la tesis de que parte del crecimiento podría desviarse hacia el cómputo en el propio dispositivo. Goldman Sachs ya apuntó que, en un escenario de migración de las cargas de IA hacia los terminales, la cuota de expansión del fabricante podría quedarse por debajo de algunas expectativas.

La lectura más razonable, sin embargo, es la de un mercado que madura. La irrupción de procesadores de aplicación específica constituye un proceso natural de especialización y no socava el dominio del grupo en entrenamiento e infraestructura de alta complejidad. La mejor prueba está en los benchmarks: las últimas pruebas de MLPerf para la próxima generación Vera Rubin, sobre modelos como Qwen3-VL, arrojaron rendimientos hasta 3,7 veces superiores a los de la arquitectura vigente. Ese diferencial tecnológico, unido a un ecosistema de software profundamente arraigado, levanta barreras de entrada que los competidores difícilmente franquearán a corto plazo.

La fuerza de quien no teme las reglas

Hay un detalle que pasa desapercibido y que dice mucho del momento que atraviesa la compañía: su máximo responsable reclama reglas claras y apela a la autorresponsabilidad del sector. Quien adopta ese tono no teme el escrutinio regulatorio; negocia desde una posición de fortaleza incontestable.

Al final, el desenlace de la cumbre entre Trump y Xi importa menos de lo que parece. Si Huang y los negociadores estadounidenses logran fijar un marco exportador fiable para los chips de gama alta, el grupo se sentará sobre una bolsa de demanda que los modelos de valoración actuales todavía no recogen. Y si no lo consiguen, la empresa ya ha demostrado que puede sostener cifras de récord con el mercado chino en el congelador. Los bandazos diplomáticos dejaron de marcar su destino hace tiempo.

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Miguel Ángel Torres Díaz

Sobre el autor

Miguel Ángel Torres Díaz

Periodista de tecnología especializado en videojuegos, realidad virtual y tendencias de consumo digital. Más de 10 años cubriendo la industria tecnológica española.

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